Sermones que Iluminan

Epifanía 8 (A) – 2011

February 27, 2011


¿Quiénes de nosotros tienen hoy algo que les preocupa? ¿Cuántas preocupaciones tenemos? Es posible que la respuesta a estas preguntas afirme que muchos de nosotros tenemos preocupaciones, y que tenemos muchísimas cosas de las que nos preocupamos. Tal pareciera como que algunos de nosotros estuviéramos programados para preocuparnos más que otros. Lo cierto es que las preocupaciones son algo natural a la condición humana; es como si formaran parte de nuestro código genético. Por lo tanto, el vivir libres de preocupaciones es algo muy difícil de alcanzar, al menos de una manera constante.

La canción de Bobby McFerrin titulada: “No te preocupes, sé feliz” nos dice que “en la vida todos tenemos algún tipo de problema, y que cuando nos preocupamos, duplicamos el problema, por lo tanto, no te preocupes, se feliz!” Sería bueno que alguien nos recordara esta canción cuando nuestras ansiedades y estreses por situaciones de la vida son visibles. Que nos recordara que tenemos la opción de ser felices en vez de preocuparnos.

En el evangelio de Mateo, Jesús nos dice que no nos preocupemos. De hecho Jesús nos da un simple consejo en tres palabras: “NO SE PREOCUPEN” y repite ese consejo varias veces en este mismo pasaje. “No se preocupen” nos dice Jesús. No se preocupen por su vida, porque el Dios celestial sabe lo que necesitan. Observen las aves del cielo y consideren cómo Dios cuida de ellas. Observen los lirios del campo y aprendan cómo logran su belleza sin hacer ningún esfuerzo. No se preocupen sobre el vestir, el beber o el comer como lo hacen los paganos. No se preocupen por las riquezas, porque la vida de ustedes no consiste en posesiones. No se preocupen por el pasado o el futuro ante el cual no tienen control, más bien aprendan a vivir y disfrutar el momento presente”.

Indudablemente que en estas palabras Jesús no solo nos invita a que confiemos en la providencia de Dios, sino que también nos alerta del peligro de que al aferrarnos a las riquezas, podríamos descuidar nuestra relación con Dios. De ahí que es fundamental que reorganicemos nuestras prioridades, lo cual significa poner a Dios y a su justicia en el centro de nuestras vidas. Porque el reino de Dios y su justicia no se basan en la acumulación de recursos, sino en la habilidad de compartirlos. El hacer presente la justicia de Dios en nuestro tiempo, es una forma de garantizar el que las necesidades básicas sean satisfechas, no solo para algunos de nosotros, sino para todos.

Este pasaje, a su vez, nos confronta en nuestra tendencia a poner por delante las cosas materiales de este mundo. Si damos prioridad a nuestras posesiones, lo más seguro es que también les entreguemos a ellas todo nuestro tiempo y energía. Es necesario aclarar que quizás Jesús no hable en contra de poseer cosas materiales, sino más bien en contra de que las cosas materiales sean las que nos posean a nosotros.

Entonces, queda claro que tener preocupaciones es una de las características normales del ser humano, y Jesús era consciente de esto. De ahí que, uno de los retos más grandes que tenemos que asumir, como cristianos, consiste en poner nuestra confianza en Dios más que en las preocupaciones.

El mensaje principal de este pasaje radica en que Dios provee ante nuestras necesidades. Su invitación es un llamado a que no nos preocupemos por las necesidades diarias, ya que son en sí demasiadas. Jesús nos asegura que siempre recibiremos suficiente porque Dios nos ama, Dios conoce nuestras necesidades, y Dios provee para cada día. Él nos recuerda que las preocupaciones no logran nada; que las preocupaciones tienen que ver con cosas futuras, y que en verdad la única certeza que tenemos en la vida es sobre lo que sucede en el momento presente. Nos recuerda además que debemos vivir en el momento presente, colocando nuestras prioridades en orden. Jesús nos enseña que nuestra primera prioridad es Dios y el amor a los demás y a nosotros mismos, buscando la justicia de Dios, aquí en la tierra y en nuestro tiempo, ya que las demás cosas nos serán dadas por añadidura. Su invitación es una exhortación a que confiemos en un Dios que provee.

La lectura del Antiguo Testamento también respalda la enseñanza de Jesús. El libro del profeta Isaías nos dice en el capítulo 26 que Dios nos guardará en perfecta paz, y que confiemos siempre en el Señor. La carta a los Filipenses ofrece un consejo similar cuando dice: “No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:6-7).

Pero, a pesar de que encontramos muchas palabras de aliento en las escrituras recordándonos el mismo mensaje e invitándonos a no preocuparnos, lo cierto es que todavía es un reto y resulta más fácil decirlo que hacerlo.

Juliana de Norwich fue una mística inglesa que vivió en los años del siglo XIII, durante la época de la plaga de la ‘peste negra’ que terminó con la vida de 75 millones de personas en la Europa medieval. Muchas personas interpretaron esa plaga como un castigo de Dios, pero Juliana no. Ella creía fervientemente en el amor de Dios hacia todo ser humano y que Dios tenía el poder de redimir cada lágrima derramada debido a tal tragedia. Juliana escribió una de las oraciones más conocidas en la historia del cristianismo que pudiéramos considerar como un tipo de antídoto ante las preocupaciones. Su oración, simple pero profunda, decía: “Todo estará bien, y todo será para bien, y toda clase de cosas estarán bien” (o también: “Todos acabarán bien, todo acabará bien, y toda clase de cosas acabará bien”).

Su visión optimista no ignora el sufrimiento, antes bien surge de la claridad que alcanzó mientras luchaba contra sus propias preocupaciones. Esa lucha le permitió ver más allá del dolor y sufrimiento y pudo observar el rostro de un Dios compasivo. Solo esta visión, de observar el rostro compasivo de Dios, le dio la certeza de que a pesar de su dolor y tristeza todas las cosas irían bien a su debido tiempo y de conformidad con la voluntad de Dios.

Este testimonio nos sirve de ejemplo como lección que tenemos que aprender una y otra vez en la vida. No se trata de que debamos dejar de preocuparnos completamente del futuro, sino más bien, que debemos tratar de librarnos de las ansiedades y preocupaciones a que usualmente nos aferramos, porque ellas no solucionarán nada. Es adecuado planificar el futuro siempre y cuando no nos aleje del amor de Dios, y nos prevenga de vivir en paz en el tiempo presente.

Mis hermanos y hermanas, Jesús nos invita a poner toda nuestra confianza en Dios y depositar en él todas nuestras preocupaciones para vivir una vida libre de ansiedades, con paz en nuestros corazones, y disfrutar cada momento presente. Les invito a que tomen un par de minutos para ofrecerle a Dios las preocupaciones que pesen sobre nuestros hombros, los pensamientos que nos roben el sueño y los recuerdos que nos marchiten el alma. Pidamos a Dios que nos ayude a tener confianza en su misericordia y hagamos nuestra también la oración de Juliana, teniendo siempre presente que: “Todo estará bien, y todo será para bien, y toda clase de cosas estarán bien”.

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Contacto:
Rvdo. Richard Acosta R., Th.D.

Editor, Sermones que Iluminan