Estudio Bíblico: Propio 25 (A) – 25 de octubre de 2026
LCR: Deuteronomio 34:1-12; Salmo 90:1-6, 13-17; 1 Tesalonicenses 2:1-8; Mateo 22:34-46

Oración inicial |
Dios de poder y vida eterna: haz crecer en nosotros los dones de fe, esperanza y caridad; y, para obtener tus promesas, inspira en nosotros el amor por tus mandatos; por Jesucristo nuestro Señor, que contigo y el Espíritu Santo vive y reina, un solo Dios, ahora y siempre. Amén.
Contexto |
Al inicio de Mateo 22, Jesús ya ha entrado en Jerusalén y ha comenzado su camino hacia su pasión (que se narrará en los capítulos 26 y 27). Tras su purificación del Templo y una serie de parábolas dirigidas a las autoridades religiosas, se desarrolla a continuación una serie de preguntas y diálogos que constituyen el contenido principal de este capítulo.
En primer lugar, los fariseos envían a varios discípulos y herodianos (aquellos lealmente comprometidos con el trono de Herodes y su familia) para preguntarle a Jesús sobre la legalidad de pagar impuestos. Estos dos grupos pueden parecer una combinación extraña para ser descritos como una unidad; sin embargo, es evidente que tenían un acuerdo común sobre la naturaleza disruptiva y subversiva de la identidad y el ministerio de Jesús, y se unieron en un intento por desacreditarlo.
A continuación, los saduceos interrogan a Jesús sobre el matrimonio, la resurrección y la vida después de la muerte. A diferencia de los fariseos, los saduceos sostenían que el alma perecía al morir. En su opinión, la resurrección de los muertos no era una idea respaldada por las Escrituras.
Después de que Jesús deja sin respuesta a ambos grupos de interrogadores, los fariseos envían a un «maestro de la ley» para poner a prueba a Jesús. La respuesta de Jesús a este interrogatorio entreteje un tapiz de pasajes conocidos de las Escrituras hebreas. Al ser preguntado sobre el mandamiento más importante de la ley, Jesús cita una parte del Shemá, una oración judía fundamental que tiene su origen en Deuteronomio 6:4-9 y que tradicionalmente se recita dos veces al día. Continuando con su respuesta, Jesús reformula un mandamiento que se encuentra en Levítico 19:18: «Ama a tu prójimo, que es como tú mismo». Luego, Jesús les devuelve una pregunta a los fariseos sobre la identidad del Mesías, a lo que los fariseos responden que el Mesías es el «hijo de David». Jesús cita a su vez el Salmo 110 —otro pasaje familiar de las Escrituras que pone fin una vez más a la rápida sucesión de pruebas y preguntas— A través de esta combinación de referencias bíblicas hebreas, tanto críticas como familiares, Jesús continúa construyendo una base sólida para su identidad, misión y ministerio en un momento crucial de la narración del Evangelio.
Reflexión teológica |
En el texto del Evangelio de hoy, Jesús se basa en enseñanzas muy antiguas y conocidas para lograr algo completamente nuevo. Mucho antes, en el Evangelio de Mateo, Jesús había declarado que no había venido a abolir la Ley ni a los Profetas sino a cumplirlos (Mateo 5:17). En este texto de Mateo 22, obtenemos una comprensión más profunda de cómo se ve ese cumplimiento.
Después de todo, cuando le preguntan a Jesús cuál es el mandamiento más importante de la Ley, es evidente que no propone un nuevo mandamiento ni un nuevo dicho. Más bien, recurre a las Escrituras hebreas y une dos pasajes conocidos. Para Jesús, estos dos mandamientos centrales constituyen una lente a través de la cual interpretar toda la Ley. El amor a Dios y el amor al prójimo se encuentran en el centro de la enseñanza y el ministerio de Jesús, así como en el centro de la vida a la que llama a cada uno de quienes lo siguen.
Hay una historia muy conocida del Talmud que se hace eco del espíritu del mensaje de Cristo de hoy. La historia relata cómo un gentil deseaba convertirse al judaísmo. Sin embargo, había una condición: solo se convertiría al judaísmo si un rabino le enseñaba la totalidad de la Torá mientras el aspirante a nuevo converso permanecía de pie sobre un solo pie. Primero, el aspirante acudió al destacado rabino Shammai, quien de inmediato lo echó de su casa al escuchar la inusual petición. Sin embargo, mostrando mucha perseverancia, el hombre se dirigió luego al rabino Hillel, quien aceptó el desafío. Hilel dijo: «No hagas a tu prójimo lo que te resulte odioso. Eso es toda la Torá; el resto es la explicación de esto: ¡ve y estúdialo!» (Brombacher, «On One Foot», chabad.org). Esta historia se hace eco del sentimiento que Jesús expresa al situar el amor al prójimo en el centro de nuestro amor a Dios.
