El Centro para Refugiados Joel Nafuma, en Roma, brinda apoyo diario a refugiados y migrantes, muchos de los cuales se enfrentan a la falta de vivienda una vez que se agota la ayuda gubernamental para la vivienda. Un hombre cuenta que pasó de cuatro a cinco meses sin hogar antes de encontrar el centro, donde el personal y los psicólogos le brindaron apoyo emocional constante y esperanza durante un período difícil. Cada día, el centro abre a las 8:30 a. m. y sirve alrededor de 200 desayunos; luego, hay un salón de distribución que ofrece artículos de higiene y ropa, además de clases de idiomas en inglés, italiano, francés y alemán. Más allá de la comida y las necesidades básicas, el centro ayuda a las personas a elaborar currículos, las conecta con atención hospitalaria gratuita y coordina un grupo de apoyo para personas con autismo cuyos miembros elaboran y venden artesanías, convirtiéndose así en líderes comunitarios.
Una iniciativa de los Ministerios Episcopales de Migración, financiada por la Ofrenda Unida de Acción de Gracias, ayudó a crear conciencia sobre las necesidades de los refugiados en todo el mundo y respaldó un crecimiento significativo en la oferta del centro, que pasó de ofrecer clases de idiomas ocasionales a impartir instrucción diaria en varios idiomas, además de incorporar terapia de arte, terapia musical y un mayor apoyo de voluntarios. Los participantes describen al centro no tanto como un proveedor de servicios, sino más bien como una familia: un lugar donde personas que antes se sentían aisladas y solas ahora comen, trabajan y crean juntas. Al menos para un hombre que antes vivía en la calle, la ayuda para vivienda que le brindó el centro le proporcionó un lugar estable donde vivir y marcó lo que él describe como un verdadero punto de inflexión en su vida.





