Sermones que Iluminan

Pentecostés 8 (B) – 18 de julio de 2021

July 18, 2021

LCR: Jeremías 23:1–6; Salmo 23; Efesios 2:11–22; San Marcos 6:30–34, 53–56

Hace varios años, en la radio pública de Seattle, fue entrevistado el director ejecutivo del “Chief Seattle Club”, el cual está ubicado en uno de los barrios más antiguos de dicha ciudad. Según su propio comunicado, en este “club” los indígenas americanos y nativos de Alaska, muchos de los cuales están sin hogar y son de bajos ingresos o sufren de adicciones, pueden reunirse para compartir una comida, hablar sus propios idiomas, acceder a servicios sociales y encontrar la paz sin miedo a la censura pública o la discriminación.

Durante esta entrevista, el director señaló que la historia de la ruina y la desintegración de la tribu Duwamish -la cual fue conformada por los primeros habitantes nativos de la ciudad de Seattle-, no es diferente en nuestro tiempo. Él comparó su aniquilación, y casi extinción, con la destrucción del templo de Jerusalén y la dispersión del pueblo hebreo. La razón de la desintegración de la tribu Duwamish, según él, fue debido a la llegada de los primeros americanos europeos en 1851, a Alki Point, en lo que hoy es West-Seattle; 34 años después, la gente de la tribu Duwamish había sido forzada fuera de sus casas comunales; el ejército de los Estados Unidos, y otros blancos, quemaron estas casas para evitar que los Duwamish regresaran a su lugar de origen.

En la entrevista, el director ejecutivo continuó explicando que los indígenas americanos en Seattle -como en muchas partes de los Estados Unidos- viven ahora en estado de pobreza y adicción al alcohol y las drogas porque crecieron sin sus líderes, sin sus mayores, abuelos y abuelas; crecieron sin un guía encargado de transmitir sus propias tradiciones que les enseñarían una manera congruente, digna y equilibrada de vivir. Al final, todo se reduce a la necesidad del buen liderazgo, de la buena guía, del buen ejemplo; todo se reduce a tener un buen pastor.

En el Evangelio de hoy, escuchamos cómo Jesús tuvo compasión por una gran multitud, porque estaban como “ovejas sin pastor“. Esta multitud, proveniente de muchas partes, trataba de vislumbrar el poder restaurador de Jesús; tal vez, esperaban encontrar al tan esperado Mesías, el mismo que los liberaría de su miseria. Esta multitud no tenía a un verdadero pastor; sus dirigentes -como Herodes, quien cortó la cabeza de Juan el Bautista y los fariseos- no se dedicaban al bienestar y la prosperidad de su gente, sino que se guiaban según sus propias agendas e intereses personales.

Jeremías, en la primera lectura, profetiza que Dios pondrá para sus ovejas “pastores que las cuiden, para que no tengan nada que temer ni falte ninguna de ellas.” Específicamente profetiza acerca de “un rey que reine con sabiduría y que actúe con justicia y rectitud en el país.” Marcos, en el Evangelio, nos muestra a Jesús como la consumación de dicha profecía, el maestro de aquellos que eran “como ovejas sin pastor.” Estas “ovejas sin pastor” era la multitud que buscaba a Jesús.

Pero ¿por qué buscaban a Jesús? ¿fue a causa de que curaba a mucha gente o porque echaba fuera a los demonios? Si fue así, a Jesús no le importó; él sanó a la gente que no podía hablar, a quienes les faltaba partes en su cuerpo, a quienes no podían caminar, a los ciegos. Y en este proceso de sanación, Jesús les enseñó muchas cosas. Con sus enseñanzas Jesús habló a sus almas y, en lugar de dejarlos sin guía, salió a su encuentro cuando ellos más lo necesitaban. Y éstas son las buenas noticias que este evangelio proclama. Jesús siempre sale a nuestro encuentro, donde estamos, cuando más lo necesitamos. Él viene con nosotros como el Buen Pastor que aviva nuestra alma y nos “lleva por caminos rectos, haciendo honor a su nombre”, como nos recuerda el salmista en esta mañana.

¿Somos capaces de reconocer los momentos en los que hemos tenido un encuentro con Jesús? A veces necesitamos un signo tangible de la presencia de Dios, de un signo tangible de este encuentro. Y es comprensible. Muchas veces nos obsesionamos con la sensación de que Dios está ausente e ignoramos las experiencias tempranas de la presencia de Dios en nuestras vidas, ignoramos lo que los otros nos dicen de esta presencia de Dios en sus vidas. A veces la presencia de Dios viene a nosotros en forma humana, probablemente en la forma quien llegan a la sala de espera en un hospital mientras un niño está en cirugía, a veces en la figura de los médicos o las enfermeras que cuidan de nosotros; la presencia de Dios viene a nosotros en el rostro de nuestros familiares o padres, de nuestros maestros o la gente que encontramos en la calle, los supermercados o lugar de trabajo; hemos sentido la presencia de Dios durante un servicio eucarístico, cuando participamos en la celebración dominical, durante un tiempo de oración o al escuchar buena música.

En su entrevista, el director ejecutivo del “Chief Seattle Club”, detalló sobre el camino riesgoso, incierto e inseguro caminado por los nativos americanos en Seattle hasta el momento actual, sin guía, sin un líder, sin un buen ejemplo, sin un buen pastor. Se trata de un trabajo con muchos desafíos que deben afrontar. Como la tribu Duwamish, ellos están transmitiendo la tradición, sus propias historias, relatos y testimonios que al final les enseñará a esta gente, en su club, una forma de vida congruente, digna y equilibrada.

¿Hemos sido nosotros esos buenos ejemplos de vida congruente, digna y equilibrada para con nosotros mismos, con nuestras familias y con nuestras comunidades? ¿Hemos sido esos buenos guías, esos buenos líderes? ¿Hemos imitado a Jesús en ser buenos pastores?

Al momento de reunirnos hoy, en nombre de Jesús, incluso si no entendemos el poder de su presencia, debemos saber que Jesús está presente entre nosotros como él mismo lo prometió y que viene a nuestro encuentro como el Buen Pastor, como aquél que reanima nuestra alma y nos “lleva por caminos rectos, haciendo honor a su nombre”.

¡Amén!

El Rvdo. Alfredo Feregrino, es nativo de la Ciudad de México y obtuvo su Maestría en Divinidad en la Escuela de Teología y Ministerio en Seattle University donde obtuvo también el primer Dr. Rod Romney “preaching award”. Fue desarrollador de misión en una congregación bilingüe y bicultural en Seattle/Renton Washington y ahora es Rector Asociado en All Saints Church en Pasadena California donde está al cargo del desarrollo congregacional.

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Contacto:
Rvdo. Richard Acosta R., Th.D.

Editor, Sermones que Iluminan