Sermones que Iluminan

Pascua 2 (A) – 2014

April 27, 2014


A la iglesia venimos a encontrar alegría y paz en nuestro corazón. Y sí que hallamos esta alegría en nuestra celebración eucarística. Pues la Eucaristía es la fiesta de la alegría en el Señor, la alegría cristiana.

El evangelio de Juan nos dice hoy que “Los discípulos se alegraron al ver al Señor”.Siguiendo la secuencia de los hechos relacionados con la pasión, muerte y resurrección Jesús, sabemos que sus discípulos habían pasado por muchas circunstancias adversas de persecución, negación y temor, ocasionadas por la muerte de su líder espiritual, Jesús de Nazaret, y por sus propias dudas al no saber con certeza si Jesús era el mesías esperado por todos que vendría a cumplir las promesas al pueblo de Israel.

Estas circunstancias adversas habían sido anunciadas por el mismo Jesús cuando les dijo a sus discípulos que así como una mujer llora y sufre dolores de parto durante el embarazo y nacimiento de su hijo o hija, asimismo los discípulos sufrirían y llorarían cuando fuesen perseguidos por su causa, y cuando el esposo fuese quitado de en medio de ellos… Pero al igual que la madre, esas lágrimas se convertirían en alegría cuando diese a luz, asimismo sería para sus discípulos el día de la resurrección (Juan 16, 20-22)

Hoy, dentro de este tiempo de pascua, celebramos el hecho de que la adversidad ha pasado tanto para aquellos discípulos, como para nosotros, todos los seguidores de Jesús. Ahora es el tiempo de la alegría cristiana. Pero ¿cuál es la razón para tanta alegría?

En primer lugar, nos dice el evangelio de hoy que Jesucristo se presenta a la comunidad cristiana reunida, y les ofrece su paz. Él no regresa como vengador ni ajustador de cuentas, sino como el anunciador de un nuevo inicio, una nueva creación, basada en el perdón. Una vez que él les ofrece su paz, los transforma y los delega a ser comunicadores de perdón en el mundo. Sus primeros discípulos y toda su iglesia reciben esa misión tan importante y necesaria para la convivencia humana, la misión de paz y reconciliación entre todos los pueblos, razas, naciones, religiones y familias. Y naturalmente sabemos que un mundo en paz, una familia en paz, una comunidad en paz, es una familia, una comunidad, un mundo alegre.

En segundo lugar, el Señor se presenta a ellos como quien ha vencido a la muerte, “la muerte ya no tiene dominio sobre él” (Romanos 6:9), ni sobre sus seguidores… Así como Cristo es triunfante, y la tumba queda vacía, así también nosotros sus seguidores somos una comunidad que ha resucitado con Cristo para siempre. En Cristo hemos vencido la realidad más difícil de comprender y aceptar en la vida, tal como lo es la muerte. Pero iniciando con Cristo, ahora hemos sido transformados en una comunidad “resucitada,” renovada, alegre y anunciadora de vida nueva y resurrección.

En tercer lugar, nos dice el evangelista san Juan, que Jesús comunica a sus discípulos el Espíritu Santo. La resurrección y pentecostés, en el evangelista, son partes del mismo evento salvífico. La presencia del Espíritu en la comunidad de creyentes no solo es la celebración del triunfo sobre la muerte, sino también el comienzo de una nueva era, la era del Espíritu. De ahora en adelante la comunidad ya no espera al Mesías anunciado, sino que guiada y fortalecida por el poder del Espíritu Santo, hace presente a Jesús en el mundo, en su manera de vivir, predicar, celebrar y dar testimonio.

Esta alegría de los seguidores de Jesús, la encontramos hoy en el ejemplo de Pedro. En esta escena de los Hechos de los Apóstoles, primera lectura, Pedro, que ya ha vencido el miedo y la duda, lleno de fortaleza, da testimonio de la resurrección del Señor, al pueblo judío presente en Jerusalén.

¿Cuáles son las razones para nuestra alegría hoy? Iluminados por las lecciones de hoy, ¿cuáles son nuestros motivos actuales para estar alegres? Tal vez el encontrarnos otra vez este domingo como comunidad de fe, para celebrar el gran misterio de la pasión, muerte y resurrección del Señor.

El canto, la participación de niños y jóvenes son motivo de alegría. Los sacramentos, vida de la comunidad, que muchos fieles recibirán en este tiempo pascual. La paz que compartimos unos con otros. El recibir a alguien nuevo que nos visita o se hace miembro de la comunidad a la cual pertenecemos. El reconocer a Jesús en el partir el pan… (Lucas 24). Seguramente que si celebramos con fe, encontraremos muchas razones para estar alegres.

Una comunidad alegre es signo de la presencia de Cristo resucitado. Y su presencia nos motiva a hacer algo nuevo. Los proyectos nuevos de nuestras comunidades cristianas, las obras de la iglesia, la evangelización, la edificación de un templo, o un hospital, o un orfanatorio o asilo de ancianos, se inicia no por la necesidad ni la urgencia, sino por la alegría que nos da la presencia de Cristo en nuestras vidas y comunidades. Es precisamente la alegría y la esperanza las que nos llevan a crear cosas nuevas en las cuales se refleja el amor y compromiso de los discípulos con la causa de Jesús, su reino.

Cuántas iglesias, cuántas liturgias, cuánta música, obras de arte, han sido creados a través de los siglos por el amor y la alegría de la resurrección.

¿Qué nuevo nos invita a hacer Cristo resucitado hoy?

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Contacto:
Rvdo. Richard Acosta R., Th.D.

Editor, Sermones que Iluminan

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