Palabras de apertura del obispo primado Michael Curry ante el Consejo Ejecutivo
La siguiente es una transcripción ligeramente editada de las palabras de apertura del obispo primado Michael Curry ante el Consejo Ejecutivo de la Iglesia Episcopal, reunido del 18 al 20 de abril en Raleigh, Carolina del Norte.
Pensé que solo compartiría un par de cosas, nada más. Una de las cosas de las que soy consciente, personalmente consciente, es la transición. Quiero decir, la realidad es que, al estar atrapado dentro y fuera de hospitales y unidades de terapia intensiva y todo ese tipo de cosas, estás consciente de las transiciones. Y quiero decir que hubo un momento en la unidad de terapia intensiva en el que recuerdo estar vagamente despierto. Y de hecho, me desperté, y creo que era sábado por la noche o domingo, más bien temprano por la mañana del domingo, y recuerdo que me desperté y fue la primera vez que me desperté. Quiero decir, había estado inconsciente desde el miércoles y no sabía dónde me encontraba.
Y una de las enfermeras entró en la habitación y estaba haciendo algo. Siempre están jugueteando con algo. Y tengo que admitir que una parte de mí dijo: ¿es este un ángel? Realmente lo hice, más o menos, no estaba seguro de dónde estaba. Y finalmente dije, disculpe señora, ¿dónde estoy? Y ella dijo, está en el Hospital REX. Está en la unidad de terapia intensiva. Salió muy bien de su cirugía. Ya superó la cirugía y ahora puede descansar. Y volví a dormirme. No recuerdo nada más después de eso, pero también me di cuenta de que el poder de esa palabra simplemente me orientó hacia donde estaba y que estaba bien. Eso es todo lo que necesitaba.
Y muchas veces eso es todo lo que necesitamos. El poder de esa palabra que simplemente te orienta hacia dónde estás cuando no lo sabes con seguridad marca toda la diferencia del mundo. No es necesario tener todas las respuestas. Yo no tenía todas las respuestas. No sabía lo que habían hecho. Sabía vagamente lo que se suponía que debían hacer. No sabía que tenían más que hacer de lo que esperaban. Pero esa palabra de orientación fue suficiente. Hay una historia en el Éxodo, y algunas de las historias del Éxodo han aparecido en las lecturas de la oración matutina diaria. Esta proviene del capítulo 14, y es precisamente cuando Charlton Heston ha liderado, sí, es para siempre; su hija es episcopal.
Él acaba de sacar a los israelitas de Egipto y finalmente están saliendo. Y esta parte está en la Biblia, no solo en la película, pero él los saca, y el faraón cambió de opinión y decidió que iba a ir tras ellos a recobrar a estos esclavos. Dijo que necesitaban esa mano de obra. Y entonces el faraón, los carros empiezan a partir, y recuerdan a Yul Brynner montado en el carro. Quiero decir, es una gran película. Ciertamente lo es. De todos modos, están persiguiéndolos y la gente se da cuenta de que los persiguen y están como en medio porque ese es su pasado, y el pasado viene tras ellos; y su futuro no está claro porque el Mar Rojo está frente a ellos y no saben cómo van a llegar a ese futuro, sea cual fuere.
Y en la película, Josué le dice a Moisés: súbete a las rocas para que la gente pueda verte. He buscado, no he encontrado eso en el relato bíblico, pero Moisés lo hace en un momento, cuando la gente comienza a murmurar y dice, bueno, nos trajiste aquí para matarnos. Es decir, al menos teníamos trabajo en Egipto. En cierto modo comienzan a quejarse de Moisés, y Moisés en la Biblia se levanta donde la gente puede verlo y les dice: quédense quietos y vean la salvación del Señor. Quédense quietos y vean la salvación del Señor.
Uno de los salmistas dice: estad quietos y sabed que yo soy Dios. En esos momentos de transición, que son peligrosos, ya conocen el viejo dicho, más vale malo conocido que bueno por conocer. Hay mucha verdad en eso. Quiero decir, al menos tenían la seguridad de saber lo que había antes, pero ¿qué hay por delante que aún no has vivido y aún no has visto? Eso es incierto. Es arriesgado y no lo controlas del todo. Tienes algún manejo, pero no la controlas del todo. Y es entonces, en ese momento de transición en que dudan entre ¿volvemos a la esclavitud o avanzamos hacia el riesgo de la libertad a través de un mar que simplemente está ahí? No sabían que [el mar] se iba a dividir. ¿Qué hacemos? Y Moisés dice: quédense quietos y vean la salvación de Dios.
