This page is available in: English
Estudio Bíblico: Propio 13 (A) – 2 de agosto de 2026
August 02, 2026
LCR: Génesis 32:22-31; Salmo 17:1-7; 16, Romanos 9:1-5; Mateo 14:13-21

Oración inicial |
Concédenos, Dios bueno, que tu continua gracia defienda y purifique a tu iglesia; y ya que, sin tu ayuda, quedaríamos indefensos, protégenos y gobiérnanos siempre en tu bondad; por Jesucristo nuestro Señor, que contigo y el Espíritu Santo vive y reina, un solo Dios, ahora y siempre. Amén.
Contexto |
El Evangelio de Mateo entreteje una narrativa teológica a lo largo de un recorrido geográfico, mientras Jesús viaja de Galilea a Jerusalén, enseñando y sanando por el camino. En Mateo, el reino de los cielos se convierte en un tema recurrente, presentado a través de una secuencia de cinco discursos principales que da Jesús —una estructura que el autor pudo haber utilizado para reflejar los cinco libros de la Torá en el Antiguo Testamento. En este evangelio, los discursos de Jesús se intercalan entre secciones narrativas, de manera similar a como una película podría utilizar la interacción entre un narrador en tercera persona y el diálogo personal para hacer avanzar la trama.
La lectura del evangelio de hoy viene después del tercer discurso, a veces llamado «Parábolas del Reino», en el que Jesús utiliza historias sobre un sembrador, la maleza y el trigo, una semilla de mostaza y un tesoro escondido en un campo para transmitir la verdad sobre el reino de los cielos. Al concluir las parábolas, Jesús pregunta a los discípulos: «¿Han entendido todo esto?». Estos le aseguran rápidamente que sí, aunque, como veremos en la lectura de hoy, su confianza tal vez sea un poco infundada.
Al inicio de Mateo 14, la perspectiva vuelve a cambiar del discurso a la narración, y nos encontramos con dos banquetes contrastantes, presentados uno tras otro. Primero se nos cuenta de una cena espantosa, en la que Herodes Antipas, incapaz de resistir la presión de su familia y de sus invitados ebrios, pide, en estado de ebriedad, la cabeza de Juan el Bautista como regalo de cumpleaños. Cuando Jesús recibe la noticia de la muerte de Juan, se retira «a un lugar apartado». Esto prepara el escenario para el segundo evento yuxtapuesto en nuestra lectura del leccionario de hoy: un milagro de la alimentación que ofrece un atisbo de cómo podría ser un banquete en el reino de los cielos.
Reflexión teológica |
Cuando Jesús se entera de la muerte de su amigo Juan, se aleja tanto de los discípulos como de la multitud, navegando solo en busca de un lugar más tranquilo. Sin embargo, esta misma noticia parece no hacer más que avivar el interés de la multitud por él y por cómo podría reaccionar ante el asesinato. Curiosos e impacientes, siguen su barca a lo largo de la costa, reuniendo a una multitud cada vez más numerosa a medida que avanzan. En lugar de responder con enojo y frustración, cada uno de los evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) señala que Jesús responde con compasión y acogida. Es la compasión de Jesús la que lo impulsa a regresar a la orilla y reunirse de nuevo con la multitud, sanando a los enfermos que había entre ellos hasta bien entrada la tarde.
Al caer la tarde, los discípulos se acercan a Jesús y le recuerdan lo alejado que están de cualquier lugar y lo tarde que es. Lo animan a que «despide a la gente, para que vayan a las aldeas y se compren comida». Jesús responde: «No es necesario que se vayan; denles ustedes de comer». La primera parte de su declaración, «no es necesario que se vayan», solo aparece en el Evangelio de Mateo y subraya la misma compasión que Jesús encarna cuando regresa a la orilla para enseñar y sanar.
