El Equipo de Trabajo D020 del Consejo Ejecutivo da a conocer un informe de la CPCC

El Equipo de Trabajo D020 del Consejo Ejecutivo da a conocer un informe de la CPCC

June 30, 2011

El Equipo de Trabajo D020 del Consejo Ejecutivo, un subcomité de este organismo, ha dado a conocer el informe de la Comisión Permanente sobre Constitución y Cánones.

En una declaración publicada también por el Equipo de Trabajo D020:

El Equipo de Trabajo D020 ha leído y considerado devotamente los muchos comentarios a raíz de la reunión del Consejo Ejecutivo del 15 al 17 de junio acerca del informe de la Comisión Permanente sobre Constitución y Cánones con su análisis de qué cambios, si proceden, se le impondrían a la Constitución y Cánones si la Iglesia Episcopal adoptara el Pacto [Anglicano].

Reconocemos las legítimas preocupaciones que se han suscitado respecto a problemas de transparencia en torno a una decisión tan importante para nuestra Iglesia como el Pacto Anglicano. Damos a conocer el informe inmediatamente.

Lamentamos que nuestra decisión inicial de retener la publicación del informe del CPCC, que se pidió como un recurso para colaborar en la redacción del Informe del Libro Azul, causara tal zozobra en algunos miembros de esta Iglesia. No hay y no ha habido ninguna intención de reserva, ni ningún intento de insinuar que los episcopales no son capaces de evaluar con precisión el contenido de este informe.

Nuestro objetivo sigue siendo el mismo: contribuir con los datos de mayor utilidad a nuestro alcance con el Informe del Libro Azul a la 77ª. Convención General donde la Iglesia, como un todo, decidirá el próximo paso a seguir en el proceso del Pacto. Pedimos vuestras oraciones mientras proseguimos con nuestro trabajo.

El Equipo de Trabajo D020

Los miembros del Equipo de Trabajo D020 y sus diócesis son: Canóniga Rosalie Simmonds Ballentine, Islas Vírgenes, presidenta; Rdo. Canónigo Dr. Lee Crawford, Vermont; Rvdmo. Wendell Gibbs, Michigan; Rdo. Canónigo Mark Harris, Delaware; Rdo. Dr. James Simons, Pittsburgh y Rda. Winnie Varghese, Nueva York.

La encomienda del Equipo de Trabajo D020 es: Acordado, que el Consejo Ejecutivo prepare un informe para la 77ª. Convención General de la Iglesia Episcopal que incluya un anteproyecto de legislación concerniente a la respuesta de esta Iglesia a un Pacto Anglicano; y acordado además, que las diócesis y congregaciones sean invitadas a considerar el proyecto propuesto sobre un Pacto Anglicano como un documento para dar a conocer su interpretación de nuestra vida común en la Comunión Anglicana y su compromiso con la misma.

http://generalconvention.org/ccab/mandate/188

 

El informe

                                                                                                                                                           

MEMORANDO

                                                          

A:                     El Consejo Ejecutivo

DE:                  La Comisión Permanente sobre Constitución y Cánones

FECHA:           5 de febrero de 2011 

 

Antecedentes

Este memorando constituye el informe solicitado por el Consejo Ejecutivo respecto a los problemas constitucionales y canónicos que surgen a partir del texto del anteproyecto del Pacto Anglicano. Se nos ha pedido que nos concentremos en la Sección 4 del anteproyecto del Pacto. Una lectura cuidadosa del Pacto, y especialmente de la Sección 4.4.1, deja en claro que el texto del Preámbulo y el de la Introducción al Pacto deben considerarse como partes del Pacto mismo, pese a que alguna confusión de lenguaje [sugiera] lo contrario. La comisión está consciente de acciones y declaraciones recientes del Arzobispo de Cantórbery, de nuestra Obispa Primada y de otros primados de la Comunión que ofrecen algunas perspectivas sobre el tema de futuras discusiones y la interpretación de los papeles [a desempeñar] y de la autoridad.

Como se explica más adelante en este informe, el CPCC es de la opinión que la adopción del actual anteproyecto del Pacto Anglicano tiene la capacidad potencial de cambiar el marco constitucional y canónico de la IE, particularmente en lo que respecta a la autonomía de nuestra Iglesia y a la autoridad constitucional de nuestra Convención General, nuestros obispos y nuestras diócesis.

