Estudio Bíblico: Propio 21 (A) – 27 de septiembre de 2026

LCR: Ezequiel 18:1-4, 25-32, Salmo 25:1-8, Filipenses 2:1-13, Mateo 21:23-32

¿Cómo pones en práctica tu confianza en la autoridad y el control de Dios? ¿En qué aspectos te cuesta hacerlo?

Oración inicial |

Dios, que manifiestas tu gran poder principalmente en tu gran misericordia: Concédenos tu gracia en plenitud para que, corriendo en pos de tus promesas, tengamos parte en tu tesoro celestial; por Jesucristo nuestro Señor, que contigo y el Espíritu Santo vive y reina, un solo Dios, ahora y siempre. Amén.

Contexto |

Situado en el contexto de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, Mateo 21:23-32 se centra principalmente en la autoridad. A lo largo de todo el capítulo 21 de Mateo, Jesús ha ido dejando clara su identidad mesiánica y su autoridad sobre el templo. Como Mesías de Dios, tiene autoridad total sobre el templo. El capítulo comienza con Jesús enviando a sus discípulos a un pueblo. Tan pronto como entran al pueblo, Jesús les dice que encontrarán «una burra atada, y un burrito con ella» (Mateo 21:2). Esta es la burra que Jesús montará para entrar en Jerusalén y cumplir así la profecía de Zacarías 9:9. La profecía predice cómo el pueblo se regocijará y gritará al ver llegar a su rey victoriosamente montado en una burra. Ahora Jesús entra a Jerusalén montado en la burra, y el pueblo lo proclama rey, cumpliendo así la profecía de Zacarías.

Tras entrar a Jerusalén, Jesús comienza a interferir en las actividades habituales del templo. Purifica el templo, expulsa a los cambistas, sana a los ciegos y a los cojos, y enseña en el templo.

El pasaje de hoy tiene lugar cuando Jesús regresa al templo al día siguiente. Las acciones de Jesús del día anterior han molestado a los sumos sacerdotes y a los ancianos del templo. Las autoridades quieren saber de dónde obtuvo Jesús la autoridad para interferir en los asuntos del templo.

A primera vista, las respuestas de Jesús parecen evasivas. Él dice: «¿Quién envió a Juan a bautizar, Dios o los hombres? Si ustedes me responden, yo les diré con qué autoridad hago esto» (Mateo 21:24-25). Aunque esto pueda parecer una respuesta enigmática, Jesús está vinculando sus acciones y su identidad con las de Juan el Bautista. En la Biblia, a Juan se le describe como el enviado de Dios con el espíritu y el poder de Elías. Él es quien prepara el camino para Cristo (Lucas 1:13-17). Los lectores de Mateo saben que Juan se refirió a Jesús como alguien más grande que él mismo (Mateo 3:11). El hecho de ser más grande incluso que Juan establece la autoridad de Jesús: Él es quien tiene autoridad total sobre el cielo y la tierra.

Reflexión teológica |

Ahora que la autoridad de Jesús ha quedado establecida tanto por sus palabras como por sus obras, él habla desde esa autoridad, enseñando sobre el reino de Dios a través de una parábola.

La parábola de Jesús en este pasaje presenta a dos hijos. A ambos se les pide que trabajen en la viña de su padre. El primer hijo rechaza esta invitación, pero luego cambia de opinión y, al final, va a la viña. El segundo hijo acepta la invitación de inmediato, pero no realiza el trabajo.

Jesús identifica entonces a los sumos sacerdotes y a los ancianos con uno de los hijos de la historia: el segundo hijo. Al igual que el segundo hijo de la parábola, ellos han dicho que sí a servir en la viña de Dios, pero en realidad no han realizado el trabajo. Fíjate cómo a Cristo, quien tiene la máxima autoridad en el templo, los líderes religiosos le preguntan allí mismo de dónde recibió su autoridad. Su autoridad asumida los ha cegado ante Aquel que está en medio de ellos. No saben que están hablando con aquel a quien apunta el templo.