Mateo nos ofrece con esta escena un atisbo de un banquete en el reino de los cielos: a nadie se le rechaza; a todos se les da la bienvenida con una compasión inquebrantable. Esto contrasta directamente con la cena de cumpleaños ebria de Herodes, que solo conduce a la muerte y la violencia. Jesús parte de la premisa de la acogida, mientras que en la corte de Herodes la acogida es una condición que depende de los caprichos del imperio rico y poderoso.
En la segunda parte de la respuesta de Jesús a los discípulos, Mateo nos ofrece otra pista sobre el reino de los cielos. «Denles ustedes de comer», les dice Jesús. Un banquete en el reino de los cielos invita a participantes, no a espectadores. En la corte de Herodes, la cultura de la acogida observa pasivamente mientras se explota la vida como si fuera un juego. En contraste, Jesús invita a los discípulos a unirse a él en una compasión activa, ofreciendo su propia cena como punto de partida para la obra de abundancia de Dios.
Cuando Jesús bendice, parte y devuelve a los discípulos la comida que inicialmente consideraban insuficiente, el poder de Dios transforma lo que ellos percibían como escasez en una abundancia asombrosa. El texto nos dice que son los propios discípulos quienes distribuyen el pan y los peces a la multitud. Siguen participando en la obra de abundancia de Dios hasta que doce canastas se desbordan con las sobras y todos quedan saciados.
Se nos ofrece nuestra propia oportunidad de desempeñar el papel de los discípulos en el banquete de Dios. Lo que es bendecido, partido y entregado a nosotros en la Eucaristía se convierte en el punto de partida para la obra de abundancia de Dios que se va desarrollando. Al igual que los discípulos, estamos invitados a vivir con la compasión de Jesús, no impulsados por la escasez ni por los caprichos del imperio, sino fundamentados en la acogida radical que se extiende a todos los que son alimentados en el reino de los cielos, y a vivirla plenamente.
Preguntas para la reflexión |
- ¿Dónde ves que la compasión de Jesús se manifiesta en tu vida y en nuestro mundo hoy en día?
- Lee el relato del banquete de Herodes en Mateo 14:1-12. ¿Qué contrastes ves entre este banquete y la alimentación de los 5 000? ¿Qué conclusiones puedes sacar sobre las diferencias entre banquetes como el de Herodes y el banquete que Dios ofrece en el reino de los cielos?
- ¿Cómo sería comenzar con la premisa de la acogida en tu comunidad de fe?
- ¿Cómo puede tu vida o tu comunidad convertirse en el punto de partida para la obra de abundancia de Dios?
La fe en la práctica |
Imagina que eres uno de los discípulos que sostiene una de las doce canastas rebosantes de sobras cuando todos ya están saciados. ¿Cómo se ve el contenido de tu canasta? Tómate un tiempo para reflexionar sobre la abundancia de Dios que se desborda en tu vida. Considera escribir algunas de tus reflexiones en una oración de gratitud, compartirlas con un ser querido o crear juntos una lista de la abundancia de Dios en el contexto de tu comunidad de fe.
Katelyn Printz es una postulante de la Diócesis del Este de Tennessee y actualmente cursa su segundo año en el Seminario Teológico de Virginia, en Alexandria, Va. Antes de ingresar al seminario, Katelyn trabajó como maestra de jardín de niños en una escuela episcopal de Kingsport, Tenn., que se basa en el juego, y en un estudio local de yoga. Como parte de sus estudios, trabaja en la Iglesia Episcopal de San Columba en la Ciudad de Washington, y le encanta participar en la pastoral infantil y en los servicios de adoración semanales que se celebran allí. En su tiempo libre, le encanta practicar yoga caliente, leer novelas y hacer caminatas con su esposo Ben y sus perros Max y Athena.
This page is available in: English
¡No olvide suscribirse al podcast Sermons That Work para escuchar este sermón y más en su aplicación de podcasting favorita! Las grabaciones se publican el jueves antes de cada fecha litúrgica.
This page is available in: English