Disposiciones introductorias y preámbulo;

Inquietudes potenciales sobre la autonomía constitucional

            El 1er. Párrafo de la Introducción habla de la manera en que aborda la Biblia “la comunión en Jesucristo” e incluye “la comunión de la vida de la Iglesia” como el fundamento para la existencia y el “ordenamiento de la Iglesia”. Una justa interpretación de este texto es que nuestra “Comunión en Jesucristo” coexiste con nuestra comunión como miembros constituyentes de la Comunión Anglicana. La implicación puede ser que la continuidad de nuestra comunión en Jesucristo exija el asentimiento a la particular ordenación de la Iglesia descrita en el anteproyecto del Pacto, o el que pueda definirse de tiempo en tiempo por diferentes elementos de la Comunión Anglicana (p. ej.  Los “Instrumentos de la Comunión”). De ser así, esto puede verse como suplantando a las respectivas constituciones y cánones de los miembros constitutivos de la Comunión Anglicana, incluida la IE. Esta conclusión, si resulta bien fundada, puede inquietar a los que creen que la historia de la flexibilidad y desarrollo de las iglesias de la Comunión Anglicana ha sido atribuible en gran medida a nuestras estructuras tradicionales y sus adaptaciones locales.

            El nexo implícito entre las nociones bíblicas de comunión con la Comunión Anglicana se amplían además en los párrafos 2 y 3 de la Introducción. Estos párrafos comienzan a aclarar las simultáneas expectativas de los redactores de participar en la comunión de Dios en Jesucristo, reconociendo responsabilidades por nuestra vida común y viviendo esta relación “en mutua deferencia”. Dependiendo de los medios y manera en que estas expectativas se manifiesten en acciones a nivel de la Comunión, puede resultar inquietante para la IE y para alguna Iglesia constitutiva dentro de la Comunión Anglicana en particular, que cualesquiera “Instrumentos de la Comunión” dados pudieran definir “responsabilidades de nuestra vida común” y que la invocación de la Sección 4 sea la consecuencia por presuntas infracciones de determinadas responsabilidades.

            El párrafo 4  estipula que las provincias “pactarán juntas como iglesias de esta Comunión Anglicana ser fieles a las promesas de Dios a través de la fe histórica que confesamos, a nuestro culto común, a nuestra participación en la misión de Dios y a la manera en que vivimos juntos”. Una vez más, dependiendo de las formas que este lenguaje, si llega a ser adoptado, pueda tomar, esta estipulación puede  cuestionar la autonomía de cada Iglesia y la singularidad por la cual algunos creen que la Iglesia ha recibido e interpretado las Escrituras e interpreta lo Divino (de maneras que trascienden las descripciones del Libro de Oración Común de 1662). Podría decirse que la conformidad provincial a este promesa dentro del Pacto puede proscribir o limitar cualesquiera acciones doctrinales de la Convención General o cualesquiera cambios al Libro de oración Común, [lo cual es] una prerrogativa constitucional.

            Finalmente, la yuxtaposición en el párrafo 5 de “el carácter de esta expresión anglicana de la fe cristiana”, con “la interpretación común de fe y orden que hemos recibido” resalta la tensión potencial de honrar simultáneamente la tolerancia anglicana por las diferencias de expresión y el acuerdo con la nueva estructura que puede circunscribir y limitar nuestra trayectoria de fe en nuevas interpretaciones. La idea central del Pacto, que, bajo ciertas circunstancias, una nueva expresión de una de las iglesias miembros de su interpretación de la fe y el orden puede verse sujeta al juicio (y a la aprobación ) de otros miembros de la Comunión, puede desafiar la autoridad de la Convención General, conforme a las estipulaciones de nuestra Constitución y Cánones, al identificar y enunciar nuevas interpretaciones de nuestra fe y doctrina.

