Día de la Ascensión (C) - 2016

May 5, 2016

La forma en la que nos comportamos como personas de fe a veces parece un misterio. Muchas personas vienen y van de la iglesia con poco sentido de compromiso. A veces llegamos por necesidad en otras ocasiones se nos nota más en los tiempos de reflexión como por ejemplo durante las épocas de adviento y de cuaresma. Esto se manifiesta en varias formas:

observan una actitud de reflexión diaria, usan el Oficio Diario y saben qué lecturas toca leer.

tienden a detenerse un poco para Jesús el día que utilizan para acercarse al templo a adorar y dar gracias por sus bendiciones.

prestan atención a los momentos litúrgicos que bien pudiéramos llamar fuertes, cuando se cambia de una estación a la otra. Esos son los días que quieren asistir al templo.

asisten a los cultos cuando pueden.

sienten que dando y haciendo es la mejor forma de dar testimonio.

no saben qué está sucediendo, pero se definen como parte de la comunidad de fe y esto es válido.

¿Haz escuchado a alguien decir…?

“soy cristiano pero, no soy miembro de una iglesia”. O “soy cristiano pero no soy practicante”. O incluso, “Creo en Dios pero no me gusta ir a la iglesia”.

Todas estas explicaciones cuentan una historia de unas personas que declaran, de una forma u otra, que creen en Dios.

En el libro de los Hechos de los Apóstoles los reunidos con Jesús le preguntan:

“¿Vas a restablecer en este momento el reino de Israel?” Jesús les responde:

“…cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes, recibirán poder y saldrán a dar testimonio de mí”.

¿Quiénes eran las personas que estaban reunidas con Jesús ese día?

De cierto, no sabemos mucho de los detalles de la vida de cada persona que estuvo allí, ni tampoco sabemos cómo estaban aprendiendo a vivir su fe.

Aunque no sabemos quiénes estaban alrededor de Jesús, conocemos muchas historias de los evangelios donde Jesús tuvo encuentros con personas que muchos hubieran ignorado. Podemos ubicar en ese grupo no sólo a los discípulos, sino también a quienes nosotros no esperamos que estén. Especialmente esas personas despreciadas, que en algún momento hemos evitado mirar o ayudar, por la razón que sea.

La Iglesia Cristiana se forma de muchas comunidades y las comunidades a su vez de personas. Como cristianos podemos usar estos momentos del año litúrgico, los que nos recuerdan quiénes somos, para ser transformados. Nuestro punto de partida para esta transformación radica en nuestra identidad cristiana. Será muy difícil lograr cambios si no reconocemos quiénes somos.

Ese día de la ascensión los que estaban presentes sabían cuál era su punto de partida y qué querían. Como cristianas y cristianos ¿qué queremos?

No nos basta con estar en el mismo lugar con Jesús, tenemos que saber por qué estamos allí y para qué. De otra manera no sabremos qué sucede y siendo ignorantes en la fe no podemos testimoniar quién es Jesús en nuestras vidas.

Los discípulos no tenían manera de saber que Jesús en algún momento iniciaría su ascenso al cielo, pero ya le habían reconocido como Cristo Resucitado y esto nos dice que sabían por qué estaban allí.

Las personas presentes dieron testimonio de lo que vieron.

Hoy nosotros tenemos el privilegio de contar con un libro que es el resultado de un trabajo continuo de generación a generación en compromiso y fidelidad a Dios, dando testimonio de su grandeza. La Biblia es un resultado tangible de lo que puede suceder cuando hemos sido buenos testigos y decidimos dar testimonio con nuestras palabras y acciones. Al navegar la internet es fácil encontrarse con definiciones para estos dos términos: Testigo y Testimonio.

Primera definición de “testigo”:

Una persona que está presente en un acto o en una acción, con o sin intención de dar testimonio de lo que ha ocurrido.

La segunda definición de “testigo” es la siguiente:

…la persona que ha presenciado un hecho determinado o sabe alguna cosa y declara en un juicio dando testimonio de ello.

Ahora la palabra “testimonio”:

Primera definición:

Es una declaración que hace una persona para demostrar o asegurar la veracidad de un hecho por haber sido testigo de él.

Segunda definición:

Es una prueba que sirve para confirmar la verdad o la existencia de una cosa.

