Estudio Bíblico: Propio 24 (A) – 18 de octubre de 2026
LCR: Éxodo 33:12-23; Salmo 99; 1 Tesalonicenses 1:1-10; Mateo 22:15-22

Oración inicial |
Dios poderoso y eterno: en Cristo has revelado tu gloria entre todas las naciones; preserva tus obras misericordiosas para que tu iglesia persevere con fe firme en confesar tu nombre por el mundo entero; por Jesucristo nuestro Señor, que contigo y el Santo Espíritu Santo vive y reina, un solo Dios, ahora y siempre. Amén.
Contexto |
A lo largo del Evangelio de Mateo, la enseñanza de Jesús subraya la importancia de la tradición judía que se encuentra en la Ley y los Profetas. Él da testimonio de que no vino a abolirlas, sino a cumplirlas (5:17-20).
Sin embargo, existe una tensión a lo largo de todo el Evangelio: una tensión entre este respeto por la tradición judía y la revelación de que, en Jesús, Dios está interactuando con la humanidad de una manera nueva (cf. 12:6, 9:2-8). Jesús entra con frecuencia en conflicto con los líderes fariseos respecto a la interpretación correcta de la ley judía.
La lectura de hoy muestra una de esas interacciones entre Jesús y un grupo de fariseos. La escena tiene lugar en Jerusalén durante la última semana antes de la crucifixión de Jesús. La narración deja claro que Jerusalén será un territorio peligroso para Jesús, pero su misión lo obliga a ir allí de todos modos. Durante su entrada triunfal en la ciudad, las multitudes gritan «Hosanna», que significa «sálvanos» (21:1-11). Jesús provoca otro gran revuelo en el Templo cuando vuelca las mesas de los cambistas y expulsa a los compradores y vendedores (21:12-17). Más tarde, Jesús regresa nuevamente al Templo y enseña una serie de parábolas (21:23-22:14). La lectura de hoy tiene lugar durante esa misma visita al Templo.
Reflexión teológica |
En la película El retorno del Jedi, cuando las naves espaciales rebeldes están a punto de atacar la Estrella de la Muerte, el líder rebelde, el almirante Ackbar, se da cuenta de que el malvado Imperio Galáctico los ha llevado a una trampa. Su exclamación alarmada de «¡Es una trampa!» se convirtió en un meme popular en Internet, uno que sería apropiado para ilustrar la lectura del Evangelio de hoy.
La escena comienza con un grupo de fariseos «pusieron de acuerdo para hacerle decir a Jesús algo que les diera motivo para acusarlo» (v. 15). No es la primera vez que los líderes religiosos intentan poner a prueba a Jesús, tratando de que diga algo que lo incrimine (cf. 16:1, 19:3). En esta ocasión, se alían con algunos herodianos. No se sabe mucho sobre este último grupo, pero probablemente se trataba de una especie de partido político secular que apoyaba al rey cliente pro-romano que gobernaba Palestina.
Los fariseos y los herodianos formaban una alianza inverosímil, ya que los fariseos solían criticar la ocupación romana, mientras que los herodianos eran activos facilitadores y benefactores de la misma. Pero aquí se unen en su oposición al mensaje de Jesús sobre el Reino de los Cielos.
Los discípulos de los fariseos se acercan primero a Jesús con halagos insinceros antes de preguntarle si es lícito o no pagar impuestos al emperador (vv. 16-18). En aquella época —al igual que en la nuestra— los impuestos eran un tema muy debatido. El pueblo judío resentía el tener que pagar impuestos a un gobernante lejano que les había robado su tierra. Peor aún: los romanos utilizaban los impuestos no solo como fuente de ingresos, sino como un medio para aumentar su subyugación.
Los fariseos y los herodianos intentan tenderle una trampa a Jesús con esta pregunta porque saben que responder ya sea que sí o que no le causará problemas. Si responde “No”, entonces es culpable de incitar a desobedecer la ley romana. Si responde «Sí», seguramente perderá el apoyo de las masas judías, que sentían resentimiento hacia los romanos y sus impuestos.
