Sermones que Iluminan

Epifanía 5 (B) – 2018

February 05, 2018


Imagínense por un momento que su trabajo y llamado es reconciliar a toda persona a Dios y a la comunidad de Dios.  Entonces siendo ese su trabajo, ¿qué estrategias usarían para que toda persona pueda renovar o reanudar su relación con Dios, siendo también, si necesario, una persona reconciliada o restaurada a la comunidad?  Una de las estrategias más importantes para nosotros y nosotras es la inclusión.  La inclusión es una manera de reconciliar personas a la comunidad y restaurarlas a la comunidad de fe.  El modelo fundamental para este trabajo es Jesús, quien vino al mundo para reconciliar a la humanidad a Dios.  En el primer capítulo del evangelio según Marcos, esa labor de reconciliación es de inmediato evidente cuando Jesús, luego de su bautismo, comienza su ministerio público proclamando: “Vuélvanse a Dios y acepten con fe sus buenas noticias”.  Seguidamente llamó a los primeros discípulos, y demostró su autoridad como Hijo de Dios.  Todo esto ocurre justo antes de la lectura designada para este quinto domingo después de la Epifanía.

Recordemos varios aspectos del evangelio según Marcos.  Este evangelio es considerado el más antiguo, y es también el más corto.  Marcos fue muy eficiente e intencional en lo que escogió para comunicar sobre las buenas nuevas de Dios en Cristo.  Por lo tanto, si aceptamos que cada palabra en este evangelio es importante, pues también entendemos que, si Marcos decidió incluir algunos temas o datos específicos, y darles más espacio que a otros temas, entendemos que esto también es importante.  De hecho, en este primer capítulo, Marcos hace hincapié en el trabajo de reconciliación que Jesús hizo cuando empezó su ministerio público, en particular, cuando empezó el trabajo de sanación.  En este capítulo Jesús sana a tres personas, incluyendo en la lectura de hoy a la suegra de Simón, y a muchas otras personas también.  Al ser sanadas, todas estas personas fueron prontamente restauradas a su plenitud con Dios y con la comunidad.

No nos debemos limitar a pensar que la sanación que Jesús ofrece es sólo física o solamente espiritual. Se trata de una sanación que reincorpora personas a la comunidad, incluyendo su incorporación a la comunidad de fe.  Entonces, debemos nosotros y nosotras considerar que Jesús “sana” a toda persona excluida de la comunidad, es decir, Jesús incluye a toda persona dentro de la comunidad.  Nuestro trabajo de inclusión es, entonces, una manera de reconciliar la humanidad a Dios.  Al Jesús sanar a la suegra de Simón, Jesús le permite a ella vivir su vida en plenitud y en libertad.  Jesús la restaura para su plenitud o, en otras palabras, la restaura para su diakonia que es la misión de servicio.  Al igual que Simón y Andrés respondieron a Jesús siguiéndolo inmediatamente, ella “al momento” le respondió a Jesús sirviéndole.  ¿Cuál es nuestra respuesta a Jesús? Por nuestro bautismo nuestra respuesta comienza con el Pacto Bautismal.

En la época de Jesús, una persona enferma, o con una condición “fuera de lo común,” se consideraba impura, por lo tanto, no podía ser parte de la comunidad de fe, y se consideraba que su “condición” era resultado de su pecado.  Jesús demostró una y otra vez, que estas personas no estaban fuera del alcance de Dios y que podían participar plenamente en la comunidad de Dios.  En la época de Jesús, y aun hoy día, esto era muy radical.  Nosotros y nosotras tenemos nociones diferentes sobre el pecado.  Y también tenemos creencias que nos llevan a excluir a personas de nuestras comunidades de fe y familias.  Sin embargo, la realidad es que nosotros y nosotras con Jesús, debemos trabajar para incluir a las personas que estamos excluyendo, siendo ese uno de los trabajos primordiales que Jesús nos enseña: la reconciliación y la restauración.

Preguntémonos entonces sin importar cuán difícil sea esa pregunta, ¿quiénes sabemos que Jesús incluiría, y que nosotros y nosotras no lo estamos haciendo?  Como personas Latinx, puede ser que en este momento histórico de los EE. UU. conocemos lo que es ser excluidos y excluidas.

La realidad es que estamos viviendo en sociedades donde la inclusividad de todo ser humanos se expresa más ampliamente que en ningún otro momento de la historia. Es por esto, por lo que la iglesia ha de responder a nuestras promesas bautismales, particularmente el respetar la dignidad de todo ser humano – sin exclusión.

Hay dos maneras en que algunas personas están excluidas de la comunidad de Dios.  La primera es por nuestro propio pecado y decisión de alejarnos de Dios y de la comunidad; la segunda es por el rechazo de otras personas.  La gracia de Dios nos invita a restaurarnos a la comunidad.  Nuestro pacto bautismal nos invita a incluir y a restaurar a otras personas excluidas en nuestras comunidades.

Marcos, en su evangelio, nos invita a entender el trabajo de reconciliación de Jesús como primario.  Marcos nos recuerda que Jesús dijo: “Vamos a los otros lugares cercanos; también allí debo anunciar el mensaje, porque para esto he salido.”  En sanar, en restaurar, en incluir, Jesús cumple su misión de reconciliar la humanidad a Dios y la humanidad consigo misma.  En nuestro bautismo, y por la gracia de Dios, nosotros y nosotras estamos en nuestra plenitud.  La madre de Simón Pedro y de Andrés en su condición restaurada sirvió. Nosotros y nosotras, viviendo nuestro bautismo, podemos y debemos también trabajar para la reconciliación de personas a Dios y de toda persona a la comunidad.  El modelo que tenemos en Jesús es claro, y nuestro pacto bautismal sirve también como guía del trabajo de reconciliación.  Lo que hizo Jesús fue radical. Hagamos lo mismo.

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Contacto:
Rvdo. Richard Acosta R., Th.D.

Editor, Sermones que Iluminan