La Iglesia Episcopal lamenta la decisión emitida el 25 de junio por el Tribunal Supremo en el caso de Mullin contra Al Otro Lado, en el que se determinó que, para efectos de reclamar asilo, los solicitantes que son detenidos antes de cruzar físicamente al territorio de Estados Unidos no han “llegado” al país. Esta decisión podría significar que quienes huyen de la persecución, y que históricamente han tenido el derecho de solicitar asilo en los puertos de entrada, ya no podrán hacerlo. Como resultado, tememos que las personas vulnerables sean rechazadas y que la promesa de nuestra nación de ofrecer protección a quienes huyen de la persecución se vea erosionada. Como declaramos en el informe de amigos del tribunal firmado por nuestro obispo presidente, el Rvdmo. Sean W. Rowe, y la presidenta de la Cámara de Diputados, Julia Ayala Harris:
“La teoría del gobierno de que puede impedir que los solicitantes de asilo crucen legalmente la frontera de EE. UU. en un puerto de entrada sin la oportunidad de solicitar asilo, incluso si tienen derecho a hacerlo, rechaza la herencia de nuestra civilización, así como nuestras obligaciones religiosas y morales de ofrecer un lugar seguro a los extranjeros perseguidos”.
También lamentamos la decisión del Tribunal Supremo en el caso Mullin contra Doe, con la cual se allana el camino para que la administración rescinda el Estado de Protección Temporal (Temporary Protected Status) de muchos haitianos y sirios que han podido vivir y trabajar legalmente en Estados Unidos durante una época de gran inestabilidad en sus países de origen. Esto significa que las familias que han desarrollado sus vidas, criado a sus hijos, rendido culto, trabajado y contribuido a sus comunidades en Estados Unidos ahora podrían enfrentar la pérdida de sus permisos de trabajo y de la protección contra la deportación, y quizás tengan que regresar a países que continúan estando marcados por la violencia, la inestabilidad o las crisis humanitarias.
Reconocemos que las consecuencias completas de estas resoluciones aún son inciertas y dependerán de la forma en que la administración las implemente, así como de la discreción que las agencias ejerzan. También habrá que ver si se presentan más impugnaciones legales o actos del Congreso.
La Iglesia Episcopal seguirá apoyando a los inmigrantes y a los solicitantes de asilo en todos nuestros ministerios. Fomentaremos la promulgación de leyes y políticas que se centren en la bienvenida, la protección contra los daños y la integración. La Iglesia Episcopal es un hogar para inmigrantes, y los episcopales de todo el país y del mundo continúan ministrando y acompañando a los migrantes necesitados. Seguiremos defendiendo la dignidad de los refugiados y los migrantes, siguiendo el llamado bíblico de acoger al foráneo.