            El Preámbulo identifica el propósito del Pacto “de proclamar de manera más eficaz en nuestros diferentes contextos la gracia de Dios revelada en el Evangelio, ofrecer el amor de Dios en respuesta a las necesidades del mundo, mantener la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz y junto con todo el pueblo de Dios alcanzar la plena estatura de Cristo. Recientes acciones del Arzobispo de Cantórbery, de nuestra Obispa Primada y de los primados de la Comunión Anglicana ilustran la dificultad de reconocer simultáneamente “nuestros diferentes contextos” con el objetivo de “mantener la unidad del Espíritu…” Esto suscita la inevitable interrogante de si las expectativas de estar “en comunión” o de suscribir el Pacto pueden ser más valiosas y útiles desde la perspectiva general que esperar por un consenso o aceptación de interpretaciones o acciones discrepantes sobre el terreno. ¿Deberían las mutuas expectativas y responsabilidad para suscribir el Pacto Anglicano limitarse a dogmas y tradiciones teológicos más amplios sin avenencias en el nivel más detallado?

Problemas particulares de la Sección 4

              Un asunto a ser considerado en la evaluación del pacto es el peso que ha de asignársele al Informe Windsor. Aunque algunos miembros de la Comunión Anglicana consideran que el Informe Windsor es autoritativo por derecho propio, el texto del Informe Windsor dice que pretende ser un documento para discusión y estudio. Algunos estudiosos del Pacto pueden preocuparse de que le concede a los llamados “Instrumentos de la Comunión” un grado de autoridad y responsabilidad que podría decirse que, históricamente, nunca les han concedido los miembros de la Comunión. Algunos observadores  de la historia reciente de la Comunión pueden cuestionar por qué se le ha dado primacía al parecer a la recomendación de que se adopte un Pacto, en tanto puede parecer que otras estipulaciones han sido ignoradas en su mayor parte. Otros, sin embargo, asumen la posición de que la adopción de un Pacto era, en efecto, la “directiva fundamental” del Informe Windsor, en tanto otras consideraciones, aunque merecieron ser mencionadas en el Informe, eran secundarias a la consideración de promover la adopción de un Pacto. Para algunos, la idea de una Pacto de toda la Comunión puede parecer anómala, cuando el documento que le sirve de base, el Informe Windsor, nunca ha sido adoptado o aprobado.

              La Sección 4.1 del Pacto refleja las tensiones entre los conceptos de armonía teológica dentro de la autonomía de la Comunión y la de las provincias. Algunos pueden ver como contradictorio el encargo del Pacto a cada Iglesia pactante de tomar medidas para implementar los principios y procedimientos explícitos y la afirmación del Pacto de que no altera intencionalmente “ninguna estipulación de la Constitución y Cánones de ninguna Iglesia de la Comunión, ni limita su autonomía y gobierno”. Del mismo modo, algunos pueden inquietarse de que el Pacto pueda verse como la promoción de un concepto de “interdependencia de vida que es consecuente con su propia vida y con la doctrina y práctica de la fe cristiana como las ha recibido “proscribiendo acciones que pueden ser tomadas unilateralmente por cualesquiera de los Instrumentos de la Comunión” o por el Comité Permanente de la Comunión Anglicana para sancionar a cualquier miembro integrante cuya expresión de la doctrina o la práctica de la fe cristiana parezca objetable a un número indeterminado de otros miembros de la Comunión. Para otros, sin embargo, la principal fuerza del Pacto consiste en articular principios de paridad y armonía teológicas que se han sobreentendido históricamente a través de la propagación y desarrollo del anglicanismo, pero cuya articulación explícita se ha hecho necesaria por las acciones divergentes de varias provincias. No obstante, el Pacto promueve indudablemente una estructura disciplinaria que no había existido hasta ahora en la historia de la Comunión Anglicana. La adopción de un sistema de disciplina para toda la Comunión puede ser, en la práctica, difícil de establecer o de llevar a cabo, a la luz del hecho de que cada provincia tiene una historia y un papel en nada relacionado con tal estructura formal de toda la Comunión. Los organismos de gobierno de las provincias representan una coincidencia de la manera en que los representantes de la Iglesia se reúnen y cómo nos asociamos en el ministerio que se diferencia bastante de una función gubernativa. No existe ningún consenso en cuanto a la autoridad real de los Instrumentos de la Comunión.  Si la adopción de un Pacto crea una limitada autoridad de gobierno en los Instrumentos, tendríamos que enmendar nuestra Constitución para reconocerle prerrogativa a esa autoridad. Algunos pueden argüir que si la autonomía se entiende y se respeta en verdad, de manera que la conformidad sobre cualquier asunto determinado de doctrina o de práctica es sólo importante como un prerrequisito para mantenerse en la Comunión, ¿cuál es la razón para la Comunión? Otros, sin embargo, pueden ver el concepto de esa armonía de toda la Comunión como inextricablemente vinculado a la naturaleza de estar “en comunión”.

