Sermones que Iluminan

Domingo de la Trinidad (A) – 31 de mayo de 2026

May 31, 2026

LCR: Génesis 1:1–2:4ª; Salmo 8 o Cántico 6; 2 Corintios 13:11–13; San Mateo 28:16–20

El amor de Dios es incondicional, abundante e infinito y la naturaleza de Dios es un concepto complejo y multifacético.

Nuestra relación con Dios está asociada con la búsqueda de un poder superior a través de la oración, meditación, adoración dominical en la iglesia o la adopción de prácticas devocionales. Sin embargo, la lectura de Génesis de hoy nos recuerda que no se trata de nuestra búsqueda de Dios, sino que Dios nos buscó a nosotros primero. Él dijo: Hagamos a la humanidad, no al revés -con la palabra humanidad no indicamos números o género-. El plural “hagamos”, afirmado por Dios en ese momento, ha sido interpretado de dos maneras diferentes: como la cohabitación de varias personas, es decir que Dios no estaba solo, por tanto, no nos creó por soledad o aburrimiento, sino por amor; segundo, fue interpretado por los primeros cristianos como la Santísima Trinidad. 

La humanidad es creada a imagen y semejanza de Dios y esto posibilita la relación entre ambos. La humanidad adopta el rol de agente de Dios en la tierra, participando de una manera concreta en el inmenso amor incondicional y puro que sólo viene de Dios. El amor incondicional de Dios se manifiesta en su compasión y misericordia, y es el principio rector de quienes hemos adoptado la fe, y de cómo debemos tratarnos mutualmente y también a la creación. Este amor incondicional es el amor ágape, es decir, la entrega de nuestro ser totalmente, sin condiciones ni precio. ¡Dios nos hizo, nos ama eterna e incondicionalmente porque somos el objeto de su amor y atención!

En la iglesia Episcopal afirmamos la doctrina tradicional de la Santísima Trinidad: Un solo Dios en tres personas: Padre/Madre, Hijo y Espíritu Santo. Esta doctrina es fundamental en nuestra fe cristiana y ha sido afirmada una y otra vez por la Iglesia a lo largo de su historia. La Santísima Trinidad es también un misterio. Escuchamos a Jesús decir, en el Evangelio de hoy, “hagan discípulos en todas las naciones, bauticen en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñen a obedecer todo lo que les he mandado”. El Espíritu Santo es la presencia de Dios en el mundo y en el corazón de quienes seguimos a Jesús. El Espíritu Santo tiene un nombre, Santa Sofía o Santa Sabiduría. El Espíritu Santo representa el lado femenino que da vida a todas las relaciones, consuela, aboga y proclama la justicia y amor. El Espíritu Santo toma la “otredad” que nos divide por demasiadas razones y nos une en el espíritu del amor.

La Santísima Trinidad es un Dios relacional que provoca una relación amorosa con las otras dos personas de la Trinidad. Este aspecto relacional de su naturaleza nos ofrece un modelo acerca de cómo Dios nos ha llamado a vivir en comunidad a pesar de nuestras diferencias. Todas las personas fueron creadas a su imagen, por eso todas las personas merecemos amor y respeto, independientemente de nuestras características particulares. Las tres personas de la Santísima Trinidad están en una relación amorosa entre sí y cada una tiene su función e identidad. Esta diversidad refleja también la diversidad dentro de la familia humana. 

Dios nos encuentra y nos revela su abundancia, y continúa mostrándonos cómo nos ama, nos conoce y nos reclama como sus criaturas amadas. Es una experiencia profundamente personal. Cuando decimos Dios nos encuentra queremos decir, en particular, que nos ha encontrado desde el principio de los tiempos, porque nos ha creado y se revela a su pueblo de maneras especiales y únicas. Cuando Dios sale a nuestro encuentro, experimentamos transformación, y cuando su amor nos toca comprendemos cuál es nuestro destino. Cuando abrazamos ese encuentro y transformación, comenzamos a vernos como Dios nos ve: sus amadas criaturas, herederas de sus promesas.

Dios nos conoce y ama con equidad, a pesar de nuestras diferencias de género, etnia, estatus social, civil o de ciudadanía; nos ama a todos, jóvenes y viejos, capacitados y discapacitados, con estudios superiores o viviendo en el analfabetismo, en la adicción, en la sobriedad o en recuperación. Dios nos conoce y nos ama infinitamente. Cuando abrazamos este sentido de pertenencia a Él, nos movemos, pensamos y actuamos en este mundo de manera diferente, porque llevamos esta tremenda responsabilidad de ser la mano, los pies, los brazos y el corazón de Dios en el mundo. Vivimos en la certeza que nace de su amor y así accedemos a la conciencia y experiencia de la vida en abundancia.

Dios nos encuentra en circunstancias y lugares especiales; nuestras historias de encuentro con Él son experiencias únicas. Dios se ha encontrado en tiempos turbulentos, en momentos de pérdida, durante enfermedades que amenazan la vida misma, en el sufrimiento, en circunstancias desafiantes o momentos de inmensa alegría. Estos encuentros nos revelan la maravilla del amor que nos da. Dios nos encuentra y se nos revela a sí mismo en abundancia; continúa mostrándonos cómo nos ama, nos encuentra, nos conoce y nos reclama como sus amadas criaturas. 

Cada una de nuestras historias personales cuentan cómo Dios nos encontró y sigue saliendo a nuestro encuentro, día tras día. Estos encuentros marcan nuestro caminar como personas de fe. Y, a pesar de las heridas traumáticas que cargamos y que necesitamos sanar, de toda la opresión que debemos superar, de todo el odio con el cual muchas veces nos tratan, a pesar de todo, gracias a la Trinidad le decimos “sí” al amor de Dios, que crea, redime y nutre.

La Reverenda Anahí Galante es Sacerdote en la Diócesis Episcopal de Nueva York. Desde su ordenación al sacerdocio, ha servido como Sacerdote-A-Cargo, Sacerdote Suplente, Cuidados Pastorales y Predicadora Invitada en distintas comunidades de fe en transición, algunas con necesidades de sacerdotes bilingües o de habla hispana, y otras angloparlantes. Ofreció cuidado pastoral individual y congregacional y servicios litúrgicos en una comunidad rural, la Iglesia del Buen Pastor, en Granite Springs, NY. Actualmente sirve en la iglesia Grace / La Gracia en White Plains, NY, haciendo acompañamiento litúrgico, de prédica y pastoral durante un periodo de transición.  La Reverenda Anahi ha colaborado con la serie Sermones que Iluminan desde el año 2021 y participa como líder en asesoría espiritual en las convivencias de Cursillo.

¡No olvide suscribirse al podcast Sermons That Work para escuchar este sermón y más en su aplicación de podcasting favorita! Las grabaciones se publican el jueves antes de cada fecha litúrgica.

 
 
 
 
 
 
 
 

Contacto:
Rvdo. Richard Acosta R., Th.D.

Editor, Sermones que Iluminan

Click here