Consejo Ejecutivo de la Iglesia Episcopal: Discurso inaugural del Obispo Presidente Sean Rowe
A continuación ofrecemos una transcripción levemente editada del discurso inaugural del Obispo Presidente Sean Rowe ante el Consejo Ejecutivo de la Iglesia Episcopal, reunido del 17 al 19 de febrero en Linthicum Heights, Maryland.
Buenos días. Es bueno estar aquí con todos ustedes esta mañana. Me alegro de que por fin estemos todos reunidos de nuevo en este lugar, sobre todo teniendo en cuenta las dificultades que muchos de nosotros tuvimos durante el viaje de ayer. Gracias por perseverar a pesar del mal tiempo y por tomarse el tiempo para este ministerio.
Nos quedaríamos cortos si dijéramos que el mundo ha cambiado mucho desde que estuvimos en New Brunswick hace solo unos meses. Sin duda estamos pasando por lo que está demostrando ser una temporada dura para nosotros y para las personas a las que servimos, y muchos de nosotros tenemos temor y volteamos hacia la iglesia para que nos proporcione una sensación de seguridad y un testimonio moral en estos tiempos. Es un buen lugar hacia donde voltear.
¿Cuál es la mejor manera de lograrlo en estos tiempos tumultuosos?
Creo que a nosotros, como junta directiva de la Iglesia Episcopal, se nos ha presentado una oportunidad única de dirigir con claridad y determinación en este momento específico. A medida que el panorama político de Estados Unidos se vuelve aún más confuso y difícil de navegar, estamos llamados a tomar decisiones aquí, en este lugar, que estén firmemente arraigadas en el reino de Dios.
En ese reino, donde encontramos nuestra verdadera ciudadanía, los migrantes, los transexuales, los pobres y los vulnerables no se encuentran en las márgenes, temerosos y solos. No son vilipendiados ni se convierten en chivos expiatorios. En lugar de eso, en el reino de Dios, las personas que con demasiada frecuencia han sido marginadas ocupan en realidad un lugar central. Son los portadores de la salvación. Sus luchas nos revelan el reino de Dios. Y como me escribió recientemente la Profesora Kelly Brown Douglas, no se trata simplemente de tratar con dignidad y respeto a los marginados y oprimidos de nuestra sociedad. Se trata de comprender que el “orden mundial” de Dios para nosotros comienza por convertir sus luchas en el centro de nuestra comprensión del mundo y del futuro al que Dios nos llama.
Si creemos que esto es cierto, ¿qué significa para la forma en que dirigimos esta iglesia? ¿Qué significa en la práctica esta comprensión del Reino de Dios para nuestro trabajo en el Consejo Ejecutivo? ¿Qué significa eso para esta reunión?
En primer lugar, creo que significa que debemos recordar que vivimos en un mundo en el que el enemigo está firmemente decidido a sembrar la división entre nosotros y a hacer que olvidemos quiénes somos y a qué reino pertenecemos.
Cuando olvidamos nuestra ciudadanía en el reino de Dios, nos volvemos con demasiada facilidad unos contra otros, sucumbiendo a nuestra necesidad de considerar a las personas como otros. Nos dejamos seducir por un mundo que nos dice que nuestro valor tiene que surgir a costa de otra persona. No amamos a nuestros hermanos en Cristo, que fueron creados por Dios en formas únicas y maravillosas.
Pero cuando recordamos que pertenecemos a Dios, cuando nos negamos a sucumbir a la división y al engaño y confiamos en cambio en esta comunidad cristiana del Consejo Ejecutivo, podemos encontrar el rostro de Cristo en los demás, extendiendo la gracia y la comprensión incluso cuando estamos en lados opuestos de los debates o deliberaciones. Podemos respirar hondo y descansar seguros, sabiendo que todos somos miembros del cuerpo de Cristo, y que cada uno de nosotros es necesario para que el cuerpo esté completo.
En segundo lugar, debemos recordar que nuestro trabajo como junta de la Iglesia Episcopal, es dirigir una estructura institucional que tiene un tremendo poder para servir, consolar y transformar al pueblo de Dios en las congregaciones y los ministerios de todos los países en los que servimos. Sin duda, hay momentos en los que necesitamos dirigirnos con una sola voz a los gobernantes del mundo. Y de hecho, estamos llamados a utilizar el poder y los privilegios que tenemos para abogar ante nuestros líderes, alzar nuestras voces y expresar los valores que compartimos. Sin embargo, creo que nuestro verdadero poder no reside en que yo haga un aluvión de declaraciones, ni en que reaccionemos colectivamente a cada atropello que nos presenta el mundo.
En cambio, nuestro poder reside en una estructura eclesiástica arraigada en Cristo y en los principios del reino, la cual puede dar un testimonio sólido y eficaz del evangelio de Jesucristo. Cuando hacemos eso, aumentamos las posibilidades de que nuestras congregaciones y los ministerios de las bases adoren a Dios, sirvan a Su pueblo y transformen vidas cada día. Y como Junta, esta es nuestra mayor oportunidad. Es nuestro principal objetivo.
Por último, es necesario recordar que debemos mantener la mirada fija en Jesús. Como los discípulos del camino a Emaús, a veces caminamos sin darnos cuenta de que el Cristo resucitado está caminando a nuestro lado todo el tiempo.
Amigos, estamos conduciendo esta iglesia que amamos a través de aguas inexploradas, y no pretendo que sea fácil ni que vaya a ser sencillo. Colo sé que estamos aquí para hacer el trabajo que Dios nos ha encomendado. Debemos hacerlo fielmente y con amor mutuo y al Señor a quien servimos.
Espero con impaciencia esta reunión y este tiempo que pasaremos juntos.
Gracias.