          Es necesario, antes de adoptar cualquier estructura a nivel de la Comunión, resolver el problema de ¿cómo el estar en la Comunión misma afecta o cambia la capacidad de nuestra Iglesia de recibir la doctrina y la práctica de la fe cristiana?

            El párrafo 4.1.3 estipula que

 . . . tal compromiso mutuo no representa sumisión a ninguna jurisdicción eclesiástica externa. Nada en este Pacto de suyo puede considerarse que altera ninguna cláusula de la Constitución y Cánones de ninguna Iglesia de la Comunión, ni limita su autonomía de gobierno. El Pacto no le concede a ninguna Iglesia ni a ningún organismo de la Comunión control o dirección sobre ninguna de las iglesias de la Comunión Anglicana.

          La aplicación del Pacto, y especialmente la Sección 4, puede decirse que facilita un mecanismo mediante el cual otras iglesias de la comunidad u organismos de la Comunión podrían buscar ejercer influencia si no control y dirección sobre cualquier Iglesia de la Comunión cuyas acciones (tales como ordenar a personas homosexuales no célibes o autorizar la bendición de uniones de personas del mismo sexo) se juzgara (por dicha otra Iglesia u organismo) que amenaza la relación de las iglesias de la Comunión. Esto puede crear un conflicto legislativo e la luz de la conectividad de nuestra Constitución y Cánones con el Libro de Oración Común y la naturaleza singular del papel que le asignamos a nuestros obispos en la defensa —pero no en el establecimiento— de la doctrina, disciplina y culto de la Iglesia; y las limitadas prerrogativas de los obispos para autorizar formas especiales de culto. Ciertamente, al contemplar la adopción de un Pacto, tendríamos que considerar cuidadosamente sus efectos sobre la discreción conferida históricamente a los obispos diocesanos en la Iglesia Episcopal.

            El Párrafo 4.1.5 presenta una serie complicadamente definida de circunstancias previsibles en que cualquiera de los “Instrumentos de la Comunión” podría invitar a otra Iglesia a adoptar el Pacto, y podría ciertamente invitar a ser miembro de la Comunión sin el consentimiento o concurrencia de otros “Instrumentos de la Comunión”.

            No queda particularmente claro qué efecto tendría para cualquier Iglesia que decidiera no adoptar el Pacto, aunque el párrafo 4.3.1 tocante a la retirada del Pacto sugiere que se mantendría una relación de naturaleza indefinida con la Comunión. En comentarios respecto al Pacto, el Arzobispo de Cantórbery ha comparado la relación de esas provincias que no adopten el Pacto con aquellas que elijan adoptarlo con la actual relación entre las iglesias Anglicana y Metodista.

            La Sección 4.2.1 comienza a hacer patente la intención de que la adhesión al Pacto sería un prerrequisito para el reconocimiento y la comunión mutuos entre las respectivas iglesias. La adopción de esa estructura explícita constituye una desviación histórica importante para las iglesias de la Comunión Anglicana. El embrollo constitucional y canónico que se deriva de esta declaración es que las posiciones y acciones de la Iglesia (que con frecuencia se expresan a través de su Constitución y Cánones) pueden determinar si la Iglesia Episcopal sigue siendo reconocida como miembro de la Comunión Anglicana; sin embargo, en ausencia de normas concertadas, cualquier acción dada de la Iglesia Episcopal pudiera ser considerada ofensiva por una o más de una de las iglesias miembros, o por uno de los “Instrumentos de la Comunión”. Los otros miembros constitutivos de la Comunión que se adscriban al Pacto estarían, se supone, en situación semejante. Esto daría lugar a una “litigio” tal como se contempla en la Sección 4.2. El asunto se remitiría al Comité Permanente de la Comunión Anglicana, al cual por virtud de este Pacto se le confiere al parecer una nueva autoridad jurídica que no responde a nadie ni a ninguna otra entidad, del mismo modo que el Pacto, en su forma actual, no contempla revisiones ni apelaciones de los dictámenes del Comité Permanente. No hay ninguna cláusula de que las decisiones del Comité Permanente puedan apelarse ante el Consejo Consultivo Anglicano. Algunos pueden preocuparse de que la recomendación emitida en ultima instancia por el Comité Permanente y las “consecuencias relacionales” descritas dentro de la recomendación puedan efectivamente dar lugar a la exclusión de la Iglesia ofensora u otra reducción en su estatus.

