Sermones que Iluminan

Pascua 3 (A) – 2017

April 30, 2017


¿Caminas en compañía de Jesús? ¿Reconoces la presencia de Jesús en la iglesia y en tu vida diaria? ¿Y qué podemos hacer para que nuestra vida y nuestra iglesia manifiesten de manera más genuina la presencia y compañía de Jesús el Cristo resucitado?

Hay una expresión humorística en inglés que dice que si algo “tiene el aspecto de un ganso, nada en el agua como un ganso, y grazna como un ganso, entonces ES un ganso”. Lo mismo podría decirse de un perro o de un caballo: Si tiene aspecto de perro y ladra, seguramente es un perro. Si tiene aspecto de caballo y relincha, seguramente es un caballo. Algo similar podría decirse de una cristiana o un cristiano: Si es alguien que cree en Jesús, confiesa a Jesús, y vive las enseñanzas de Jesús, entonces podemos decir con certeza que dicha persona es una seguidora o un seguidor de Jesús.

Y lo mismo podría decirse de una Iglesia. ¿Reconoces en tu congregación, en tu misión o parroquia, los rasgos de ese movimiento que Jesús inició y que hoy llamamos cristianismo? En la lectura de los Hechos de los Apóstoles se mencionan varias características de la iglesia en aquellos días.

Los discípulos de Jesús tenían un espíritu misionero. Aunque Jesús ya no estuviese con ellos, iban de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo anunciando que Jesús era el ungido de Dios. A veces la gente los recibía de brazos abiertos, escuchaban su mensaje, se bautizaban y cambiaban su vida. En otras ocasiones, los rechazaban de la misma manera que en la antigüedad, el Pueblo de Dios había rechazado a muchos de sus profetas.

Esos actos de conversión se describen detalladamente en el relato de Hechos: Los apóstoles, como Pedro, predicaban el mensaje de Jesús, invitaban a la gente a “volverse a Dios,” a bautizarse y a recibir el Espíritu Santo. Algunas traducciones antiguas de la Biblia hablaban de “arrepentirse”. Sin embargo, “volverse hacia Dios” es una descripción más completa de lo que Dios espera de nosotros y una interpretación más correcta del texto original.

No se trata solo de reconocer y enmendar nuestros pecados, sino de realmente cambiar la dirección de nuestra vida. “Volverse hacia Dios” es un acto profundo. Esto es la conversión. Cuando cambiamos nuestra vida, damos la vuelta para orientarnos hacia Jesús; nos bautizamos en el agua que nos retorna de la muerte a la vida; quedamos libres del pecado, recibimos el Espíritu Santo y somos enviados a llevar el mensaje del amor reconciliador de Dios, que libera y da vida.

La Iglesia Episcopal es una continuación de ese movimiento establecido por Jesús: Como Pedro, predicamos la palabra; como Pedro, invitamos a la gente a volverse a Dios y a bautizarse; y como Pedro, proclamamos la venida de la guía, la fuerza y el consuelo del Espíritu Santo.

Hoy el evangelio de Lucas describe otro rasgo del movimiento iniciado por Jesús. Se nos dice que el día que Cristo resucitó, había dos discípulos que iban camino a Emaús. En esos días la mayor parte de la gente caminaba; Los caminos se enlodaban cuando llovía y eran polvorientos cuando estaba seco. De noche, generalmente era necesario detenerse para descansar; no existía iluminación eléctrica, y a veces acechaban ladrones en los caminos; caminar de noche podía ser muy peligroso.

Esos dos discípulos oyeron decir que Jesús había resucitado, pero ellos no lo habían visto. El relato sugiere que estaban temerosos o confundidos por los acontecimientos tan dramáticos de esos tres días. No sabemos si era un día soleado o lluvioso, si había polvo o si había lodo; no se nos dicen los nombres ni por qué iban a Emaús. Ni siquiera sabemos si los dos eran hombres o iba una mujer. Pero sí se nos dice que Jesús se les acercó y empezó a caminar con ellos. Pero no lo reconocieron. Jesús les explicó a esos dos discípulos las escrituras que hablaban de Él, desde los libros de Moisés hasta todos los libros de los profetas. A pesar de predicarles un brillante sermón y de explicarles que en Él se cumplían las profecías, los discípulos no lo reconocieron.

Entonces llegando al pueblo caía la noche y Jesús hizo como que iba seguir su camino. Los discípulos insistieron diciendo, como en el canto: “Quédate con nosotros que la tarde está cayendo”. Entonces los tres se detuvieron, entraron y se sentaron a la mesa. Luego, Jesús tomó el pan, dio gracias, lo partió y se lo dio a esos dos discípulos. ¡En ese mismo momento reconocieron a Jesús! Reconocieron a Jesús en el acto de partir y repartir el pan. Lo reconocieron porque tres días antes, Jesús había hecho lo mismo. En aquella ocasión Jesús les había dicho que entregaría su cuerpo y derramaría su sangre en favor de sus discípulos, y les había mandado a que siguieran haciendo lo mismo, de compartir el pan y el vino en su memoria.

Dos mil años más tarde, en la Iglesia Episcopal seguimos cumpliendo ese mandato: Bendecimos y partimos el pan; bendecimos y compartimos el vino. Lo hacemos en memoria permanente de Jesús, y creemos que es Jesús mismo quien se hace presente en el pan y en el vino. En ese acto recordamos que Jesús está presente junto a nosotros y que somos el cuerpo de Cristo. Esa práctica hoy la llamamos la comunión, la santa cena del Señor, o simplemente la Eucaristía. En ese acto en que compartimos, afirmamos nuestra unidad, nuestra comunión con Jesús y nuestra comunión con los demás miembros de la Iglesia de hoy y de todos los tiempos.

Amigo, la próxima vez que estés en frente de un espejo examínate, “tienes el aspecto de un ganso, nadas en el agua como un ganso, y graznas como un ganso… entonces ¡ERES un ganso!” O será que crees en Jesús, confiesas a Jesús, y haces todo por vivir las enseñanzas de Jesús, entonces puedes decir con certeza que ERES cristiano y caminas con Jesús.

Hoy día es Jesús el que nos invita a quedarnos con Él a cenar de su propio cuerpo y su propia sangre. Es Jesús el que nos lleva de la muerte a la vida. Es Jesús el que nos sana y nos envía su Santo Espíritu para fortalecernos y consolarnos cada vez y en cada momento que clamamos su Santo Nombre.

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Contacto:
Rvdo. Richard Acosta R., Th.D.

Editor, Sermones que Iluminan