Sermones que Iluminan

Sexto Domingo de Pascua (C) 2010

May 09, 2010

Leccionario Dominical, Año C
Preparado por el Rvdo. Alex G. Montes-Vela

Hechos 16:9-15; Salmo 67; Apocalipsis 21:10, 22-22:5; San Juan 5:1-9

“Y Jesús le preguntó: ‘¿quieres recobrar la salud?’ El enfermo le contestó: “Señor, no tengo a nadie que me meta en el estanque cuando se remueve el agua. Cada vez que quiero meterme, otro lo hace primero. Jesús le dijo: Levántate, toma tu camilla y anda” (Jn 5:6b-8).

¿Alguna vez se ha sentido desesperado(a) o como si cualquier rastro de esperanza se hubiera desvanecido?

En la lectura del evangelio, leemos acerca de un encuentro entre Jesús y un hombre enfermo. Este hombre se encontraba acostado bajo uno de los pórticos de un estanque llamado Betesda. El término arameo Betesda puede significar ‘casa de gracia’ o ‘casa de misericordia’. En cada uno de los cinco pórticos de este estanque había muchos enfermos, cojos y tullidos acostados en el suelo (Jn 5:3b). El hombre de la lectura había estado enfermo durante treinta y ocho años.

Algunos manuscritos bíblicos antiguos incluyen que se daba la creencia de que en el momento en que el agua del estanque de Betesda burbujeaba o se removía (causado por un ángel que tocaba el agua), la primera persona en entrar en el estanque quedaba sanada. No sabemos si en realidad esto sucedía, pero la probabilidad de que pudiera suceder atraía a gran número de enfermos que se quedaba en torno al estanque. Nos podemos imaginar que en el momento en que alguien notaba algún movimiento en el agua, comenzaba una gran carrera entre los enfermos para ser el primero en meterse en el estanque. En esa situación se encontraba el hombre enfermo de la lectura.

Jesús le pregunta: “¿Quieres recobrar la salud?” ¿Cómo se sentiría usted al escuchar tal pregunta, especialmente si hubiera estado enfermo o enferma durante treinta y ocho años, o en otros números, 456 meses, ó 13,870 días, ó 332,880 horas? El hombre responde: “Señor, no tengo a nadie que me meta en el estanque cuando se remueve el agua. Cada vez que quiero meterme, otro lo hace primero”.

La respuesta parece decirnos que tal vez el enfermo no esperaba ser sanado por Jesús. Es posible que ni tuviera idea quién era este hombre que le hacía la pregunta. El hombre enfermo sólo le da a Jesús información del porqué continuaba enfermo; estaba solo, sin que nadie le ayudara. Tal vez el hombre había llegado a un punto de resignación con su situación, aceptando que su sanación era algo imposible. Sin embargo, puede ser que tuviera por lo menos un poquito de esperanza que yacía enterrada bajo los treinta y ocho años de su enfermedad. Tal vez por eso se encontraba cerca del estanque de Betesda. Cuando Jesús le dice: “Levántate, toma tu camilla y anda”, el hombre enfermo recupera su salud, agarra su camilla y comienza a andar. Tal vez pudiera haber dicho: “Señor, lo que me pides que haga es imposible”. Cualquiera que fuera su nivel de fe y esperanza, el hombre recupera su salud, se levanta y anda.

¿Cuántas veces nos hemos sentido sin esperanza en nuestra situación o tal vez con un poquito de esperanza, la cual sólo se puede ver bajo la lente de un poderoso microscopio? Puede que la situación haya sido o sea una enfermedad, como el hombre de la lectura, o el quebrantamiento de una relación o la pérdida de un trabajo o sentimientos de culpabilidad o de inferioridad que hayan llegado a paralizarle. Puede que sea su culpa o la culpa de otros. Se dice a si mismo: “Estoy solo. Estoy sola. No hay nadie que me ayude. No hay nadie que me dé la respuesta. No tengo a nadie que me meta en el estanque para que recupere mi salud, para que sobrepase esta situación”.

Al oír la voz de Jesús que nos pregunta: “¿Quieres recobrar la salud?”, tal vez no sepamos qué contestar. Hemos llegado a convencernos de que no hay solución a nuestro problema, a nuestra situación. Ya no recordamos lo que es tener esperanza. Pero eso no importa. Con sólo responder a Jesús, es el poder de Dios, con su gracia y misericordia, el que nos levanta cuando menos lo esperamos. Puede que sean treinta y ocho años, como la enfermedad del hombre en la lectura, o cuarenta años, como lo que duró el viaje de los israelitas por el desierto hacia la Tierra Prometida. O tal vez sean unos días, semanas, o meses que nos parecen tan largos como si fueran treinta y ocho años. Tengamos fe. Tengamos paciencia. Continuemos esperando porque Dios sí ha oído nuestras peticiones y actuará cuando menos lo esperamos, o de una manera que no esperábamos.

El cantante cristiano Jesús Adrián Romero escribe en su canto: “Esperar en Ti”:

Esperar en Ti, difícil sé que es
Mi mente dice no, no es posible.
Pero mi corazón, confiado está en Ti,
Tú siempre has sido fiel, me has sostenido.

Y esperaré pacientemente, aunque la duda me atormente,
Yo no confío con la mente, lo hago con el corazón.
Y esperaré en la tormenta, aunque tardare tu respuesta
Yo confiaré en tu providencia. Tú siempre tienes el control.
©1999 Vástago Producciones

¿Quieres recobrar la salud? Cuando Jesús te dice: “¡Levántate, toma tu camilla y anda!” ¡Hazlo!, no con tus fuerzas, pero con la fuerza que viene de Dios. Comienza a correr y proclama como el salmista: “Con paciencia esperé al Señor; se inclinó a mí y oyó mi clamor. Me sacó del pozo de la desolación, del lodo cenagoso; puso mis pies sobre peña y enderezó mis pasos” (Sal 40:1-2).


— El Rvdo. Alex G. Montes-Vela está fundando la Iglesia Episcopal Santa María Magdalena  en Manor, Texas, un suburbio al noreste de Austin (www.iamsmm.com). Anteriormente fue capellán episcopal de estudiantes universitarios de Baylor University en Waco, Texas.

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Contacto:
Rvdo. Richard Acosta R., Th.D.

Editor, Sermones que Iluminan