            La Sección 4.2.3 parece ser el mecanismo de aplicación de la Sección 3.2.  La Sección 3.2 tiene consecuencias significativas en lo concerniente a nuestra interpretación de la autonomía y el respeto por la manera en que una Iglesia percibe su interpretación de la doctrina y práctica de la fe cristiana. Algunos lo interpretan que excluye el derecho de una Iglesia a aplicar cualquier interpretación recién recibida de la doctrina o de la práctica [religiosa], incluidos (por ejemplo) cualesquiera cambios al Libro de oración Común, la aprobación de nuevas liturgias, etc. El proceso para la consideración y aprobación de tales cambios es un elemento constitucional, que no contempla ninguna estipulación para someterlo a un proceso separado dentro de la Comunión Anglicana. Por tanto, nuestra Constitución podría tener que enmendarse para reconocer un mecanismo que se someta a ese proceso separado si hubiere de aprobarse el Pacto.

            La Sección  4.2.4 exige recurrir al Comité Permanente donde  “no se haya llegado a un consenso”. Sin embargo, el Pacto no define los criterios para determinar si la Comunión llega a un consenso en algún problema teológico en particular. No existe ningún proceso o calendario específico dentro del cual el Comité Permanente de la Comunión se espera que actúe en la resolución de tales cuestiones y ninguna apelación por ningún retraso indebido. En consecuencia, la autonomía constitucional de la Iglesia Episcopal en su enunciado futuro de doctrina o de práctica podría verse comprometida por esta disposición. El elevar la cuestión del “consenso” al Consejo Consultivo Anglicano y a la reunión de los primados “para obtener asesoría” trasciende cualquier autoridad previamente establecida o la facultad de estos organismos. El Pacto tampoco resulta claro en cuanto  a si, en esas provincias que rehúsan adoptar sus disposiciones, las diócesis individuales pueden aprobar el Pacto. Aunque algunas diócesis de la IE han pretendido adoptar el Pacto mediante acción legislativa, el efecto de tales acciones no resulta claro, especialmente dado que la IE aun no se ha pronunciado como un todo sobre el Pacto.

            El Párrafo 4.2.8 define la estructura, el proceso y la autoridad aparente del Comité Permanente [de la Comunión], tal como aparece descrito en el Pacto para las iglesias que han adoptado o están “en el proceso de adoptar” el Pacto. Podría interpretarse que esta disposición reemplaza cualesquiera otras disposiciones constitucionales o de gobierno de la Iglesia en cuestión y de otros respectivos Instrumentos de la Comunión en lo que respecta a sus procesos de tomar decisiones.

            La Sección 4.2 exigiría una acción constitucional y canónica substancial de parte de la Iglesia Episcopal.  Pretendería exigirle a la Iglesia Episcopal que estableciera “mecanismos, organismos o instituciones” necesarios para garantizar el cumplimiento del Pacto en todos los niveles de la Iglesia y en las respectivas diócesis. Además implica una expectativa de que la Constitución y Cánones de la Iglesia Episcopal se enmienden para facultar a la Obispa Primada a convertirse de facto en la contralora normativa de la Comunión Anglicana para la Iglesia Episcopal, lo cual excedería claramente su actual autoridad constitucional y canónica.

La Constitución y los Cánones de la Iglesia Episcopal

El Preámbulo de nuestra Constitución describe una relación con la Comunión Anglicana, en la que somos un miembro constitutivo de una fraternidad de diócesis, provincias e iglesias regionales en comunión con el Arzobispo de Cantórbery. No hay ninguna cláusula de accesión o de limitación de jurisdicción o autonomía asociada con esta relación. Asimismo, no hay accesión o deferencia a la Comunión Anglicana en las estipulaciones de las Constitución y Cánones donde la deferencia sería relevante.