Esta conversación resuena en un contexto cargado de tensión tanto política como religiosa. Los diversos grupos reunidos presentaban diferentes matices en las creencias e interpretaciones de las Escrituras que sostenían sus autoridades religiosas. En su diálogo con Jesús, cada uno albergaba sus propias esperanzas y expectativas sobre el futuro del pueblo de Dios. Cada uno tenía puntos de vista únicos sobre el papel del Mesías venidero, el papel de las autoridades seculares de la época y cómo se cumpliría la ley durante sus propias vidas y más allá. Todos vivían con preguntas apremiantes sobre lo que Dios había planeado para Israel y cómo sería su futuro. Como encarnación de las promesas de Dios y el cumplimiento de gran parte de la expectativa mesiánica, Jesús hace algo bastante sorprendente: fundamenta las preguntas en lo sencillo y lo cotidiano. Incrusta el horizonte del futuro prometido por Dios en las interacciones de la vida cotidiana: la forma en que tratamos a los vecinos y a los extranjeros que están entre nosotros es un reflejo directo de cómo respondemos al amor de Dios por nosotros.
Este amor por el prójimo se extiende más allá de nuestros semejantes para abarcar también a todos aquellos con quienes Dios nos ha conectado en la creación. Amar verdaderamente a nuestro prójimo significa velar por su bienestar y desear que tengan acceso a los mismos recursos y oportunidades que desearíamos para nosotros mismos. Cuando nos cuidamos unos a otros y cuidamos la tierra que nos rodea, participamos del amor de Dios que se nos ha manifestado a través de la persona de Jesucristo.
Es de esta manera que Jesús cumple la ley: no ignorándola, sino resaltando y señalándonos su propósito más central. El amor a Dios no puede separarse del amor al prójimo ni de nuestra responsabilidad hacia el mundo y todos aquellos habitantes, humanos y no humanos, que Dios ha confiado a nuestro cuidado.
Preguntas para la reflexión |
- ¿Hay formas, lugares o prácticas en las que te resulte fácil amar a Dios a través de tu prójimo? ¿Dónde te resulta más difícil?
- ¿Cuándo te ha ayudado el amor que te ha mostrado un prójimo a ver mejor a Dios?
- ¿Quién califica como prójimo en nuestra vocación cristiana? ¿Existe alguien fuera de esta categoría?
- ¿Cómo ves que el llamado a amar a Dios y al prójimo se extiende más allá de la familia humana? ¿Qué ejemplos te vienen a la mente en tu vida cotidiana?
La fe en la práctica |
Esta semana, incorpora a tu oración y pon en práctica el concepto ampliado de “prójimo” de Mateo 22. Identifica a una persona con la que interactúes regularmente, pero con la que hayas tenido poca interacción significativa. Primero, ora por esta persona. Luego, busca una oportunidad adecuada para compartir con ella el amor que Dios le tiene. Quizás eso signifique tener una conversación para conocer mejor su vida y sus intereses, escribirle una tarjeta, darle un pequeño regalo o simplemente tomarte el tiempo para reconocerla de manera significativa. ¡No tiene que ser un gran gesto! Lo importante es fijarte en alguien que se ha convertido en parte del trasfondo de tu vida. Toma la decisión de verla —y tratarla— como tu prójimo de una manera más profunda.
Ethan White se desempeña como vicario en la Iglesia de Cristo de Frederica, en la isla de St. Simons, Georgia, y fue ordenado al diaconado de transición en abril de 2026. Obtuvo una Maestría en Teología en el Seminario Teológico de Virginia, en Alexandria, Virginia, período durante el cual fue seminarista en la Iglesia Episcopal de San Jorge, en Washington, D.C. Anteriormente, trabajó en el ministerio juvenil y familiar en la Iglesia Episcopal de San Esteban, en Richmond, Virginia, y obtuvo una licenciatura en Música e Historia en Sewanee: La Universidad del Sur. Originario de Savannah, Georgia, a Ethan le gusta escribir y tocar música como una forma de fomentar el espíritu de comunidad.





