Sermones que Iluminan

Pentecostés 10 (B) – 1 de agosto de 2021

August 01, 2021

LCR: Éxodo 16:2–4, 9–15; Salmo 78:23–29; Efesios 4:1–16; San Juan 6:24–35

Una vez le preguntaron a Pelé, uno de los mejores futbolistas de la historia, cuál era el secreto para ganar un partido de fútbol. “Ninguna persona puede ganar un partido por sí misma”, respondió Pelé. “Yo creo que no hay otra forma, en la vida, en la familia o en el gobierno: todos tienen que trabajar como equipo.”

Además de trabajar como equipo en nuestra familia o en el fútbol, también debemos hacerlo así en la Iglesia. Así lo expresa Pablo en la carta a los Efesios que escuchamos hoy: “debemos crecer en todo hacia Cristo, que es la cabeza del cuerpo. Y por Cristo el cuerpo entero se ajusta y se liga bien mediante la unión entre sí de todas sus partes; y cuando cada parte funciona bien, todo va creciendo y edificándose en amor”. Pablo compara la Iglesia con el cuerpo humano, en el que los diferentes órganos cumplen funciones particulares: “Y él mismo concedió a unos ser apóstoles y a otros profetas, a otros anunciar el evangelio y a otros ser pastores y maestros. Así preparó a los del pueblo santo para un trabajo de servicio, para la edificación del cuerpo de Cristo”.

¿Has notado cómo todas las partes del cuerpo humano, incluso la mente, están interconectadas? Cuando un órgano o miembro no funciona correctamente, todo el cuerpo se ve afectado. Por ejemplo, necesitamos pulmones para poder respirar y llenar la sangre de oxígeno; pero los pulmones no son más importantes que el corazón, que es el órgano que bombea la sangre por todo el cuerpo; y el corazón no es más importante que el hígado y los riñones, que purifican la sangre, producen hormonas y permiten la digestión y el crecimiento.

Pablo nos enseña que cuando una iglesia funciona correctamente, cada uno de nosotros crece, y eso contribuye al crecimiento de toda la Iglesia. Pero, la verdad, es que ninguna de las iglesias establecidas por el apóstol Pabló vivió plenamente estas enseñanzas; en mayor o menor medida, todas experimentaron conflictos, peleas y separaciones; algunas de estas iglesias desaparecieron pocos años después de haberse establecido. Las iglesias de hoy viven la misma situación. A veces los miembros se separan en bandos que no pueden reconciliarse. Las iglesias pueden dividirse y hasta desparecer en medio de conflictos internos.

En la Iglesia Episcopal tenemos un mecanismo de liderazgo compartido que anhela ser como ese cuerpo orgánico que describe Pablo: se alienta a los sacerdotes, al diaconado y a los miembros laicos a participar, no sólo de la misa y las otras actividades de la iglesia, sino también en la toma de decisiones. Pero precisamente por ser un sistema democrático, en el que todo el mundo tiene derecho de expresar su opinión, es un sistema que puede generar conflictos.

¿Qué diferencia existe entre las iglesias que acaban debilitadas y las que acaban fortalecidas por los conflictos? ¿Cómo podemos evitar que la Iglesia se consuma por rencillas, divisiones y deferencias de opinión? El apóstol Pablo nos da la clave: “Sean humildes y amables; tengan paciencia y sopórtense unos a otros con amor; procuren mantener la unidad que proviene del Espíritu Santo, por medio de la paz que une a todos”. Seamos humildes y amables. Tengamos paciencia. Apoyémonos con amor. Ser humildes y amables no significa que no vamos a participar cuando se toman decisiones. De hecho, se nos alienta a que expresemos nuestra opinión sin temor. La única regla es que debemos hacerlo con amor y respeto por las otras personas.

Seguramente algunas veces criticamos o somos criticados por algo que hicimos. Es natural que de vez en cuando así ocurra. Todos somos humanos y cometemos errores. En esos momentos el consejo de Pablo es fundamental: “Sopórtense unos a otros con amor”. Si tenemos algo qué decir a alguien, no lo hagamos a sus espaldas; expresemos a la persona misma, con amor y respeto, lo que sea necesario. Mantengamos una mente abierta. Asimismo, si cometemos un error, no tengamos vergüenza en admitirlo. Pidamos disculpas; aprendamos de nuestros errores.

En el trabajo en equipo de nuestras congregaciones a veces se nos pedirá hacer algo sobre lo que no nos sentimos preparados o incluso cosas que no nos gusta hacer. Si definitivamente no podemos hacerlo, no tengamos miedo de decir que no; pero mantengamos siempre una mente abierta, porque a veces serán oportunidades de hacer crecer la iglesia y de crecer nosotros mismos. Nuestra iglesia debe ser un lugar donde hay siempre una invitación abierta, donde se nos estimule a participar de maneras novedosas y a aprender tareas nuevas. A veces nos sentiremos inspirados a dar el salto de la fe.

Para crecer como cuerpo de la iglesia y superar momentos de crisis, recordemos que estamos todos tratando de crecer en la misma dirección. Pablo deja esto clarísimo en el versículo 15: “Debemos crecer en todo hacia Cristo, que es la cabeza del cuerpo”. Crezcamos todas y todos en la misma dirección; crezcamos hacia Cristo.

Hay un aspecto del fútbol que puede ser negativo, y es el de la adoración que a veces la gente siente por ciertos jugadores, como si fuera uno solo el que lleva a la victoria. Cuando Leonel Messi metió uno de los goles más celebrados de la reciente Copa América, muchos celebraron su gran talento atlético. Pero ¿no fue ese gol el resultado del trabajo en equipo? ¿No eran once los que pateaban la pelota en esa dirección? ¿Cómo podría haber metido Messi ese gol si no hubiera estado allí otro futbolista, como Rodrigo de Paul, pasándole la pelota en el lugar justo, en el momento adecuado? Recuerden lo que dijo Pelé: “Ninguna persona puede ganar un partido por sí misma. No hay otra forma, en la vida, en la familia o en el gobierno: todos tienen que trabajar como equipo”.

Hagamos, como Iglesia, del mismo modo que los once jugadores de un equipo: pateemos juntos la pelota hacia el mismo arco, seamos humildes y amables; tengamos paciencia y apoyémonos unos a otros con amor. Si así lo hacemos, estaremos corriendo en la misma dirección, tendremos muchas victorias espirituales y estaremos cada vez más cerca de Cristo.

Hugo Olaiz es editor asociado de recursos latinos/hispanos para Forward Movement, una agencia de la Iglesia Episcopal.

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Contacto:
Rvdo. Richard Acosta R., Th.D.

Editor, Sermones que Iluminan