Cuaresma 5 (C) - 2016

March 13, 2016

El día de hoy, el evangelio de Juan nos invita a participar de una cena muy íntima preparada en honor a Jesús en una casa de Betania a escasos dos kilómetros de Jerusalén. El escenario de esta celebración es el hogar de unos viejos y muy cercanos amigos de Jesús, los hermanos María, Marta y Lázaro. Jesús se dispone a visitar esta casa antes de entrar a Jerusalén por última vez. Pocos días antes este pequeño grupo de amigos había experimentado la conclusión milagrosa de una gran crisis emocional que a todos tenía sumidos en el llanto y el dolor– la muerte y resurrección de Lázaro. Aunque no de una manera formal, ellos eran discípulos de Jesús. Ellos le llamaban Señor porque sabían quién era él. Con ellos Jesús podía ser un amigo íntimo, y a la vez Mesías.

La acción milagrosa y amorosa de Jesús de resucitar a su querido amigo trajo paz y alivio a los corazones de sus amigos. También elevó la alarma de las autoridades religiosas y aceleró la voluntad política de Pilatos de eliminar de una vez por todas, lo que ya no era una simple molestia, sino una verdadera amenaza. Jesús siempre supo las consecuencias de estas acciones, comenzando con su primer milagro público en las Bodas de Caná. Buscaban a Jesús por todas partes, mientras a la vez avanzaba una conspiración para asesinar a Lázaro debido al gran número de personas que al verlo creían en Jesús.

Algunos dicen que Juan, con su particular estilo simbólico, nos representa en esta escena íntima un modelo de lo que son la Iglesia y el verdadero discipulado. Con la proximidad de la Pascua, la hora de Jesús se acerca. La referencia que hace Jesús sobre la preparación de su cuerpo para la sepultura, sólo confirma que su final ha llegado. No obstante, la presencia de Lázaro disfrutando de la buena mesa de aquella noche confirma que la muerte no tiene la última palabra. ¡Muchos, al igual que Lázaro, nos recuerdan hoy en nuestras comunidades de fe los milagros portentosos de Dios entre nosotros! ¡Muchos son testimonios y vivos ejemplos del poder liberador de Dios sobre la muerte, la injusticia y la discriminación!

Las acciones de Marta también encarnan las enseñanzas de Jesús sobre los verdaderos discípulos. Ella es mencionada brevemente: “Allí hicieron una cena en honor de Jesús; Marta servía…”. Muchos intérpretes en el pasado han relacionado las acciones de Marta aquí con la descripción que hace de ella Lucas cuando dice: “atareada con sus muchos quehaceres”. No obstante, es mejor ver el sentido que Juan le otorga a las acciones de Marta con su narración. Las acciones de Marta toman un nuevo sentido al reflejar las enseñanzas de Jesús. Él se refiere al servicio del verdadero discípulo usando la misma palabra aplicada a Marta: “Si alguno quiere servirme, que me siga; y donde yo esté, allí estará también el que me sirva. Si alguno me sirve, mi Padre lo honrará”. ¡Cuán importantes son las “Martas” de nuestras iglesias y comunidades! ¡Cuán clave y decisiva es su labor tanto para sus hogares, como para sus trabajos y comunidades de fe! ¡Cómo se sacrifican mientras otros sólo disfrutamos de sus dones y talentos!

Por otra parte está la crítica de Judas Iscariote, uno de los discípulos íntimos de Jesús, el que lo entrega a la muerte. Judas prefiere que se venda el perfume que María derrama sobre los pies de Jesús, no para dárselo a los pobres, sino porque a él le interesaba. A veces, estos actos de gracia y amor terminan calumniados como sospechosos. Normalmente, la extravagancia, el placer, la efusividad y la exuberancia no son ideas que asociamos con la Cuaresma y el preludio de la Pasión de Jesús. Sin embargo, vemos que Jesús no rechaza a María.

Pero ¿por qué Judas estaba a cargo del dinero destinado al ministerio de Jesús y sus discípulos? ¿Sería esto por algún talento especial en el que se destacaba? ¿Fue este uno de los dones especiales que Judas recibió de hacer seguimiento de los gastos y pagar las cuentas? Si así fue, este es un buen ejemplo de cómo una persona que es dotada y calificada en un área particular de la vida, poco a poco puede sufrir una transformación al interior de sí llegando a distorsionar, torcer y abusar del don y el talento dado por Dios. Esto es lo que le ocurrió a Judas. Judas desea manchar la reputación de María porque sus intereses son sólo mundanos.

Y esto puede ocurrirnos a nosotros. A nosotros, también se nos han dado talentos y habilidades, y podemos sufrir una malformación interior y abusar de los dones que Dios nos ha dado.

Nuevamente Juan hace que Jesús, al hablarle a Judas, se nos dirija a nosotros en realidad; a todos aquellos que se preguntan si la aparente imprudencia de María crea un precedente peligroso. Jesús estaba del lado de los pobres y contra la pobreza. El olvido selectivo omite el contexto de “Nunca dejará de haber necesitados en la tierra”, y el imperativo divino: “y por eso yo te mando que seas generoso con aquellos compatriotas tuyos que sufran pobreza y miseria en tu país”. Jesús no está eternalizando la pobreza sino erradicándola. No hay duda de que la pobreza extrema responde a la riqueza extrema. Estas dos realidades son dos caras de la misma moneda.

En el centro de esta memorable historia está María de Betania. Gracias a unos incidentes previos, recordamos que María fue alabada porque “sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra”. Más tarde, luego de que su hermano Lázaro hubiera muerto, María sale al encuentro de Jesús cuando vino a casa de Lázaro y le suplicó llorando a sus pies; y nuevamente aquí, en Juan, volvemos a ver a María a los pies de Jesús. Algunos hacen referencia a lo inapropiado que era para una mujer el contacto corporal con los hombres en dicha cultura. Quizás la escena ofendió a más de uno, pero es Judas quien reacciona. ¿Se arrepiente de perder la oportunidad de robar de los 300 denarios, ¿o es el pródigo amor de María lo que es demasiado molesto ver? ¿O es acaso el rechazo a la idea de que una mujer pueda acceder al discipulado tanto como lo hacían ellos?

La limpieza que hace María de los pies de Jesús prefigura proféticamente el momento en que él limpiará los pies de sus discípulos. Esto le revela como un modelo de discípulo. El lavado y limpieza de los pies expresa una unidad con Jesús, su Maestro. Asimismo, el dulce aroma del perfume de María contrarresta el hedor de la tumba de Lázaro. Jesús no verá corrupción. La vida y la muerte, la integridad y la corrupción permanecen contrastadas a lo largo de ambas escenas.

El regalo de María supera la extravagancia. Ella gasta una libra de perfume de un valor aproximado al sueldo anual de un obrero. La devoción lujosa contrasta con la tacañería crítica. Este pasaje da permiso, por así decirlo, para honrar a Jesús en formas extravagantes, quizás incluso dando una donación masiva a los pobres. Abracemos el afecto de María como parte de la devoción a Jesús, que consiste nada más y nada menos que en el costoso y precioso regalo de la entrega completa, “hasta el último mechón de pelo”.

 
 
 
 
 
 
 

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