“Esperamos la resurrección de los muertos
y la vida del mundo futuro”.
El Credo Niceno
“Yo hago nuevas todas las cosas”.
Apocalipsis 21:5
Querido pueblo de Dios:
Gracia y paz para ustedes en Jesucristo nuestro Señor.
Introducción
Los Obispos de la Iglesia Episcopal se reunieron del 22 al 28 de septiembre de 2026 en el Centro de Conferencias Camp Allen de Navasota, Texas. Nuestra reunión incluyó a 118 obispos y obispos electos, los cuales representan a 93 diócesis y ministerios especiales en 17 países y territorios. Conscientes de las presiones y los desafíos que enfrentan nuestro mundo y nuestra iglesia, estamos agradecidos por este tiempo reservado para la renovación espiritual y el trabajo enfocado. Dejamos esta reunión con relaciones más profundas y compromisos renovados con el ministerio que compartimos en Jesucristo.
Reflexiones de nuestra reunión
A lo largo de nuestra reunión, mantuvimos en constante tensión una clara mirada a las realidades del presente y una esperanza persistente en el futuro. Recibimos el borrador más reciente del marco estratégico del Obispo Presidente Sean Rowe: nuestro valiente testimonio. Esta visión de la Iglesia Episcopal tiene tres prioridades estratégicas que impulsarán a nuestra iglesia a proclamar un cristianismo que es auténtico, expansivo, hermoso y sin temor; conectar, convocar y coordinar recursos a lo largo y ancho de toda nuestra iglesia; así como organizar y asignar mejor nuestros recursos para apoyar la labor del Evangelio.
Dedicamos tiempo a aprender sobre las oportunidades y desafíos de la inteligencia artificial mientras reflexionamos sobre las cuestiones teológicas y existenciales de lo que significa ser humanos. El tiempo que pasamos con el futurista Bob Johansen, del Instituto para el Futuro (Institute for the Future, IFTF), nos dio la oportunidad de participar en un pensamiento desde el futuro hacia atrás para ayudarnos a alinear mejor nuestra misión y ministerio compartidos durante la próxima década.
Como lo hemos hecho en reuniones anteriores, seguimos analizando asuntos críticos para la vitalidad de nuestra iglesia, incluyendo la educación teológica, la siembra de iglesias, la revitalización de congregaciones y el diálogo continuo hacia una colaboración en plena comunión con la Iglesia Metodista Unida. Nos acompañó Mary Kate Wold, Directora Ejecutiva y Presidente del Grupo de Pensiones de la Iglesia (Church Pension Group, CPG), quien compartió la amplia investigación que están llevando a cabo para alinear mejor sus servicios con las necesidades cambiantes de la iglesia.
Un momento destacado del tiempo que pasamos juntos fue nuestra visita con la Rvdma. Sarah Mullally, quien se unió a nosotros al cumplir el sexto mes de su instalación como la 106ª Arzobispa de Canterbury. La Arzobispa Mullally hizo eco de muchos de los temas de nuestra semana cuando habló de nuestro llamado a crecer en competencia cultural y madurez espiritual, y nos animó a nutrir la confianza en el Evangelio mientras pasamos del temor a la esperanza.
Un llamado a encarnar la nueva creación de Dios
Cada vez que nos reunimos como Cámara de Obispos, Dios se encuentra con nosotros en la Palabra y el Sacramento, y vemos la obra de Dios en los demás. Nuestra reunión ha estado marcada por una sagrada vulnerabilidad. Recordamos no solo quiénes somos, sino quién es el autor de nuestras vidas y renueva nuestra esperanza. La capacidad de tener esperanza como obispos y como iglesia parece ser cada vez más importante en nuestras circunstancias actuales.
Nuestros antepasados enfrentaron problemas aparentemente insuperables, pero su esperanza por nosotros y las futuras generaciones fue ilimitada. La esperanza es un don que nos ha otorgado un Dios que nos ama por completo. Con la gracia de Dios, enfrentamos todo tipo de circunstancias con esperanza. Nuestros corazones quizás tiemblen de miedo, pero con confianza esperamos la vida del mundo venidero.
En el Libro del Apocalipsis, se nos ofrece un vistazo al futuro de Dios, la promesa de un cielo nuevo y una tierra nueva (Apocalipsis 21:1). La esperanza de esta nueva creación enmarca, pero no borra, nuestra lucha actual.
El apóstol Pablo mantiene esta tensión en su Carta a los Romanos. Él no niega que los sufrimientos de este momento actual son reales, pero insiste en que no son comparables con la gloria que se habrá de revelar (Romanos 8:18). Mientras esperamos la vida del mundo por venir, toda la creación gime con dolores de parto, y nosotros también. Gemimos de dolor porque las cosas anteriores aún no han terminado de pasar. También gemimos con esperanza porque sabemos lo que está por venir. Sin embargo, no gemimos solos. El Espíritu intercede por nosotros y en nuestro interior con suspiros demasiado profundos para expresarlos con palabras.
Creemos que lo que Dios empezó con la resurrección de Jesucristo, lo completará en la nueva creación. Dios vivirá con los hombres y secará todas las lágrimas de ellos (Apocalipsis 21:3–4).
A medida que pasamos del temor a la esperanza, estamos llamados a vivir ahora como un signo encarnado del futuro de Dios. A acercarnos a quienes lloran. A soportar las cargas de quienes están sufriendo. A Trabajar por la justicia, la sanación y la reconciliación. A mantener la confianza de que Dios, no el tenor ni la muerte, es quien tendrá la última palabra.





