¿Por qué participar?
Creemos que es un deber de los cristianos cuidar en todos los aspectos a nuestros vecinos, tanto a aquellos con quienes nos encontramos en nuestra vida diaria, como a aquellos cuyas vidas tenemos la oportunidad de moldear a través de nuestro fomento. Nuestra teología nos desafía a amar al mundo sin sucumbir a sus patrones malsanos. Una forma de lograr esto es buscar transformar las injusticias del mundo en busca de la prosperidad que creemos que Dios pretende para toda la creación.
Al llevar a cabo la participación cívica, nuestro objetivo es desarrollar asociaciones sólidas y profundizar nuestras relaciones. Desarrollamos comunión con quienes nos rodean, en especial con quienes están sufriendo. Estas conexiones nos ayudan a ofrecer al mundo una visión del cristianismo que es redentora y restauradora: un camino de esperanza, paz, amor y alegría.
Creemos que todas las personas llevan la imagen de Dios y deben ser tratadas con dignidad. La revelación de la vida, muerte y resurrección de Jesucristo nos impulsa a “buscar la justicia, la libertad y lo que es necesario para la vida de todos”, como se afirma en nuestro catecismo (p. 738).
Dondequiera que viva en el mundo, hay muchas formas de participar: a nivel local y comunitario, en su estado o provincia o en su gobierno nacional. Invitamos a los episcopales a aprender sobre cómo pueden vivir su fe, servir a los demás y trabajar para apoyar los valores del Evangelio. Puede apoyar a sus vecinos participando en ministerios, alentando el apoyo a los hermanos de la Comunión Anglicana y la Iglesia Episcopal, y abogando ante sus funcionarios electos.
¿Por qué participar? Porque, como dice nuestro catecismo, “todas las personas son dignas de respeto y honra, porque todas son creadas a imagen de Dios, y todas pueden responder a su amor” (p. 736)
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