Propio 6 (A) – 14 de junio de 2026
June 14, 2026
LCR: Éxodo 19:2–8a; Salmo 100; Romanos 5:1–8; San Mateo 9:35–10:8, (9–23)
Hermanas y hermanos, celebramos con gozo la alegría que Dios siempre está con nosotros y nos manifiesta su presencia a través del amor viviente expresado en nuestra propia vida, en la de nuestros seres queridos y en la grandeza de la creación. En este tercer Domingo después de Pentecostés la liturgia dominical nos presenta un hermoso mensaje para tiempos desafiantes: la palabra de Dios va más allá de nuestros límites espacio-temporales, la Buena Noticia llega directo al corazón. Dios nos llama hoy a ser sus discípulas y discípulos en amor constante y nos alienta en situaciones adversas.
La primera lectura, tomada del libro del Éxodo, nos narra cómo Moisés sube al monte para hablar con Dios. El pueblo de Israel enfrentaba momentos difíciles desde que salió de Egipto. Atravesaba el desierto del Sinaí y las condiciones eran extremadamente duras para la sobrevivencia humana. Todo esto habría provocado críticas a Moisés, incluso reproches por las “mejores” condiciones bajo la esclavitud en comparación con las que vivían mientras caminaban por el desierto. Podríamos imaginar cuán cansados y agobiados estaban. Pero Dios nunca los abandonó, siempre los consoló y prometió conducirlos a la tierra prometida. A través de Moisés, el Señor dio un mensaje a su pueblo, un anuncio esperanzador para recordarles que su constante acompañamiento y fidelidad son signos de la alianza: “Ustedes serán un reino de sacerdotes, un pueblo consagrado a mí”.

El Salmo 100 también nos recuerda esa característica invariable de Dios. Su fidelidad acompaña nuestra historia desde tiempos inmemoriales, su eternidad se hace presente en nuestros días en las más temibles tempestades: “porque el Señor es bueno, para siempre es su misericordia, su fidelidad dura de generación en generación”. No importa la condición en la que estemos, Dios mantiene su presencia porque es infinito y nada puede detener el alcance de su poder amoroso sobre sus criaturas.
Consecuentemente, en la carta a los Romanos, Pablo afirma cómo por Cristo es que logramos ese acercamiento a Dios por medio de la fe, y no sólo eso, también tener parte de su gloria en medio de los sufrimientos actuales “porque sabemos que el sufrimiento nos da firmeza para soportar”. Allí está nuestra esperanza, y “esta esperanza no nos defrauda, porque, Dios ha llenado con su amor nuestro corazón por medio del Espíritu Santo que nos ha dado”.
Es así como Mateo, en el evangelio, nos muestra un Jesús sensible con la realidad humana. Nos dice que “recorría todos los pueblos y aldeas”. ¿Qué encontró en este recorrido? Situaciones similares a las que encontraría hoy si lo hiciera en nuestros barrios, pueblos, ciudades y países: “Al ver a la gente, sintió compasión de ellos, porque estaban cansados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor”. Ciertamente, estos tiempos son totalmente desconcertantes. Muchas cosas han cambiado y afectado nuestras vidas. Nuestras preocupaciones han aumentado, los niveles de estrés, ansiedad y depresión han crecido alrededor del mundo; muchos estamos afligidos de una u otra manera, ya sea por la pérdida de un familiar o algún conocido. Las guerras, las crisis, la economía, la indiferencia nos agobian.
Todas estas circunstancias nos hacen sentir “cansados y abatidos” tal como Jesús vio a las gentes de los pueblos y aldeas que recorría. Muchos hermanos y hermanas viven situaciones difíciles y lamentables. Sin embargo, Dios está con nosotros, en cada circunstancia, en cada sufrimiento, en cada situación adversa que enfrentamos. Jesús lo sabe claramente, sabe que nuestra vida no está exenta de dificultades y por eso ha venido a guiarnos, llamándonos a entrar en su amor para reconfortar y aliviar nuestras penas.
No estamos solos, nunca lo hemos estado y no lo estaremos. Jesús nos llama por nuestro propio nombre, así como lo hizo con los doce apóstoles; él conoce nuestras historias y nos quiere para fortalecernos, aliviarnos y darnos la paz que necesitan nuestros corazones. También nos llama para extender su Reino y llevar su mensaje de amor y misericordia a otros que estén “cansados y abatidos”, porque su amor está en nosotros; su amor es fe y esperanza.
Por tanto, hermanas y hermanos en Jesucristo, hoy la invitación es a buscar en cada espacio y tiempo que encontremos, el acercamiento a aquél que nos llama, en la oración, la lectura de su Palabra y la reflexión de los acontecimientos cotidianos; así, sentiremos su presencia guiándonos, de modo que, el Pentecostés que como Iglesia hemos celebrado recientemente, sea un avivamiento del Espíritu Santo en nuestras vidas.
Cada mañana al abrir nuestros ojos y cada noche al cerrarlos, sintamos el gozo y la alegría de sabernos amados, protegidos y bendecidos por Dios, con una sonrisa en nuestro rostro como señal de nuestro discipulado.
El Rvdo. Israel Portilla-Gómez es sacerdote colombiano trabajando como rector asociado en St. Mary’s Episcopal Church. 2222 E Tudor Rd, Anchorage, AK 99507. Israel@GodsView.org. (907) 563-3341. Ext. 13.
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