Sermones que Iluminan

Propio 15 (B) – 2012

August 20, 2012


Una reflexión sobre la lectura del evangelio nos ayudará hoy a poner en perspectiva las necesidades humanas y las divinas.

En estos momentos de dificultad económica en la mayoría de los estados de Estados Unidos, las familias están enfrentando situaciones extremadamente caóticas. El índice de desempleo aumenta cada día, más hombres y mujeres buscan los refugios o casas para desamparados donde van a tomar una sopa caliente y a dormir. Familias enteras se encuentran en esta triste situación pues han perdido sus casas. El banco se las ha quitado por no poder pagar la mensualidad del préstamo. La pobreza está arropando a las familias de bajos ingresos. Y nos preguntamos: ¿Si esto está pasando en la llamada nación más ponderosa del mundo, que será de nuestros países latinoamericanos?

Las Iglesias están apoyando a las casas para indigentes, aportando comida, ropa de cama, artículos de aseo personal, así como asistencia espiritual. Es importante que recordemos a los que tienen menos oportunidades que nosotros. Tenemos que compartir el pan con el hambriento. Cuando vamos a los supermercados, a las tiendas, a los restaurantes de comida rápida y otros establecimientos comerciales, se puede ver el rótulo en la caja registradora que pide una donación para el Food Pantry. Esto no se veía en años  anteriores. Todos queremos colaborar para combatir el hambre,

Hoy deberíamos imitar a Eliseo que pide a Elías en herencia “dos tercios de su espíritu” (2 Reyes 2:9). Es una petición ambiciosa, aunque muy sabia, pues su interés no era personal, sino para hacer algo importante por su pueblo. Si pedimos a Dios bienestar y prosperidad, no seamos egoístas al recibir las múltiples bendiciones que con tanto amor el Señor nos recompensa. Pensemos en los que no tienen nada o tienen muy poco. Es mejor dar que recibir, porque el que da siempre extiende la mano y así luego le será llenada nuevamente. Recordemos el pasaje bíblico que menciona a la viuda que dio todo lo que tenia; pero dio más que aquellos que daban de lo que les sobraba

¿En qué ocupas tu tiempo? Es una pregunta que tal vez usted piense que no tiene relación con el tema que nos ocupa, sin embargo, sí hay una relación muy estrecha, pues el saber emplear el tiempo es de sabios, y es uno de los tesoros que Dios nos ha dado. Si el tiempo es bien empleado en acciones positivas, los frutos que recogeremos serán abundantes; sin embargo, si lo malgastamos o usamos para hacer daño, las consecuencias que tendremos que enfrentar son enormes y destructoras. Por ello, san Pablo insiste en enseñarnos a vivir con sabiduría al usar el tiempo adecuadamente, a cuidar nuestro comportamiento, a ser prudentes y comedidos de modo que lo que hagamos sea en beneficio de nosotros y de los demás.

Dios nos entregó a su Hijo como único sacrificio por los pecados de todos nosotros, y como ejemplo de vida piadosa. Debemos ser agradecidos y recibir los frutos de su obra redentora. Dios tomó su tiempo para demostrarnos su amor a través de su Hijo amado. ¿Por qué no podemos compartir ese gran amor con los demás?  En el Evangelio según san Juan, Jesús nos dice que: “Él es el pan vivo que ha bajado del cielo; el que come de este pan, vivirá para siempre…” (Juan 6: 51). Comer del pan del cielo significa que nuestra unión con Cristo Jesús es real y que nos provee de valor, fuerzas, alegría y sabiduría para enfrentar cualquier dificultad que se nos presente en el camino.

Cuando las cosas salen mal tendemos a molestarnos y a tener una actitud inadecuada con los que nos rodean, nos sentimos malhumorados y todo nos disgusta. Es una actitud humana, claro está. Sin embargo, los que nos alimentamos con el pan que ha bajado del cielo, hemos aprendido a experimentar las dificultades de otra manera, a enfrentar el problema de diferente modo, pues sabemos que no estamos solos y que el Señor nos fortalece y nos da la sabiduría necesaria para salir adelante.

“El que come mi cuerpo y bebe mi sangre, vive unido a mi y yo unido a el”.  Jesús nos confirma en este versículo del Evangelio según san Juan, que se está dando sin reservas para que de ese modo podamos sentirnos seguros de su inmenso amor hacia nosotros, sus hijitos queridos (Juan 6: 56).  Mediante el alimento espiritual que recibimos nos llenamos de su gracia y de su amor, por lo que de esta manera estamos listos como buenos soldados, a cumplir con nuestro deber cristiano de servir a los necesitados de tender la mano al hambriento, de ser solidarios, compasivos, en fin, de compartir el amor y la gracia de Dios a través de nuestras buenas acciones. No desperdiciemos el tiempo en trivialidades. Ocupemos nuestro tiempo sabiamente. La vida terrenal es breve y la vida eterna tenemos que buscarla en Cristo que está entre nosotros, aquí y ahora, es el momento de comenzar a vivirla.

Permita Dios que cada uno de nosotros estemos siempre en comunión con él y que su gracia nos acompañe y dirija siempre a hacer lo que a Dios más le agrada: Que compartas tu pan con el hambriento.

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Contacto:
Rvdo. Richard Acosta R., Th.D.

Editor, Sermones que Iluminan