Pero Jesús está «dándose cuenta de la mala intención que llevaban» y evita la trampa, señalándolos por ponerlo a prueba. Éllos tilda, a su vez, de «hipócritas» (v. 18). Jesús pone al descubierto su hipocresía al hacer que le muestren un denario, una moneda que representaba aproximadamente el salario de un día normal. El hecho de que tengan la moneda a la mano demuestra que ya están participando en el mismo sistema económico sobre el que lo están interrogando. Jesús no tiene un denario consigo.
Un denario tenía grabada la imagen del emperador, así como su título, que reivindicaba la divinidad. Al hacerles sacar la moneda y leer su inscripción, Jesús expone aún más la hipocresía de quienes lo interrogan: justo aquí, en el Templo, con esta moneda, están violando el mandamiento contra las imágenes talladas (Éxodo 20:4).
Al final, Jesús no responde a la pregunta sobre el pago del impuesto al emperador. (Ya había señalado anteriormente la naturaleza explotadora del impuesto, en Mateo 17:24-27; sin embargo, aún así pagó el impuesto con una moneda que Pedro sacó de la boca de un pez.) En este intercambio, reconoce la realidad del poder político de Roma y que no todos participan voluntariamente en la economía del imperio; simplemente no tienen otra opción.
Sin embargo, la respuesta de Jesús no le otorga autoridad moral al emperador. En el pensamiento religioso judío, los reyes extranjeros solo podían gobernar a Israel si Dios lo permitía. El emperador puede cobrar impuestos al pueblo, pero no tiene poder sobre Dios. Jesús dice que hay que dar «a Dios lo que es de Dios» (v. 21). Y como revela el Salmo 24:1, «Del Señor es la tierra y todo lo que contiene».
La enseñanza de Jesús aquí es un recordatorio de que, aunque el emperador pueda tener poder político, este palidece en comparación con el poder de Dios. Esta pequeña moneda con la imagen del emperador no es nada comparada con todo lo que pertenece a Dios. La imagen del emperador puede aparecer en la moneda, pero cada ser humano lleva la imagen de Dios (Génesis 1:26). Incluso el rostro del emperador en la moneda rinde homenaje a su Creador.
La respuesta de Jesús sobre los impuestos deja en manos de cada uno el discernimiento sobre cómo participar en las estructuras de este mundo, pero también ofrece un fuerte recordatorio de que estamos llamados a vivir de acuerdo con los valores del reino de los cielos. Toda nuestra vida debe ser entregada a Dios (Romanos 12:1).
Quienes le preguntaron a Jesús se fueron asombrados, pero el texto es ambiguo sobre si la trampa de los conspiradores funcionó al final o no (v. 22). Quizás su respuesta le hizo perder a Jesús el apoyo de entre la multitud, porque más adelante esa misma semana, la misma multitud que lo aclamó a su llegada a Jerusalén gritará que lo crucifiquen (Mateo 27:22-23).
Jesús es un revolucionario, pero su revolución no consiste en avivar una revuelta política. Jesús se dirige hacia la cruz, y su revolución solo se manifiesta a través del amor (Mateo 27:32-54).
Preguntas para la reflexión |
- ¿Cuándo te has sentido atrapado en sistemas o situaciones en las que no tenías más remedio que participar, pero que te inquietaban por cuestiones morales?
- Recuerda un momento en el que te costó discernir cómo vivir tu fe en el mundo. ¿Qué fue lo que te ayudó a ver las cosas con claridad?
- Tú eres imagen de Dios. ¿Qué aspectos de tu vida necesitas entregar o volver a entregar a Dios?
La fe en la práctica |
Haz una lista de las cosas que te pertenecen o que consideras «tuyas». ¿De qué manera cambiaría tu forma de entenderlas si pensaras que estas cosas le pertenecen a Dios? ¿Hay algo que te gustaría cambiar en tu vida cotidiana? ¿De qué manera este cambio de perspectiva te invita a reflexionar sobre la administración responsable o las donaciones caritativas?
Brandon Medley es candidato al sacerdocio en la Diócesis de Georgia. Está cursando el último año del programa híbrido de Maestría en Divinidad (M.Div.) en el Seminario Teológico General. Brandon trabaja como especialista en intervención conductual en una escuela primaria. Le gusta compartir su vida con su esposa, Elizabeth, y sus dos perros, Fred y Betty. Le gusta el senderismo, la observación de aves y Star Wars.





