Haz una ofrenda por cada bendición

La gratitud aquí no es una respuesta puntual, sino una ofrenda diaria por las cosas pequeñas, como el sol en tu rostro, y las cosas profundas, como un cónyuge, un cambio de trabajo o una temporada difícil que has superado. No espera a que surja una crisis; la oración y la práctica la mantienen presente todos los días, conectando a las personas con lo que Dios ya ha hecho y con lo que aún hará.

Esa conexión se extiende tanto hacia afuera como hacia adentro. Ser agradecido es sentirse cerca de Dios como quien abre el camino, es sentir un corazón que «rebosa de alegría» por todo lo que se ha recibido —y por todo lo que aún hay por dar. El aliento, la vida, la gracia: cada uno de ellos se convierte en algo que se puede devolver, uniendo a las personas con Dios y entre sí al mismo tiempo.