Sermones que Iluminan

Epifanía 5 (C) – 6 de febrero de 2022

February 06, 2022

LCR: Isaías 6:1–8, (9–13); Salmo 138; 1 Corintios 15:1–11; San Lucas 5:1–11

Cuenta la historia que una abuelita que vivía en el norte de México se alegró mucho un día cuando su nieta, de 15 años, le contó que se estaba preparando para recibir la confirmación. La abuelita le dio un abrazo y dijo que la apoyaría en todo. Poco después, mientras la abuela preparaba la cena, notó a su nieta sentada en la mesa del comedor, pegada por más de una hora a la pantalla de su teléfono. La abuela le preguntó qué estaba mirando. La nieta le dijo: “Estoy leyendo la Biblia”. La abuela no le quiso creer, pero cuando le pidió el teléfono, se dio cuenta de que la nieta le había dicho la verdad. En lugar de alegarse, la abuela se horrorizó. ¡Ella sentía que leer la Biblia en el teléfono, en vez de un libro impreso, era una falta de respeto hacia ese libro sagrado!

Piensa por un momento en las tradiciones de tu propia familia. ¿Tienes algún tío anciano en tu familia que se escandalizaría si se enterar que tú lees la biblia en el teléfono, o que ya no rezas el rosario, o que ahora asistes a la Iglesia Episcopal? Es probable que muchos de nosotros tengamos algún pariente que sentiría que estamos traicionando la tradición familiar. Les costará mucho entender que algunos de los cambios que hacemos en nuestras vidas no son realmente una traición, sino más bien nuestro esfuerzo de adaptar las tradiciones recibidas a las realidades del mundo en que vivimos.

Uno de los ejemplos más dramáticos de cambiar de tradición ocurrió en la vida del apóstol Pablo. Cuando Pablo era niño fue educado en la tradición judía y en la Ley de Moisés. Pero de adulto tuvo una poderosa experiencia que lo llevó a convertirse en seguidor de Jesucristo. En el pasaje que hoy leemos de la Primera carta a los Corintios, Pablo dice que el evangelio de Jesucristo es una tradición que él recibió con mucho gozo. El mensaje del evangelio, dice Pablo, es que Jesucristo murió por nuestros pecados y que al tercer día resucitó. Pablo nos alienta a que nos mantengamos firmes en esa tradición, que es un mensaje esencial del evangelio; un mensaje que nos salva.

Cuando se convirtió al cristianismo, hubo algunas tradiciones que Pablo tuvo que abandonar; de esa manera pudo crear espacio en su vida para recibir tradiciones nuevas. Pero, a pesar de eso, Pablo no dejó de ser judío. En la Carta a los Gálatas, Pablo describe la Ley de Moisés como una especie de maestro muy estricto que le enseñó muchas cosas cuando era niño. Pero cuando nos hacemos grandes ya no necesitamos a los maestros estrictos que teníamos en la infancia.

Tal vez muchos de nosotros hayamos sentido lo mismo en nuestras vidas. Por ejemplo, es probable que estemos muy agradecidos de que nuestros padres nos hayan enviado a la escuela y nos hayan bautizado en la Iglesia. Seguramente hay principios y valores que nuestros padres nos inculcaron y que nunca abandonaremos. Pero también debe haber en nuestras vidas tradiciones que cambiamos un poco, o tradiciones totalmente nuevas. Esas nuevas tradiciones a veces pueden preservar, en lugar de destruir, los principios y valores que recibimos en la infancia.

Una de las tradiciones que tenemos en la Iglesia es la de recitar el Credo Niceno, que aparece en la página 280 del Libro de Oración Común. Este Credo incluye un resumen de la misión y la vida de Jesucristo, que “por nuestra causa fue crucificado”, que “fue sepultado” y que “resucitó al tercer día, según las Escrituras”. Esa descripción de la vida de Jesús es muy similar a la que hoy leímos en la Carta a los Corintios. ¡Como pueblo cristiano, hemos estado recordando y pasando esa tradición por veinte siglos!

¿Y cuáles son algunos ejemplos de tradiciones nuevas que podrían ser motivo de gozo, de paz y de amor en nuestras vidas? Obviamente ésta variará mucho de persona en persona y de lugar en lugar, pero aquí hay tres ejemplos:

Ejemplo Uno – en el hogar: Una familia de Puerto Rico decidió que los hombres y los niños varones de la familia estarán siempre a cargo de la cena de Nochebuena. A la abuela, a la mamá y a una de las tías que vive con ellos ni siquiera las dejan entrar en la cocina. El primer año quemaron un poco el arroz con frijoles, pero aprendieron la lección y ahora es una tradición que les sale muy bien todos los años.

Ejemplo 2 – en la iglesia: Una parroquia de California empezó la tradición de que cuando se dieran la paz, durante la misa, apartaría tiempo suficiente para que todos y todas se dieran la paz. Tuvieron que hacer algunas adaptaciones por motivo del covid-19, pero los que la visitan por primera vez siempre sienten que es una calurosa bienvenida.

Ejemplo 3 – en la comunidad: Todos los años, para el Día de la Primavera, un pueblo en las montañas de Chile organiza un evento para embellecer todos los vecindarios. Vecinos y vecinas, grandes y chicos, salen con bolsas para juntar basura; si encuentran latas o botellas, las reciclan. La alcaldía les proporciona bolsas de residuos y reciclaje, y envía camiones para recoger las bolsas.

En los últimos dos años, debido a la emergencia del covid-19, muchas iglesias han cambiado ciertas tradiciones. Por ejemplo, algunas parroquias y misiones cancelaron la misa dominical; otras empezaron a trasmitir la misa por internet; otras empezaron a exigir que asistamos con mascarillas, que nos sentemos más separados, o que no compartamos el cáliz con el vino. Todos estos cambios son medidas importantes y sabias que ayudan a salvar vidas. Sin embargo, cuando cambiamos las tradiciones, nunca vamos a complacer a todo el mundo. Alguien siempre dirá que le gustaba más cómo hacíamos las cosas antes o pensará que ciertos cambios no se deberían hacer.

Ninguno de los cambios que hemos hecho en la iglesia en los últimos dos años afectan nuestra esencia. Seguimos siendo la Iglesia Episcopal; seguimos siendo parte del Movimiento de Jesús. Seguimos creyendo en un Dios amoroso, liberador y lleno de vida. Y seguimos predicando a Jesús que resucitó al tercer día y nos da a todos la promesa de la vida eterna.

Examinemos nuestra vida y decidamos si hay ciertas tradiciones que podríamos cambiar para que haya en el mundo más gozo, más paz y más amor. Pero, como el apóstol Pablo, recordemos que también debemos seguir firmes en esa tradición que todos hemos recibido, que es el evangelio de Jesús.

Hugo Olaiz es editor asociado de recursos latinos/hispanos para Forward Movement, una agencia de la Iglesia Episcopal.

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Contacto:
Rvdo. Richard Acosta R., Th.D.

Editor, Sermones que Iluminan