«Les aseguro que los que cobran impuestos para Roma, y las prostitutas, entrarán antes que ustedes en el reino de los cielos», les dice Jesús. Este grupo inesperado para heredar el reino obtiene la entrada al comportarse como lo hace el primer hijo: arrepintiéndose de las formas en que no están siguiendo a Dios. «Porque Juan el Bautista vino a enseñarles el camino de la justicia, y ustedes no le creyeron; en cambio, esos cobradores de impuestos y esas prostitutas sí le creyeron. Pero ustedes, aunque vieron todo esto, no cambiaron de actitud para creerle». Por su autoridad, Jesús ha utilizado esta parábola para mostrar que el reino de Dios está disponible para cualquiera que se arrepienta y siga a Dios.

Curiosamente, el pasaje no menciona una tercera reacción posible: un hijo que acepta con alegría el llamado de su padre y realiza la tarea. Esta omisión es intencional, ya que apunta a la realidad de que Cristo es el único hijo perfecto del Padre.

Al someterse al hijo perfecto, aquel que tiene la autoridad suprema, la Iglesia y sus miembros serán transformados en hijos capaces de escuchar el llamado de Dios y obedecerlo. Llegar a este punto requiere toda una vida de sometimiento de la autoridad y el control a Cristo. Pero podemos llegar cuando confiamos en la autoridad suprema de Cristo.

Jesús, la encarnación de Dios, ha recibido toda autoridad en el cielo y en la tierra. Se puede confiar en la autoridad de Cristo porque proviene directamente de Dios. El despojo de sí mismo y la obediencia de Cristo son las expresiones perfectas de la verdadera autoridad.

Más adelante, en el Evangelio de Mateo, Jesús usará su autoridad sobre el cielo y la tierra para enviar a sus seguidores a la viña. «Dios me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra.Vayan, pues, a las gentes de todas las naciones, y háganlas mis discípulos; bautícenlas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Por mi parte, yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo» (Mateo 28:18-20). Al igual que los dos hijos de la parábola, estamos llamados a la viña. La autoridad perfecta de Cristo nos concede la gracia de someter nuestra voluntad a la suya. Prestemos atención a este llamado.

Preguntas para la reflexión |

  • Someterse a la autoridad puede ser un reto para muchos. ¿En qué aspectos de tu vida podrías necesitar practicar el sometimiento a la autoridad?
  • ¿Cómo pones en práctica tu confianza en la autoridad y el control de Dios? ¿En qué aspectos te cuesta hacerlo?
  • ¿Por qué crees que los sumos sacerdotes y los ancianos no entendieron la identidad y la autoridad de Jesús? ¿Qué es lo que nos ciega hoy en día ante la presencia de Jesús en nuestras mentes?
  • ¿Hay algún aspecto de tu vida que aún no hayas entregado a Dios?
  • ¿En qué momento de tu vida has escuchado a Dios llamándote? ¿Respondiste? ¿Llevaste a cabo lo que te pidió?

La fe en la práctica |

Las experiencias de abuso de autoridad pueden hacernos difícil someternos a la autoridad perfecta de Dios. Tómate un tiempo esta semana para reflexionar sobre qué es lo que te dificulta entregarte por completo a Dios. Invita a Dios a esos lugares en tus momentos de oración. Podrías imaginar tu cuerpo como un templo y visualizar la presencia de Dios llenando esos espacios. O tal vez puedas imaginar esos lugares oscuros o momentos de tu vida que mantienes ocultos, llenándolos con la luz y el amor de Dios. ¿Cambia algo dentro de ti?

Jason Flack es diácono en transición en la Diócesis Episcopal de Florida. Está terminando su último año de seminario en el Seminario Teológico Nashotah House, en Wisconsin, donde vive con su esposa y su cachorro. Al graduarse, se desempeñará como vicario en la Iglesia de Nuestro Salvador en Jacksonville, Florida. En su tiempo libre, al diácono Jason le encanta experimentar con cafés especiales y pasar tiempo al aire libre con sus amigos.