Mensaje de Navidad del Obispo/a Presidente de la Iglesia Episcopal, Sean Rowe


La Natividad y la Adoración de los Reyes Magos, icono ortodoxo griego, circa siglo XVII. / El nacimiento y la adoración de los Reyes Magos, icono ortodoxo griego, circa siglo XVII.

Querido pueblo de Dios de la Iglesia Episcopal:

Si se imaginan como un personaje de las lecturas del Evangelio sobre el Nacimiento, pronto se darán cuenta de que la primera Navidad no se trataba de quedarse en casa junto a una chimenea cálida con nueces asándose y calcetines colgados. Todos en estos pasajes están en movimiento, en su mayoría sin previo aviso y en contra de su voluntad. José y María son convocados desde Nazaret a Belén para un censo. Los pastores, a instancias de un ángel, dejan a sus ovejas en los campos para ver de qué se trata todo ese alboroto. Y los tres Reyes Magos, mis favoritos, están ahí sentados ocupándose de sus propios reinos cuando una estrella irrumpe en sus vidas y los lleva a un viaje imprevisto e incómodo, muy lejos de casa.

El poeta anglicano T. S. Eliot escribió un poema sobre ese arduo viaje desde la perspectiva de uno de los Reyes Magos, relatando, entre otras cosas, la dificultad de lograr que los camellos hagan lo que se les ordena. El encuentro de los tres reyes con el hijo recién nacido de Dios fue difícil, perturbador e inquietante. Y cuando regresaron a casa —por un camino diferente para evitar ser capturados por Herodes— ya no se sentían como en casa. En la versión de Eliot, la primera Navidad puso de cabeza la vida de los Reyes Magos, y tuvieron sentimientos encontrados sobre toda la experiencia.

Quizás este año recibas la Navidad con el asombro de los pastores o con la cautela de los Reyes Magos. Sea como sea, el Evangelio nos recuerda que Jesús vino tanto para experimentar toda la alegría, la incertidumbre y el quebrantamiento de nuestra humanidad, como para acercar el reino de Dios. El nacimiento del Niño Jesús anuncia una nueva realidad en la que los últimos serán los primeros, los hambrientos serán alimentados y el foráneo entre nosotros será acogido como un hijo amado de Dios.

Esta Navidad, espero que te unas a mí para proclamar estas buenas nuevas apoyando a los más vulnerables entre nosotros con una donación a uno de estos ministerios de la Iglesia Episcopal:

Ministerios Episcopales de Migración, que trabaja con diócesis y redes ministeriales para atender a los migrantes y proteger sus derechos.

Ofrenda del Viernes Santo para la Iglesia Episcopal de Jerusalén y el Medio Oriente, que apoya el ministerio de salvamento en Gaza y en toda la Tierra Santa.

Agencia Episcopal de Beneficencia y Desarrollo, que trabaja por un cambio duradero en las comunidades afectadas por la injusticia, la pobreza, los desastres y el cambio climático.

Estoy agradecido de compartir este camino de fe con ustedes. Que Dios los bendiga a ustedes y a todos sus seres queridos en la Navidad y siempre.

El Rvdmo. Sean W. Rowe
Obispo/a
Presidente de la Iglesia Episcopal

Mensaje navideño de Sean Rowe, Obispo Presidente de la Iglesia Episcopal

Querido pueblo de Dios en la Iglesia Episcopal:

Si se imaginan como personajes de las lecturas del Evangelio sobre la Natividad, pronto se darán cuenta de que en la primera Navidad la gente no se quedó en casa contemplando las botas colgadas en el repisa de una cálida chimenea mientras tostaban castañas. En estos pasajes, todos estaban en movimiento, casi siempre sin previo aviso y en contra de su voluntad. A José y a María los llamaron desde Nazaret para que fueran a Belén a registrarse en un censo. Los pastores, a instancias de un ángel, dejaron a sus ovejas en los campos para ver de qué se trataba todo ese alboroto. Y los tres Reyes Magos, mis favoritos, estaban ocupados con sus propios reinos sin molestar a nadie cuando una estrella irrumpió en sus vidas y los llevó a un viaje no planeado e incómodo lejos de casa.

El poeta anglicano T. S. Eliot escribió un poema sobre ese arduo viaje desde la perspectiva de uno de los Reyes Magos, narrando, entre otras cosas, la dificultad de hacer que los camellos obedecieran. El encuentro de los tres Reyes Magos con el hijo recién nacido de Dios fue difícil, problemático e inquietante. Y cuando regresaron —por un camino diferente para evitar que Herodes los capturara—, su casa ya no se sentía como su hogar. En la reinterpretación de Eliot, la primera Navidad alteró por completo las vidas de los Reyes Magos, quienes tuvieron sentimientos encontrados acerca de toda la experiencia.

Este año, tal vez esté viviendo la Navidad con la admiración de los pastores/as o con la cautela de los Reyes Magos. De cualquier manera, el Evangelio nos recuerda que Jesús vino para experimentar toda la alegría, la incertidumbre y la fragilidad de nuestra humanidad, así como para anunciar la llegada del reino de Dios. El nacimiento del Niño Jesús anuncia una nueva realidad en la que los últimos serán los primeros, los hambrientos serán alimentados y los extranjeros entre nosotros serán recibidos como hijos amados de Dios.

Esta Navidad, espero que me acompañes a proclamar estas buenas nuevas apoyando a los más vulnerables entre nosotros con una donación a uno de estos ministerios de la Iglesia episcopal:

Los Ministerios Episcopales de Migración, que trabajan con diócesis y redes de ministerio al servicio de los migrantes y para proteger sus derechos.

La Ofrenda del Viernes Santo para la Iglesia Episcopal de Jerusalén y el Medio Oriente, que apoya el ministerio que salva vidas en Gaza y en toda la Tierra Santa.

La Agencia Episcopal de Ayuda y Desarrollo, que trabaja por un cambio duradero en las comunidades afectadas por la injusticia, la pobreza, los desastres y el cambio climático.

Estoy agradecido de recorrer el camino de la fe junto a ustedes. Que Dios los bendiga a ustedes y a todos sus seres queridos en esta Navidad y siempre.

Rvdmo. Sean W. Rowe
, Obispo Presidente
de la Iglesia Episcopal