Esa puede ser una palabra para nosotros, como Iglesia y como mundo. Y tal vez en estos momentos de transición, me refiero a nosotros en la Iglesia; quiero decir, este es mi último Consejo Ejecutivo, así que puedo graduarme con la promoción del 24. Recuerdo mi primer año en el Consejo, no tenía idea de lo que estaba pasando. Sucedía simplemente que nunca había formado parte del Consejo Ejecutivo. Por suerte, el secretario Barlowe y (la entonces presidente de la Cámara de Diputados) Gay Jennings y todos me guiaron a lo largo del camino; y me dije: ¿tengo que presidir una reunión de la que no sé nada? Bueno, en realidad eso es la mitad del trabajo de la mayoría de los obispos, pero ellos no se los dirán.
No puedo decirles cuántas veces, cuando yo era obispo en Carolina del Norte y el comité de inversiones, bueno, en realidad los fideicomisarios, se reunían y yo tenía que presidir la reunión de fideicomisarios y eso estaba bien, pero el comité de inversiones, también se suponía que estuviera presente. Así que estoy sentado allí y discutían de todas las inversiones y todo lo demás, y tenía que presidirlo. Y entonces otro obispo me dijo: déjame contarte un secreto de cómo presides una reunión de la que no tienes idea de lo que pasa. Dices, procedamos; ¿Qué tenemos por delante? El punto de la agenda es X y usted llama a alguien: ¿hay alguna conversación que debamos tener? Y dejas que ellos se encarguen de la conversación, y no tienes que decir una palabra ni siquiera saber lo que está pasando. No tengo idea de qué tuvo que ver eso con todo esto, pero la realidad es que a veces te encuentras en momentos y situaciones en las que no lo sabes.
No tienes todo el conocimiento que necesitas y tienes que descubrir cómo puedes transitar a través de eso. Como Iglesia estamos en ese momento. Quiero decir, no es sólo que estemos eligiendo un nuevo OP (Obispo Primado), sino que lo estamos haciendo. Esto es inquietante para todos, incluidos los nominados. Puedo decirles que yo fui uno de ellos y es inquietante porque te expones públicamente y es posible que no seas elegido y tienes que descubrir cómo actuar. Quiero decir, no puedes echarte a llorar y volverte a casa. Es como, ¿qué hacer? Quiero decir, es incierto y la transición se produce en un momento de incertidumbre.
Esta gran iglesia nuestra transitará hacia el futuro, pero no como siempre lo ha hecho. Esa es simplemente la realidad. Y eso está bien.
El movimiento de Jesús en este mundo ha pasado por altibajos. Esto de Jesús ha sido la Iglesia establecida como en la Iglesia de Inglaterra, y ha sido desestablecida. Ha coronado emperadores y ha sido encarcelada por emperadores. Hemos pasado por todo. Pero ese movimiento de personas que están comprometidas con este Jesús y su forma de amar, ese movimiento no se detendrá.
De eso hablaba Jesús cuando le dijo a Pedro, tú eres Pedro y sobre esto, sobre ti, edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ti. A eso se refería Jesús.
Cuando estás en esos momentos de transición, no te sientes realmente seguro: ¿se va a dividir el Mar Rojo? ¿Volveremos a la esclavitud? ¿Qué hacemos? Estarse quieto; ver la salvación de Dios. Ahí es donde estamos ahora como Iglesia, pero también es donde estamos en este país. No sabemos quién será elegido presidente y qué pasará dependiendo de quién sea. … La realidad es que este país está entre dos aguas. Estamos en uno de esos, creo que los llaman momentos liminares, que están llenos de posibilidades pero también de peligros. Y ahí es donde nos encontramos como país. Y ahí es cuando la gente empieza a actuar. Habrá mucha actuación entre ahora y esas elecciones, y sabe Dios, probablemente después de las elecciones. Quiero decir, esos son esos momentos intermedios de transición.
Realmente son riesgosos, y es por eso por lo que aprendí algo en el seminario. Recuerdo haber tomado un curso de liturgia y el profesor nos dijo, ¿alguna vez han notado que todos los oficios pastorales que están en el Libro de Oración y en el libro de Ritos Ocasionales, esos momentos pastorales, son momentos de transición, porque es cuando todos se sienten menos seguros, ya sea por el nacimiento o la adopción de un niño, ya sea por una enfermedad en el hospital, o por una muerte o cualquier otra cosa.
Existen esos momentos de transición porque, creo que Brene Brown lo diría de esta manera, es cuando somos más vulnerables y tenemos menos control. Tenemos alguna presencia, pero menos control. Recuerdo cuando tuvimos nuestra primera hija, cuando estábamos en casa con este bebé, y no se lo dije a Sharon, pero me dije: ¿qué vamos a hacer con ella? Afortunadamente, su madre vino a ayudarla. Tienes que tener a alguien que haya estado allí antes, pero fue lo máximo, no sé por qué, cuando llegamos a casa, porque no había enfermeras cerca. Estás solo con este bebé. Nunca habíamos hecho eso antes. Esos son momentos liminares: esos son esos momentos en los que estás en el umbral de algo increíble y arriesgado al mismo tiempo.
