Sermones que Iluminan

Pascua 3 (B) – 18 de abril de 2021

April 18, 2021

LCR: Hechos 3:12–19; Salmo 4; 1 San Juan 3:1–7; San Lucas 24:36b–48

El tiempo de Pascua nos invita a descubrir la presencia nueva del Resucitado en la comunidad de creyentes. En esta estación litúrgica ya no nos enfocamos en las hechos y dichos de Jesús durante su vida pública, sino en los acontecimientos vividos por las comunidades cristianas después de la muerte de Jesús y cómo Él mismo se hace presente en medio de ellas para ayudarlas a entender este proceso de vida nueva que llamamos resurrección.

A partir de las lecturas, hoy podemos profundizar en tres momentos importantes: el reencuentro de los discípulos y discípulas con Jesús, contado por el evangelista Lucas; el testimonio de ellos y ellas, narrado en los Hechos de los Apóstoles; y la nueva presencia de Jesús en nuestras comunidades hoy.

En el evangelio, encontramos a la comunidad de discípulos y discípulas reunida en Jerusalén tratando de entender lo sucedido a su líder espiritual, Jesús de Nazaret. Es una nueva etapa del discipulado un tanto oscura y desesperanzadora. Antes de su muerte, las comunidades escuchaban y veían las acciones del Maestro, a quien seguían de cerca. Ahora, en este período postpascual, ellas pierden su camino. Se reúnen para orar, escucharse y apoyarse entre ellas ante un futuro incierto. Muchos pensaban regresar a las actividades cotidianas que hacían antes de haberse decidido seguir a Jesús. Es una verdadera transición, muy difícil, entre lo que fue y lo que sería para ellos de ahora en adelante. En este contexto, Jesús se presenta en medio de ellos para disipar sus miedos y frustraciones, y darles fortaleza y esperanza.

Pero ante la nueva presencia de Jesús, no tan evidente, sus seguidores continúan confundidos; por eso dice la Palabra que ellos creen ver a un espíritu. Para ellos y ellas, Jesús resucitado era como una figura de la imaginación, una creación de la mente, una fantasía, algo irreal y falso: un muerto apareciéndose a los vivos y creando una telaraña de miedo y confusión. Esta actitud de los discípulos y discípulas se aleja del propósito y misión del Resucitado, pues su nueva presencia consiste, más bien, en ofrecer una nueva vida y una nueva manera de comprenderla; la nueva presencia de Jesús significa su nueva misión: llevar a las comunidades a entender que la vida no desaparece con la muerte, sino que se transforma; que la muerte no es el final, sino el inicio de una vida vivida de otra manera, fuera de este espacio y tiempo. El propósito del Resucitado es, a la vez, llevar a las comunidades a una nueva dimensión de la fe; ésta los llevaría a hacer posible y aceptar la realidad de la vida después de la muerte; es un paso al futuro, de la finitud a lo infinito, del aquí y ahora a la eternidad, de la ausencia a la presencia total. Ésta es la novedad de la misión de Jesús, su regalo de amor, dado no sólo a sus discípulos y discípulas, sino a nosotros, en todos los tiempos.

Hay quienes piensan que Jesús resucitado sigue siendo un fantasma que no tiene el poder de transformar realidades de enfermedad y muerte, de injusticia y violencia indiscriminada; éste sería un fantasma opuesto al auténtico Jesús, el profeta del amor, justicia y paz. Para muchos, la figura de Jesús es un espíritu que forma parte de las historias de mitos y leyendas, despojado de todo poder; para otros, simplemente ha dejado de ser interesante.

No pocas veces, Jesús ha sido presentado como un fantasma con mucho poder para juzgar, oprimir y condenar. Es lamentable, por ejemplo, que el Hijo de Dios haya sido presentado como alguien de fuera, conquistador de piel blanca y cabellos dorados, unido a la nobleza europea, con caballos, carros y armas. Con esto, seguro los pueblos aborígenes no sintieron alegría ni deseo de aceptar la fe cristiana; muchos lo hicieron por miedo e intimidación, o como una manera de sobrevivencia. Hoy, muchas personas de la comunidad LGBTI se sienten rechazadas por supuestas enseñanzas de Jesús, o por grupos de cristianos que citan sus palabras, para juzgar y condenar. Ante esta presencia de Jesús y este tipo de mensajes e interpretaciones, tenemos que afirmar con certeza que Jesús sería un espíritu que haría mucho daño a la humanidad; un verdadero fantasma para nuestra fe.

Pero, como leemos en la escena de hoy, Jesús no es un fantasma. La historia termina con el descubrimiento de Jesús Resucitado, quien comparte, enseña, aclara, convive y lleva a la comunidad de discípulos y discípulas a dar un paso firme y verdadero a un futuro extraordinario que, aunque no comprendemos totalmente, sabemos que existe.

Los Hechos de los Apóstoles narran algo muy significativo para nuestra fe. Junto a Pedro, una de las primeras comunidades cristianas, llevada por la fuerza transformadora de la resurrección de Jesús, se convierte en medio de sanación y restablecimiento de la vida. No es Pedro, no son los discípulos, es la presencia de Jesús resucitado en sus testigos lo que lleva a los enfermos a encontrar sanación. Vemos aquí con claridad cómo el Resucitado no forma parte de una historia pasada, fantasmal o débil, sino de una historia actual, presente en cada acontecimiento de fe de la comunidad. Es en ella en donde el Resucitado actúa en plenitud.

El tercer momento, somos nosotros mismos. Todo lo anterior nos debe llevar a reflexionar en cómo se vive la nueva presencia de Jesús en nuestras comunidades hoy: ¿Qué sentimos y pensamos al escuchar estos pasajes en comunidad? ¿Qué fuerza tiene esta nueva presencia de Jesús en nuestra iglesia cuando vamos superando esta crisis de salud ocasionada por la pandemia? La respuesta es: la vida, don de Dios, que continúa. Han muerto muchos, aún hay millones enfermos, pero la vida continua: la vida no muere. Jesús ha trascendido la muerte y nosotros hemos triunfado con Jesús. En Él queda superada la enfermedad y la muerte.

Nuestra labor debe ser la de unirnos a Cristo Resucitado. El verdadero y auténtico cristiano no sigue sólo unas ideas y enseñanzas escritas hace mucho tiempo, sino a la persona de Jesús quien sigue vivo y actuante en el mundo. Él nos hace entender, abre nuestra mente y nos pide sacarlo del mundo de los fantasmas al mundo real, verdadero y fundamental para que pueda actuar en nosotros.

Jesús nació, creció, predicó y sanó en Palestina, y una vez resucitado sale de allí y vive en todo aquel que lo recibe con fe y lo proclama como el Dios vivo y verdadero. Cristo nos ha hecho sus testigos. Eso es lo que somos nosotros, testigos de la vida y obra de Jesús. Hemos pasado de escuchar historias de Jesús a hacer historia con Jesús, para sembrar en cada corazón vida y esperanza. Amén.

El Rev. Fabio Sotelo es Sacerdote Encargado de la Iglesia San Eduardo, en Lawrenceville, Georgia, y misionero latino en la iglesia San Beda, en Atlanta. El recibió una maestría en filosofía y literatura en la Universidad Santo Tomas de Bogotá, Colombia, una maestría en Teología en la Universidad de Santa María, Emmitsburg, Maryland y actualmente adelante un Doctorado en Liturgia en la Universidad del Sur, Suwannee, Tennessee.

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Contacto:
Rvdo. Richard Acosta R., Th.D.

Editor, Sermones que Iluminan