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Estudio Bíblico: Propio 9 (A) – 5 de julio de 2026
July 05, 2026
LCR: Génesis 24:34-38, 42-49, 58-67; Salmo 45:11-18; Romanos 7:14-25a; Mateo 11:16-19, 25-30

Oración inicial |
Dios de toda ternura, nos has enseñado que al amarte a ti y a nuestro prójimo cumplimos todos tus mandatos; concédenos la gracia de tu Espíritu para servirte de todo corazón y estar unidos en cariño puro; por Jesucristo nuestro Señor, que contigo y el Espíritu Santo vive y reina, un solo Dios, ahora y siempre. Amén.
Contexto |
Para abordar el pasaje de hoy del Evangelio según San Mateo, puede ser útil tener en cuenta que se presenta inmediatamente después de un encuentro interesante: Juan el Bautista ha sido encarcelado (posiblemente por criticar el matrimonio de Herodes con la exesposa de su hermano). Sorprendentemente, los discípulos de Juan —a quienes, suponemos, Juan les había repetido su contundente anuncio de que Jesús es el Cordero de Dios, el Salvador del mundo— son enviados por él a preguntarle a Jesús si él es, en efecto, «el que había de venir» (11:3). Encontrándose en la cárcel, el audaz bautizador —vestido de pelo de camello y que se alimenta de langostas— ahora parece preguntarse si ha cometido un error. Quizás sus expectativas sobre lo que sucedería eran diferentes. Jesús está reuniendo y enseñando a las multitudes, pero ciertamente no está al mando del mundo tal como ellos lo conocen.
Lo hermoso de lo que sigue es que Jesús no habla con tono de condena ante la duda de Juan, sino con compasión por su mente turbada. Envía a los discípulos de Juan de regreso para que cuenten lo que han visto del ministerio de Jesús: sanaciones de ciegos, cojos y enfermos, y la predicación de las buenas nuevas a los pobres. Luego dedica un tiempo a alabar a Juan, declarándolo profeta, el más grande de los nacidos de mujer, llegando incluso a decir que Juan es «el profeta Elías que había de venir» —y fíjense en el interesante tiempo verbal aquí: Juan esElías, y Elías aún está por venir. Este contexto es donde comienza nuestro pasaje.
Reflexión teológica |
En la lectura de hoy del Evangelio según San Mateo, Jesús compara primero a sus oyentes con unos niños que están descontentos con sus compañeros de juego. Los expertos no se ponen de acuerdo sobre qué se enseña exactamente en este pasaje ni sobre cómo se aplica la discusión de los niños a Juan el Bautista. Lo que sí podemos ver es que los niños a los que se refiere Jesús se están quejando, diciendo en esencia: «Queríamos jugar a una boda, y no quisiste hacerlo; queríamos jugar a un funeral, y eso tampoco te pareció bien». No importa qué se les sugiera como opción, los niños no se ponen de acuerdo en a qué jugar.
Se les pide a los oyentes que se vean a sí mismos como niños caprichosos, descontentos tanto con Juan por sus prácticas extrañamente ascéticas como con Jesús por las suyas, más lujosas (que, por cierto, coinciden con las de ellos mismos). No importa cómo actúen Jesús o Juan, estos «niños» están descontentos y se quejan. Los niños no saben lo que quieren —o tal vez no quieren lo suficiente, o tal vez no quieren nada en absoluto.
Podría ser, como observó C. S. Lewis en su famoso sermón «El peso de la gloria», «que Nuestro Señor considere que nuestros deseos no son demasiado fuertes, sino demasiado débiles». Somos criaturas poco entusiastas, que nos entretenemos con la bebida, el sexo y la ambición cuando se nos ofrece una alegría infinita, como un niño ignorante que quiere seguir haciendo pasteles de lodo en un barrio marginal porque no puede imaginar qué significa la oferta de unas vacaciones en el mar».
Después de ofrecer una descripción de sus actividades entre la gente como respuesta a la pregunta que hacen los discípulos de Juan, Jesús dice entonces: «Ero la sabiduría de Dios se demuestra por sus resultados». Esto implica que, a pesar de las quejas, es la acción la que revela la virtud y la rectitud de una enseñanza —y de un maestro—. Esta idea de la primacía de la acción seguirá desarrollándose a lo largo de este pasaje, incluso durante un interludio que se omite en la lectura de hoy, el cual describe cómo algunas ciudades rechazaron las enseñanzas de Jesús —y, por lo tanto, la salvación que se les ofrecía— porque no respondieron a las obras que él realizó allí.
A continuación, Jesús ora, poniendo nuevamente a los niños en primer plano. Alaba a Dios por revelar la salvación a los sencillos y a los niños, en lugar de a los sabios e inteligentes. Una vez más vemos que el reino de Dios no depende de esos mismos indicadores de éxito que el mundo valora. Quienes escuchan son invitados y atraídos hacia Jesús, sin importar su nivel de educación. Jesús revela lo que es verdaderamente necesario: no el conocimiento, sino la relación. Enseña que el Padre le ha entregado «todas las cosas», y que nadie conoce al Padre excepto el Hijo y «aquellos a quienes el Hijo quiera darlo a conocer». Esta enseñanza establece tanto su autoridad como la inmensa y generosa apertura de su invitación. La revelación del Padre es encarnada, a la que se accede al conocer a aquel a quien él envió.
La sección final del pasaje del Evangelio de hoy contiene una de las declaraciones más hermosas atribuidas a Jesús: Él llama a todos a venir a él; a todos los que están cansados, los que llevan cargas, los que son humanos. Todos están invitados a acudir a Jesús y aprender de su ejemplo de vida con —y en— Dios. El descanso se encuentra en Jesús mismo: la plenitud de Dios encarnada, la voluntad de Dios caminando, respirando, sanando, hablando, abrazando, alimentando, llorando, riendo, amando. Es Dios quien es manso y humilde de corazón, ofreciendo descanso a todos los que acuden a Jesús.
Preguntas para la reflexión |
- ¿Cómo sería para ti volver a ser más como un niño? ¿Qué cosas, específicamente, tendrías que hacer o cambiar?
- Cuenta una ocasión en la que Dios se mostró tierno o humilde contigo. ¿Cómo fue esa experiencia?
- Si creemos, como dice Jesús, que la sencillez infantil es un rasgo positivo, ¿qué debería cambiar en nuestras interacciones con el mundo y entre nosotros?
La fe en la práctica |
Dedica un rato esta semana a observar a un niño mientras descansa o juega. (¡Puntos extra si es un bebé!) Invita a Dios a que observe contigo y ve qué puedes aprender.
Misty Krasawski es candidata a las órdenes sagradas en la Diócesis Episcopal de Tennessee. Anteriormente, obtuvo una Maestría en Letras con especialización en «La Biblia y el mundo contemporáneo» de la Universidad de St. Andrews, en Escocia. Tiene ocho hijos, de entre 16 y 33 años, tres nueras y un yerno, así como cuatro nietos, y ha dedicado décadas al ministerio con niños, jóvenes y madres en Whole Heart Ministries y en su iglesia local. Le encantaría dedicar más tiempo a explorar las intersecciones entre la maternidad, la teología y el feminismo, y cree que una mejor teología nos ayuda a todos a avanzar hacia un mundo mejor.
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