Fiesta de la Virgen de Guadalupe – 2012

December 12, 2012

La devoción a la Virgen de Guadalupe es relativamente nueva en nuestra iglesia episcopal. Poco a poco vamos descubriendo su riqueza y significado en nuestra fe y liturgia.

Gustosos hemos venido hoy dentro del contexto del tiempo de Adviento a unirnos como un solo pueblo para celebrar esta gran fiesta a María, la Madre de Jesús. Esta ocasión es una hermosa oportunidad para dar una mirada más profunda a la presencia de la virgen María en la historia de la salvación. Desde su participación en la venida de Jesús, nuestro Salvador, hasta los procesos de evangelización de nuestros pueblos hoy.

María entra a la historia de salvación desde el anuncio del ángel, que llega a anunciar el cumplimiento de la promesa de Dios vaticinada por Isaías, de que “Una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le llamará Dios con nosotros” (7,14). Luego continúa a lo largo de la vida, hechos y obra de Jesús, y posteriormente en la difusión del evangelio.

Sabemos que los evangelistas Lucas y Juan dan gran importancia a la figura de María. Lucas la presenta acompañando la obra de su Hijo desde el momento de la encarnación hasta la formación de las primeras comunidades cristianas. En el libro de los Hechos (1:14), por ejemplo, se nos relata que después de la Ascensión de Cristo a los cielos los apóstoles “subieron al piso alto” probablemente el cenáculo, y “todos ellos perseveraban unánimes en la oración con algunas mujeres, con María, la Madre de Jesús”. (Hechos1:15). A Lucas no le basta mencionar que hay algunas mujeres reunidas en oración con los apóstoles, sino enfatiza que María, la madre de Jesús, también estaba allí con ellos. Al encontrarla reunida con los apóstoles el evangelista nos da un dato muy importante al dejarnos saber que ella no desapareció luego de la muerte y resurrección de su hijo Jesús. Su presencia en la obra de Jesús no terminó ahí, sino que ella continuó presente uniéndose a la comunidad de discípulos que él había formado.

Juan, por su parte, abre la vida pública y primer milagro de Jesús en las bodas de Cana, con el anuncio de María, “no tienen vino” (Juan 2:3). Y desde ese momento permanece junto a su hijo en toda su vida publica, en la cruz y luego Juan la incluye en la visión escatológica de la nueva Iglesia triunfante tal como se nos manifiesta en el libro del Apocalipsis. En el capitulo doce (Apocalipsis 12:1-6) se narra, que “apareció en el cielo una señal grande, una mujer envuelta de sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre la cabeza una corona de doce estrellas, y estando encinta, gritaba con los dolores de parto y las ansias de parir”, utilizando un lenguaje profundo y lleno de riqueza simbólica, Juan presenta a la mujer a quien la tradición de la iglesia ha relacionado con María, triunfante y pronta a entregarnos el fruto de su vientre, quien inicia para nosotros la nueva era definitiva.

La fiesta de la virgen de Guadalupe celebra la presencia de María en los procesos de evangelización de los pueblos primitivos de América Latina. En sus apariciones ella es la evangelizadora que utilizando los mismos métodos de Jesús, su amor, su bondad, su cuidado a los enfermos y desprotegidos, anuncia la buena noticia e invita a la conversión de los aborígenes, representados en este caso en Juan Diego. Gracias a la intervención de María la evangelización se hizo fácil; pues quienes antes habían rechazado la propuesta cristiana, ahora abren su corazón y con humilde fe acogen a Jesús y a su mensaje.

María en el Tepeyac con su rostro nativo, es símbolo de la inculturación del evangelio. Ella toma los rasgos y la lengua del pueblo azteca para presentarles el mensaje de Jesús de una manera nueva, cariñosa y cercana a su cultura. Este método tan utilizado por Jesús y reiterado por María, nos marca un nuevo proceso y cambio en nuestros propios métodos de difusión del evangelio.

La evangelización de hoy debe caracterizarse por ser siempre una invitación abierta, sincera, cercana a la realidad de la gente y transformadora para aquellos que se sienten llamados a vivir libremente la propuesta cristiana. De ninguna manera el miedo, el engaño, la intimidación o la represión son tácticas a ser consideradas como métodos para abrazar la vida cristiana. El inculturarse, el respetar las culturas y hablar desde ellas es la nueva forma de la promoción del evangelio. Sabemos que la cultura es inherente a cada ser humano y funciona como un nido propio y rico para incubar allí el evangelio.

Dada esta cercanía de María a los pueblos nativos, su figura se convirtió para ellos en una ocasión de fiesta y celebración. La alegría es otra de las características de la evangelización de hoy. Debe anunciarse la buena noticia con alegría, pues el mensaje de Cristo es un mensaje de esperanza que motiva fiesta entre nosotros. Una evangelización llena de amor, compasión y alegría contagia, e invita a otros a ser partícipes de esta gran noticia. En la pintura original que se grabó en la tilma de Juan Diego, María danza por la conversión de los pueblos y por el dominio que ha logrado su Hijo sobre el mal. Esta danza mariana luego es transmitida a los pueblos y culturas. Hoy en sus celebraciones se sigue bailando y festejando el triunfo eterno de Dios.

Típico también de esta fiesta es unir a la celebración mariana de Guadalupe, el canto de las mañanitas, las flores, los testimonios de la gente, las comidas tradicionales, y todo esto acompañado de danzas, procesiones, trajes festivos muy coloridos y elocuentes.

Podríamos preguntarnos, ¿qué es lo que en sí se celebra el 12 de diciembre? Se celebra una gran noticia, la conversión de miles de personas a la vida cristiana. Por eso se canta, se baila, y se proclama alegremente que Cristo vive y triunfa hoy en todos nuestros corazones.

Que esta festividad nos renueve en la fe, nos una como un pueblo que ha abrazado la vida cristiana y que el mensaje de Jesús florezca en las culturas de nuestros pueblos y en todas las razas, como florecieron las rosas del Tepeyac. ¡Que viva la Virgen de Guadalupe!

— Por el Rvdo. Fabio Sotelo que pertenece a la Diócesis de Atlanta y trabaja en dos misiones hispanas, en san Beda y en la catedral de san Felipe. Fabio es oriundo de Colombia.

 
 
 
 
 
 
 

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