Epifanía 1 (C) – 2010

January 10, 2010

Recordamos y celebramos hoy el bautismo de nuestro Señor Jesús. Vemos en el capítulo tercero de san Lucas que Juan el Bautista llamaba a la gente de los lugares junto al río Jordán a volverse a Dios, y a ser bautizados, para que Dios les perdonara sus pecados (Lc 3:3). A los que bautizaba les decía que debían cambiar su modo de ser. La gente se preguntaba si este Juan era el Mesías, al que esperaban. Pero Juan les dijo:

“Yo en verdad, los bautizo con agua; pero viene uno que los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego. Él es más poderoso que yo, que ni siquiera merezco desatarle la correa de sus sandalias. Trae su aventador en la mano para limpiar el trigo y separarlo de la paja. Guardará el trigo en su granero, pero quemara la paja en un fuego que nunca se apagará” (Lc 3:16-17).

El “aventador” es una herramienta que se parece a un rastrillo que se usa para “aventar” el trigo hacia el aire, para que la paja y otras impurezas sean sopladas por el viento permitiendo que el trigo caiga al suelo. De esa manera el trigo quedará limpio y recogido, mientras que la paja e impurezas serán descartadas y quemadas.

Vivimos en un mundo en el que hay cosas que se nos pegan durante nuestro diario caminar. A veces “las pajas” e impurezas quedan pegadas a nuestros pies, a nuestros ojos y oídos. ¿Qué cosas son esas? Es todo aquello que ocupe el lugar de Dios y de su voluntad en nuestras vidas. Son aquellas cosas que no nos dejan caminar en libertad y seguridad. Es todo lo que no nos permite escuchar la voz de Dios. Puede ser la búsqueda de poder, posición, dinero, pertenencias, sin importarnos de qué manera las obtengamos, pensando que traerán importancia a nuestras vidas. Puede ser la búsqueda de satisfacción a nuestras necesidades en lugares donde no somos edificados o no edificamos a otros, donde más bien perdemos nuestra humanidad y dejamos de ver a los demás como criaturas de Dios.

Pero estas “pajas o brozas” no sólo son los malos pensamientos, o las cosas que vemos en la televisión o en el Internet. Son también esas frases que escuchamos, como: “No sirves para nada”, “eres una tonta, un tonto”, “no puedes ser perdonado”, “no hay nada en ti que pueda ser amado”, y se pudiera alargar la lista sin fin. Muchas personas alrededor del mundo, en este país, en nuestra ciudad, en nuestros vecindarios, en nuestras familias, viven oyendo frases tan desafortunadas. Las oyen tantas veces, que comienzan a creerlas y viven paralizadas, sin libertad, sin permitirles oír que Dios “amó tanto al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo aquel que cree en él no muera, sino que tenga vida eterna” (Jn 3:16).

Después de ser bautizado, Jesús oró. Mientras oraba, el Espíritu Santo bajó sobre él en forma de paloma, y se oyó una voz del cielo que decía: “Tú eres mi Hijo amado, a quien he elegido” (Lc 3:21-22), o, como en otra versión: “Tú eres mi Hijo a quien quiero mucho. Estoy muy contento contigo”. Estas palabras de Dios a Jesús pueden recordarnos la recepción que nuestras congregaciones dan a las personas y niños recién bautizados en el momento de ser bienvenidas, en algunas ocasiones con aplausos.

Estas palabras de Dios a Jesús también pudieran recordarnos que durante la creación Dios “vio que todo lo que había hecho era muy bueno” (Gn 1:31a). Imagínese a Dios diciendo, “quiero crear a X,” y creó a [nombre], y vio que era muy bueno. Necesitamos ser “aventados” por el aventador de Jesús y ser soplados por su Espíritu Santo, para que quedemos limpios de lo que no nos deja vivir en libertad ni nos permite escuchar la voz de Dios que nos dice: “tú eres mi hijo amado, mi hija amada, a quien he elegido”. Necesitamos que “la paja” que hay tenemos en los oídos sea soplada y quemada por ese fuego que nunca se apagará, para que oigamos la voz de Dios decir que lo que ha creado (nosotros) “es muy bueno”. ¡Estas sí son Buenas Nuevas!

¿Qué “paja” es esa que tenemos ahora pegada a los ojos, los oídos? Vengamos a los pies de Jesús que nos dice: “Vengan a mí todos los que están cansados de sus trabajos y cargas y yo los haré descansar” (Mt 11:28). Permitamos que Jesús nos limpie para comenzar a vivir.

Esto no pasa de un día para otro. Es un proceso. Como el agricultor que usa su aventador para limpiar el trigo debe hacerlo varias veces para dejar que el viento sople todo lo que no es trigo, así nosotros, debemos trabajar sin desistir. Pero no nos demos por vencidos. Animémonos los unos a los otros. Recordémonos que quedamos sellados “por el Espíritu Santo en el bautismo y marcados como propiedad de Cristo para siempre” (Libro de Oración Común, p. 228). Recordémonos que somos hijos de Dios, amados y escogidos de él.

 
 
 
 
 
 
 

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