El 24 de febrero se cumple un año de la invasión rusa de Ucrania. Miles de personas han perdido la vida, y muchas más han resultado heridas o se han visto desplazadas como consecuencia de esta guerra. Lamentamos la pérdida de vidas y el sufrimiento humano que este conflicto ha causado. El año pasado, la 80.ª Convención General de la Iglesia Episcopal aprobó una resolución en la que se pedía el cese del conflicto en Ucrania y se alentaban «negociaciones de buena fe en las que se garanticen la soberanía y la seguridad de Ucrania».
La guerra en Ucrania ha provocado una grave crisis humanitaria tanto dentro como fuera del país. A medida que la guerra entra en su segundo año, será imprescindible que el gobierno de EE. UU. y otros miembros de la comunidad internacional continúen proporcionando recursos financieros y materiales para atender las necesidades humanitarias causadas por esta guerra. El reciente llamado humanitario para Ucrania solicita 3,9 mil millones de dólares, necesarios para proporcionar alimentos, atención médica y otra asistencia vital a 11,1 millones de personas. Durante su intervención ante el Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas, Martin Griffiths, subsecretario general de Asuntos Humanitarios y coordinador de Ayuda de Emergencia de la Organización de Naciones Unidas, nos instó a «todos a seguir adelante con renovado vigor para brindar al pueblo de Ucrania la paz y el apoyo que necesita y merece». La Oficina de Relaciones Gubernamentales seguirá abogando por la asistencia humanitaria para el pueblo de Ucrania y por una resolución constructiva del conflicto, así como en otras zonas afectadas por la violencia y las privaciones.
Una oración del Rvdo. Canónigo C.K. Robertson, canónigo del Obispo/a Presidente:
Dios misericordioso, te damos gracias por estar con nosotros en medio de nuestras alegrías y celebraciones, pero aún más por estar con nosotros en momentos de tristeza, peligro, dolor y sufrimiento. Oramos hoy para que continúes fortaleciendo, sosteniendo y protegiendo a todas aquellas personas cuyas vidas se han visto trastornadas y cambiadas para siempre como resultado de la violencia que ha ocurrido durante este último año en Ucrania. Oramos para que sientan no solo tu presencia, sino también el amor y las oraciones que los rodean y provienen de todos nosotros en todo el mundo. Oramos también para que, de hecho, levantes —y sigas levantando— profetas fieles que hablen sobre la situación, mediadores que sigan tendiendo puentes donde sea posible, y que transformes los corazones de aquellos que tienen el corazón endurecido para que alcancen la paz. Dios piadoso, te dedicamos este tiempo, al acercarnos a ti sabiendo que, aunque no podemos hacerlo todo, buscamos hacer lo que está a nuestro alcance. Así que no solo acompaña a aquellos por quienes oramos, sino también a nosotros que oramos, para que podamos encontrar muchas formas de apoyar de manera activa y continua a quienes se encuentran en tan gran necesidad. Te damos gracias por estar con nosotros en estos tiempos increíblemente difíciles y ponemos nuestra mirada en Ti, el Dios de todos. Amén.