Quien ha estado presente y es testigo no tiene que testimoniar. Pero descrito está en las lecturas de hoy, lo que sucedió después que vieron a nuestro Señor Jesús subir a los cielos. San Lucas lo describe así:

“Y mientras los bendecía, se apartó de ellos y fue llevado al cielo. Ellos, después de adorarlo, volvieron a Jerusalén muy contentos. Y estaban siempre en el templo, alabando a Dios”.

Cuando estamos muy motivados y algo nos conmueve nos gusta ser testigos y decidimos con mucha facilidad dar testimonio de lo vivido y de lo que sentimos, y más especial aún: cómo eso ha cambiado nuestras vidas. Esa fue la experiencia que ellas y ellos vivieron y como resultado, nos dice la lectura al final: “siempre estaban en el templo alabando a Dios”.

¿Por qué voy al templo?

¿Qué haré hoy al salir de la Iglesia con eso que viví?

Cada individuo es un ser especial. Los pastores se enfocan con mucha frecuencia en los sermones, pero pudiera ser que, el cómo me recibiste, fue lo que me cautivó. Quizás fue el canto final o cómo el grupo de niños actuó en el drama que fue parte de la ofrenda a Dios ese día.

Quienes presenciaron la Ascensión de Jesucristo habían sido escogidos por Dios podía haber sido su propósito de vida. Por medio de ellos y ellas—de su testimonio—conocemos lo que sucedió. Pero más aún, reconocemos que hoy nuestro llamado nos empuja a no sólo ser actores principales y líderes del cristianismo, tenemos que ser también testigos, y dar testimonio de quién es Cristo y de la forma cómo día a día sigue llenándonos de su luz y amor.

Efesios capítulo uno, versículo dieciocho dice:

Pido que Dios les ilumine la mente, para que sepan cuál es la esperanza a la que han sido llamados, cuán gloriosa y rica es la herencia que Dios da al pueblo santo…”

Hoy no diremos cuál es la herencia que Dios le ha dado a quienes forman parte de la Iglesia de este siglo, consideramos que en un tiempo tan importante el pueblo de Dios debe detenerse para internalizar la respuesta a la interrogante que nace de nuestra epístola de hoy:

¿Cuál es la herencia que Dios me ha dado? ¿Cómo soy yo llamado a testimoniar esa herencia?

“Y mientras los bendecía, se apartó de ellos y fue llevado al cielo. Ellos, después de adorarlo, volvieron a Jerusalén muy contentos. Y estaban siempre en el templo, alabando a Dios”.

Cuando estamos muy motivados y algo nos conmueve nos gusta ser testigos y decidimos con mucha facilidad dar testimonio de lo vivido y de lo que sentimos, y más especial aún: cómo eso ha cambiado nuestras vidas. Esa fue la experiencia que ellas y ellos vivieron y como resultado,nos dice la lectura al final: “siempre estaban en el templo alabando a Dios”.

¿Por qué voy al templo?

¿Qué haré hoy al salir de la Iglesia con eso que viví?

Cada individuo es un ser especial. Los pastores se enfocan con mucha frecuencia en los sermones, pero pudiera ser que, el cómo me recibiste, fue lo que me cautivó. Quizás fue el canto final o cómo el grupo de niños actuó en el drama que fue parte de la ofrenda a Dios ese día.

Quienes presenciaron la Ascensión de Jesucristo habían

sido escogidos por Dios podía haber sido su propósito de vida. Por medio de ellos y ellas—de su testimonio—conocemos lo quesucedió. Pero más aún, reconocemos que hoy nuestro llamado nos empuja a no sólo ser actores principales y líderes del cristianismo, tenemos que ser también testigos, y dar testimonio de quién es Cristo y de la forma cómo día a día sigue llenándonos de su luz y amor.

Efesios capítulo uno, versículo dieciocho dice:

Pido que Dios les ilumine la mente, para que sepan cuál es la esperanza a la que han sido llamados, cuán gloriosa y rica es la herencia que Dios da al pueblo santo…”Hoy no diremos cuál es la herencia que Dios le ha dado a quienes forman parte de la Iglesia de este siglo, consideramos que en un tiempo tan importante el pueblo de Dios debe detenerse para internalizar la respuesta a la interrogante que nace de nuestra epístola de hoy: ¿Cuál es la herencia que Dios me ha dado? ¿Cómo soy yo llamado a testimoniar esa herencia?

 
 
 
 
 
 
 

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