Estudio Bíblico: Propio 20 (A) – 20 de septiembre de 2026

LCR: Éxodo 16:2-15; Salmo 105:1-6, 37-45; Filipenses 1:21-30; Mateo 20:1-16

¿Qué significa para ti vivir una vida digna del evangelio?

Oración inicial |

Concede, buen Dios, que no nos turben las cosas terrenales y que aprendamos a amar las celestiales; y, aunque hoy estemos rodeados de cosas pasajeras, nos aferremos a las permanentes; por Jesucristo nuestro Señor, que contigo y el Espíritu Santo vive y reina, un solo Dios, ahora y siempre. Amén.

Contexto |

A lo largo del Evangelio de Mateo, Jesús invita a sus discípulos y seguidores a considerar enfoques novedosos respecto a la sabiduría tradicional. En el Sermón del Monte, Jesús utiliza con frecuencia la fórmula: «Han oído que se dijo», seguida de alguna suposición común. Sin embargo, en cada caso, Jesús plantea luego un desafío: «Pero yo les digo», refinando la costumbre tradicional con una nueva práctica que enfatiza más claramente la importancia de la justicia, la compasión y el amor en nuestra vida en comunidad. Todo el evangelio puede leerse desde esta perspectiva. Se obtiene una comprensión más profunda del texto cuando los lectores se preguntan cómo una narrativa, un discurso o una parábola en particular revelan la justicia, la compasión y el amor de Dios, y cómo nuestra nueva comprensión podría influir en nuestra forma de vivir.

En el texto del leccionario de hoy, el relato de Mateo sobre la parábola del dueño de la viña sigue inmediatamente a la historia del joven rico que le pide a Jesús que le explique los requisitos específicos necesarios para la salvación. Él y Jesús repasan lo básico —debe evitar el homicidio, el adulterio, el robo y la mentira; debe honrar a sus padres y amar a su prójimo como a sí mismo—, pero el hombre tal vez sienta que falta algo más. Ha seguido los principios básicos de la ley, pero tal vez aún no conoce la paz que proviene de «vivir esté de acuerdo con el evangelio de Cristo» (Fil 1:27). Jesús aconseja al joven que se libere de sus posesiones y participe en la economía restauradora de Dios. Pero el joven se resiste a desprenderse de su riqueza. Jesús entonces reflexiona sobre lo difícil que es para las personas ricas vivir en una relación correcta con Dios.

Este mensaje resulta totalmente impactante tanto para sus discípulos como para el público moderno, ya que hemos sido condicionados culturalmente a creer inconscientemente que las personas ricas deben ser más dignas, más trabajadoras o merecedoras por naturaleza que las personas pobres. Los discípulos, al igual que nosotros, actúan desde una teología irreflexiva y automática que asume que Dios otorga riqueza a algunos de acuerdo con su mérito. Jesús ofrece una visión contraria: que la riqueza tal vez no sea una bendición en absoluto. Con esto, sugiere que el reino de los cielos no seguirá el orden social al que estamos acostumbrados. Jesús cuenta esta parábola para explicar la jerarquía al revés del reino, donde «muchos que ahora son los primeros, serán los últimos; y muchos que ahora son los últimos, serán los primeros» (Mateo 19:30).

Reflexión teológica |

En la lectura del Evangelio de hoy, Jesús enseña que el reino de los cielos es como un terrateniente que va al mercado a contratar trabajadores y negocia un salario específico con el primer grupo que contrata. A lo largo del día, va incorporando a más trabajadores a su lista cuando se da cuenta de que hay más gente que aún necesita trabajo, y les asegura a cada grupo que les pagará «lo que sea justo». Cerca del final del día, hace un viaje más a la plaza del mercado y ve que algunas personas aún están allí. Cuando les pregunta por qué siguen ahí, le responden que nadie los ha contratado, y él les dice que vayan a la viña, sin mencionar nada sobre el salario.