El Artículo V estipula la creación de nuevas diócesis en la Iglesia Episcopal, sin ninguna referencia a la aprobación o consentimiento de la Comunión Anglicana.  A las nuevas diócesis también se les exige que incluyan el asentimiento a la Constitución y los Cánones de la Iglesia Episcopal, sin referencia a la Comunión Anglicana.

Los artículos VIII y IX requieren que el clero acate las Reglas y Cánones de la Iglesia Episcopal, sin ninguna referencia al asentimiento de la Comunión Anglicana.

En el Artículo X las disposiciones sobre el Libro de Oración Común describen la preservación del Libro de Oración Común y las enmiendas que puede hacerle la Convención General de esta Iglesia, sin deferencia hacia la Comunión Anglicana ni que se requiera el consentimiento de la misma.

El Artículo XII estipula los procedimientos para la enmienda de nuestra Constitución, sin requerir del consentimiento o la aprobación de la Comunión Anglicana.

Disposiciones canónicas aplicables

            En el Título I, Canon 2.4, se describe el papel del Obispo Presidente como pastor principal y primado, sin ningún deber o autoridad expresa respecto a nuestra participación en la Comunión Anglicana.

            El Título I, Canon 4.2, estipula que el Consejo Ejecutivo elegirá un representante al Consejo Consultivo Anglicano.

            El Título I, Cánones 9.2 y 10, describe el proceso para la aprobación de nuevas diócesis, sin ningún consentimiento ni aprobación de la Comunión Anglicana.

            El Título I, Canon 10.4, estipula explícitamente para la formalidad de nuevas diócesis buscar el consentimiento incondicional de la Iglesia Episcopal sin referencia alguna a la Comunión Anglicana.

            El Título I, Canon 11.2(b) y Canon 11.3, describe las misiones ecuménicas sin requerir  consentimiento de la Comunión Anglicana o deferencia hacia la misma.

            El Título I, Canon 11.4, requiere notificar a todos los arzobispos y metropolitas y a todos los obispos primados de las iglesias que se encuentren en comunión con la Iglesia Episcopal del establecimiento de cualquier zona de misión o de cualquier cambio en el estatus de cualquier diócesis misionera fuera de los Estados Unidos, pero sin que requiera asentimiento ni aprobación de parte de la Comunión Anglicana. Ese canon proscribe también el ejercicio de cualquier jurisdicción por más de una Iglesia en comunión en el mismo lugar, salvo por concordato.

            El Título I, Canon 15.1, estipula que las congregaciones en países extranjeros respeten el territorio de otras iglesias de la Comunión Anglicana.

            El Título I, Canon 20, describe a la Iglesia Episcopal como miembro de la Comunión Anglicana con relación de plena comunión con esas iglesias de la sucesión episcopal histórica y con quienes haya entrado en acuerdos de pacto. De otro modo no define que ser miembro de la Comunión Anglicana signifique o infiera ningún asentimiento de parte de la Comunión.

            El Título II contempla traducciones autorizadas de la Biblia en los Cánones o por el obispo diocesano, sin referencia alguna a la Comunión Anglicana.

            El Título II, Canon 3, se refiere al Libro de Oración Común y a los cambios del mismo sin referencia a la Comunión Anglicana.

            El Título II, Canon 4, contempla la autorización de fórmulas especiales de culto por parte del obispo de la diócesis sin referencia a la Comunión Anglicana.

            El Título III, Canon 1.2, estipula que no habrá ninguna discriminación en el acceso al proceso de discernimiento para la ordenación o licenciamiento, sin referencia a la Comunión Anglicana, ni deferencia hacia la misma.

            El Título III, Canon 11, describe el proceso a seguir para la elección de un obispo, sin referencia a la Comunión Anglicana.

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La Iglesia Episcopal les da la bienvenida a todos los que adoran a Jesucristo en 109 diócesis y tres zonas regionales de 16 naciones. La Iglesia Episcopal es una de las provincias de la Comunión Anglicana que se extiende por todo el mundo.

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