Ahí es donde estamos como Iglesia. Ahí es donde estamos como nación y ahí es donde estamos como mundo. Y cuando te encuentras en estas circunstancias, es cuando la gente se porta mal. Lo estamos viendo en el escenario mundial. Lo veremos; créanme, lo verán en el escenario nacional. No lo veremos en la Iglesia Episcopal, por supuesto, pero es humano. El rabino Friedman nos enseñó que esto es humano y viene adjunto.
Entonces, ¿cómo se supera? Creo que Moisés nos dio, nos mostró el camino: estense quietos y contemplen la salvación de Dios. Estense quietos, como dice el salmista, y sepan que yo soy Dios. Para finalmente, en el último momento, poner las manos en las manos del Dios que nos hizo e hizo este mundo. Eso es, en última instancia, lo que todos tenemos que hacer.
No había estado cerca de la muerte antes, o no lo sabía, y no lo supe hasta que mi esposa me contó esto. Esto fue hace un par de semanas. Estábamos conversando. Ella me dijo que el cirujano le había dicho: esto va a ser riesgoso, una de las cosas más importantes. Debo decirles que cuando estaban haciendo todo eso, perdí la cuenta de todas las cosas importantes que tenían que hacer. Han estado dentro de mi cabeza más que las píldoras de Carter, como solían decir los viejos, y aparentemente aquella donde iban a entrar, me dejó una cicatriz aquí. En ese caso, estuve inconsciente mientras la mayor parte de esto sucedía. … Finalmente supe lo que estaba pasando. Realmente no lo sabía, pero ella me dijo que el cirujano —que es episcopal, por cierto, un feligrés aquí en San Miguel [St. Michael’s], en Raleigh, así que supe que estaba en buenas manos— tenía un interés personal.
Y le dijo a Sharon, le dijo, le dijo con antelación que esto era realmente arriesgado. Tenemos que entrar; hay un aneurisma y tenemos que entrar. Hacemos esto todo el tiempo, pero olvidé cómo llaman a ese nombre tan elegante. Pero básicamente ponen espirales. Sí. Literalmente, pusieron esta cosa a través del agujero que está aquí. Lo colocan y llena el aneurisma, la burbuja, controlan la burbuja y crean una presa, a través de la cual no pasara la sangre para luego explotar, lo cual… constituiría un problema mayor. Y la sangre encontrará su cauce para ir donde debe. Y eso es lo que hicieron. Bueno, él le dio un parte a Sharon, y estoy seguro de que ella se alegró de oírlo. … Él le avisó, lo que también la ayudó a saber cuáles eran los riesgos y los peligros, así como cuál era la esperanza. La esperanza era que se recuperara. Tendrá lapsos de memoria por un tiempo y todo ese tipo de cosas, pero el riesgo es que esta es una cirugía riesgosa.
Saber eso te ayuda a navegar por lo desconocido, no con una confianza falsa, sino con una fe informada que puedes superar.
¿Cómo transitas por estas transiciones? Ten un Dios, pon tu mano en las manos de ese Dios. Mi abuela solía cantar, mi abuela era del este de Carolina del Norte; esa es la parte rural de Carolina del Norte —realmente rural. En su iglesia cantaban siempre, asidos a la mano inmutable de Dios. ¿Cómo navegas por esta transición? Esperando. Jesús en la cruz cita al salmista: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.
Y por último, me sentaré y me callaré. Pero por último, ¿saben qué? Tenemos que tomarnos de las manos. Ya me has oído decir esto antes: es una de mis citas favoritas. Es de ese libro de Robert Fulghum, «Todo lo que realmente necesito saber lo aprendí en el kindergarten». Y es como si fueran 10 mandamientos de lo que aprendiste en el kindergarten que deberías seguir en la vida. Y por eso el primero, dice, compártelo todo. Juega limpio. No golpees a la gente. Ojalá estos fueran [principios] sagrados para los miembros del Congreso de Estados Unidos. Pero de todos modos, no golpees a la gente. Limpia tu propio desorden. No te apropies de lo ajeno. Di que lo lamentas cuando lastimes a alguien. Lávate las manos antes de comer; es realmente importante. Descarga. Y luego, cuando salgan al mundo, tengan cuidado con el tránsito y tómense de la mano.
Cuando salgan al mundo, Consejo Ejecutivo de la Iglesia Episcopal, cuando salgamos al mundo, al futuro, tómense de la mano. Lo que dice el antiguo himno: «Precioso Señor, toma mi mano. Guíame, mantenme en pie. Estoy cansado, estoy débil. Estoy gastado. A través de la tormenta y de la noche». Dios les ama. Gracias.