Al final del día, le indica a su administrador que pague a los trabajadores en orden inverso, y les paga a todos el salario específico que negoció el primer grupo, las únicas personas que tuvieron la capacidad de decidir en qué medida se les pagaría. El primer grupo de jornaleros se queja ante el dueño de la viña de que no es justo que el dueño ponga a todas estas otras personas «igual que a nosotros, que hemos aguantado el trabajo y el calor de todo el día» (Mateo 20:12), y el dueño de la viña les recuerda que puede hacer lo que quiera con su propio dinero.

Como todas las parábolas, la parábola de los trabajadores de la viña se resiste a una interpretación sencilla; sin embargo, nos brinda la oportunidad de ampliar nuestra comprensión de las características del reino de Dios, de la propia naturaleza de Dios.

Los trabajadores insatisfechos ponen de manifiesto el peligro de una empatía insuficiente. Están tan absortos en su propia experiencia de trabajo y sol que son incapaces de imaginar los desafíos que enfrentan cualquiera de los otros grupos de trabajadores. Si bien es cierto que los primeros contratados trabajaron bajo el sol todo el día, los aspirantes a trabajadores que esperaban ser contratados permanecieron bajo el mismo sol, en el mismo calor. Es posible que los que fueron contratados en el primer grupo hayan pasado todo el día trabajando, pero se les ahorró la carga de preocuparse por si lograrían ganar el salario que necesitaban para alimentar a sus familias, el salario que necesitaban para sobrevivir.

Los trabajadores insatisfechos tal vez se hayan convencido a sí mismos de que fueron contratados primero porque tenían más méritos y eran más dignos que aquellos que tuvieron que soportar un día entero de estar de pie, esperando, preocupándose y preparándose mentalmente para pasar hambre. La parábola demuestra cuán rápido la falta de empatía puede generar amargura en el corazón de los trabajadores. En lugar de disfrutar del salario que acordaron, su propia satisfacción se ha visto envenenada. La práctica del terrateniente de tratar a todos con equidad ahora les parece una injusticia.

El terrateniente refuta esto, recordándoles que su generosidad hacia los otros trabajadores —proporcionar trabajo y un salario diario justo para todos— no les quita nada a ellos. Por el contrario, su generosidad crea una comunidad donde todos tienen lo suficiente para sobrevivir. Los últimos y los primeros pueden ser tratados por igual, porque no hay «primeros» ni «últimos» cuando existe la verdadera igualdad.

Preguntas para la reflexión |

  • ¿Cuándo has sido testigo de un acto de generosidad inesperado? ¿Cómo lo recibiste? ¿Te resultó fácil o difícil?
  • ¿Alguna vez has sentido frustración, como la que sintieron los primeros trabajadores contratados, ante un acto de generosidad inesperado hacia otras personas en tu vida? ¿De dónde provenía esa frustración?
  • ¿Qué te dice esta parábola acerca de Dios?
  • ¿Qué significa para ti vivir una vida digna del evangelio?

La fe en la práctica |

Tómate un momento cada día de esta semana para practicar y desarrollar tus habilidades de empatía activa. Elige cada día a una persona diferente en la que concentrarte durante tu tiempo de meditación y oración. Pueden ser personas cercanas a ti o de un círculo más lejano. Imagina cómo podría ser su vida, qué dificultades podrían enfrentar que sean diferentes a las tuyas y en qué aspectos su vida podría ser similar a la tuya. Deja que esta empatía te inspire a orar por ellos.

Kelly Lauer es diácona en la Diócesis de Los Ángeles y está discerniendo un llamado al ministerio parroquial. Recientemente terminó una Maestría en Teología en la Church Divinity School of the Pacific. Además de desempeñar su labor como diácona, trabajar a tiempo completo en la administración de una universidad y criar junto a su cónyuge a dos adolescentes, a Kelly le gusta crear arte y componer música.