Estudio Bíblico: Propio 18 (A) – 6 de septiembre de 2026
LCR: Éxodo 12:1-14, Salmo 149, Romanos 13:8-14, Mateo 18:15-20

Oración inicial |
Concédenos, gran Dios, que confiemos en ti de todo corazón; pues, tal como resistes a quienes en su orgullo confían en su propia fuerza, tampoco abandones nunca a quienes se enorgullecen de recibir tu gracia; por Jesucristo nuestro Señor, que contigo y el Espíritu Santo vive y reina, un solo Dios, ahora y siempre. Amén.
Contexto |
El Evangelio de Mateo hace hincapié en el papel de Jesús como rabino, destacando cinco discursos —o bloques de enseñanza— que Jesús ofrece a sus primeros seguidores. Además del famoso «Sermón del Monte», que se encuentra en los capítulos 5 a 7 de Mateo, Jesús enseña sobre la misión (capítulo 10), el reino de los cielos (capítulo 13) y el fin de los tiempos (en los capítulos 24 y 25). En el capítulo 18, los discípulos escuchan el cuarto discurso de Jesús, que se centra en la vida en comunidad. Aquí es donde se pone a prueba la fe, ya que Jesús reconoce abiertamente que habrá conflictos, incluso entre creyentes que se aman unos a otros. Dada la fragilidad humana, los desacuerdos e incluso las divisiones serán inevitables en la iglesia, pero la forma en que el pueblo de Dios responda a sus conflictos marcará la diferencia, tanto para la salud de sus comunidades como para el reino de los cielos.
Reflexión teológica |
“Necesitamos hablar.” Si alguien se te acerca con estas palabras, probablemente no esté diciendo que quiere charlar sobre el clima. Lo que está diciendo es: “Algo se ha roto entre nosotros y necesitamos arreglarlo”. Lo que suceda a continuación en la conversación tendrá consecuencias significativas, para bien o para mal.
Jesús les dice claramente a sus discípulos que la calidad de las relaciones dentro de la iglesia es realmente importante. Partiendo de la premisa básica de que habrá conflictos dentro de la comunidad amada, Jesús establece reglas y prácticas de interacción: prácticas centradas en el amor, el respeto y la reconciliación.
¿Cuáles son estas prácticas?
En primer lugar, les dice a sus seguidores que elijan la profundidad en lugar de la negación: «Si tu hermano te hace algo malo, habla con él a solas y hazle reconocer su falta». Cuando surge un conflicto, la respuesta sana es la honestidad. Nadie debe permitir que una relación herida se marchite en lo superficial, perdiendo toda autenticidad. Los cristianos deben arriesgarse a tener una conversación honesta y esforzarse por lograr una sanación genuina, en lugar de la ilusión de paz o armonía.
En segundo lugar, Jesús les recuerda a sus discípulos que deben proteger la dignidad de los demás: «Si tu hermano te hace algo malo, habla con él a solas y hazle reconocer su falta». Aunque enfatiza la importancia del diálogo, también pide discreción. Debemos proteger la privacidad de los demás, no arrastrar nombres y reputaciones por el lodo. Jesús advierte a sus discípulos que no utilicen el conflicto como una oportunidad para chismear, sacar ventaja a un oponente o dividir a la comunidad en general.
En tercer lugar, insiste en que sus seguidores se esfuercen por ayudarse mutuamente a salvaguardar la verdad: «Si no te hace caso, llama a una o dos personas más, para que toda acusación se base en el testimonio de dos o tres testigos» A veces, una conversación de cara a cara no es suficiente. Cuando ese es el caso, Jesús le dice a la iglesia que involucre a unas cuantas personas más —no para difundir chismes, unírse en contra del infractor o agravar el conflicto—, sino para asegurarse de que la verdad sea expresada, protegida y honrada.
En cuarto lugar, invita a sus oyentes a apoyarse en el Cuerpo: «Si tampoco les hace caso a ellos, díselo a la comunidad» Tendemos a pensar en la iglesia como una asociación voluntaria de individuos autónomos. Por el contrario, las Escrituras describen a la iglesia como un cuerpo, en el que cada parte depende de todas las demás. Y el espacio entre nosotros está lleno nada menos que de la presencia de Dios: «Porque donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos». Nuestra negativa a aceptar esta profunda verdad espiritual no la hace menos cierta. La individualidad puede ser un valor apreciado en las culturas en las que vivimos, pero no es la moneda de cambio de la familia de Dios.
En quinto lugar, exhorta a la comunidad a lamentar la ruptura de las relaciones: a veces, todos los esfuerzos por la reconciliación fracasarán. Para abordar esta circunstancia, Jesús utiliza el lenguaje de perder y recuperar, lo que implica que tales pérdidas deben ser recibidas con dolor. La fractura del cuerpo de Cristo nunca es motivo para regodearse. Cuando una relación se rompe, hemos perdido una extremidad, un órgano, nuestra propia carne y sangre. La respuesta adecuada es el lamento.
Por último, Jesús anima a sus seguidores a practicar la hospitalidad: «Si tampoco hace caso a la comunidad, entonces habrás de considerarlo como un pagano o como uno de esos que cobran impuestos para Roma». A primera vista, esta instrucción podría sonar como un permiso para rechazar o «cancelar» a las personas con quienes tenemos conflictos. Pero consideren cómo trata Jesús a los gentiles y a los recaudadores de impuestos. Recuerden el amor y el respeto con que trata a Zaqueo, o al siervo del centurión romano, o al endemoniado de Gadara, o a la mujer samaritana junto al pozo. Aun cuando lamentamos la ruptura, aun cuando tomamos decisiones dolorosas para salvaguardar a la iglesia, se nos exhorta a practicar la hospitalidad, manteniendo abierta la posibilidad del arrepentimiento, la reconciliación, la restauración y la renovación.
Se trata de un conjunto de prácticas desafiantes y oportunas para nuestro momento cultural.
Jesús invita a la iglesia a vivir el alto llamado de ser una comunidad amada, incluso en momentos turbulentos de conflicto y división. ¿Cómo sería que todo el mundo supiera que somos cristianos, no por nuestra rectitud, sino por nuestro amor? ¿Estamos listos? ¿Estamos dispuestos? Necesitamos hablar.
Preguntas para la reflexión |
- En este pasaje, Jesús describe seis pasos o prácticas para resolver conflictos. ¿Qué paso te resulta más difícil? ¿Por qué?
- ¿Qué prácticas para facilitar la reconciliación después de un conflicto han funcionado en tu propia experiencia? ¿Qué es lo que no ha funcionado tan bien?
- Piensa en alguna ocasión en la que hayas sido testigo de un conflicto en la iglesia. ¿Cómo se manejó el conflicto? ¿Qué consecuencias tuvo para la comunidad?
La fe en la práctica |
¿Con quién necesitas reconciliarte? ¿Estás listo para pedir o ofrecer perdón? Empieza hoy mismo este camino orando por el conflicto: ora por la otra persona; pídele a Dios que te guíe en los pasos que debes dar; vuelve a leer este pasaje de las Escrituras, pidiéndole a Dios que te abra el corazón. Luego, toma una medida concreta para empezar a tender un puente hacia el perdón.
Debie Thomas es diácona en transición en la Iglesia Episcopal de San Marcos en Palo Alto, California, y seminarista en la Escuela de Teología Church Divinity School of the Pacific. Es columnista y editora colaboradora de la revista “The Christian Century,” además de autora de “Into the Mess and Other Jesus Stories” y “A Faith of Many Rooms: Inhabiting a More Spacious Christianity.” Ella y su esposo tienen dos hijos adultos y viven en el norte de California.





