Estudio Bíblico

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Estudio Bíblico: Propio 15 (A) – 16 de agosto de 2026

August 16, 2026

LCR: Génesis 45:1-15; Salmo 133; Romanos 11:1-2a, 29-32; Mateo 15: (10-20), 21-28

No sabemos el nombre de la mujer cananea, pero ella es un ejemplo de fidelidad. ¿Qué otros modelos anónimos de fidelidad en los evangelios te vienen a la mente?

Oración inicial | 

Dios liberador, que entregaste a tu Hijo único como ofrenda por nuestros pecados y ejemplo de vida santa: Danos la gracia de recibir con gratitud los frutos de su obra liberadora y de seguir, día tras día, los pasos benditos de su vida santa; por Jesucristo nuestro Señor, que contigo y el Espíritu Santo vive y reina, un solo Dios, ahora y siempre. Amén.

Contexto | 

Si bien el leccionario permite omitir los versículos 10–20 del evangelio de esta semana, las instrucciones de Jesús en estos versículos —sobre el origen de la impureza— ayudan a contextualizar la interacción que tiene con la mujer cananea en los versículos siguientes. Estos versículos muestran a Jesús como una autoridad en la Torá, que protege y defiende la integridad de la Ley, aun cuando discrepa en su interpretación con otras autoridades religiosas judías. Como veremos, el significado completo del encuentro con la mujer cananea (vv. 21–28) se vuelve más claro cuando se analiza a la luz de la demostración previa que hizo Jesús de su autoridad como maestro e intérprete de la Torá.

El versículo 10 retoma el hilo con Jesús explicando su respuesta a una pregunta de los fariseos y los escribas sobre por qué sus seguidores no se lavan las manos antes de comer. Es probable que los fariseos estuvieran promoviendo prácticas de lavado ritual de manos que mezclaban las leyes de mantener lo kosher con las leyes que regulan la pureza y la impureza. En la Torá, las reglas sobre qué alimentos son permitidos y prohibidos para el consumo, y cómo prepararlos (kashrut), son distintas de las reglas sobre la impureza (tumah) y cómo restablecerse a un estado de pureza (taharah). Los juicios de pureza e impureza no están relacionados con el carácter interno de una persona. Son estados relacionados con el contacto de una persona con ciertos objetos que son impuros, como un difunto o un animal. El medio para recuperar la pureza —el lavado ritual— sirve para que una persona vuelva al estado de pureza ritual requerido para el culto en el Templo. No funciona como un juicio moral.

Dado que existe una distinción entre las normas relativas a los alimentos permitidos y aquellas relativas a los estados de pureza e impureza, hay ciertas circunstancias en las que, según la ley judía, es posible que alguien consuma alimentos kosher impuros sin entrar él mismo en un estado de impureza. Parece que, en esta historia, los fariseos enseñaban que era posible que el consumo de alimentos kosher impuros hiciera que uno se volviera ritualmente impuro. Jesús no está de acuerdo. Explica que la impureza proviene de nuestro interior (nuestros corazones), no de cosas externas a nosotros (lo que comemos o bebemos). Él está defendiendo la Ley, no alterándola. En diálogos como este, Mateo muestra a Jesús como un maestro judío con gran autoridad.

Reflexión teológica | 

Tras este diálogo, Jesús se va a visitar Tiro y Sidón (lugares donde vivían los gentiles). Allí, una mujer anónima identificada como cananea (en el Evangelio de Marcos es sirofenicia) se acerca a Jesús en busca de sanación para su hija.

Al principio, él se muestra indiferente hacia ella porque no es judía. «Dios me ha enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel», le responde a su petición. Cuando ella vuelve a pedir ayuda, Jesús la compara con un perro que no puede recibir la comida destinada a los hijos de la familia. Sus palabras dirigidas a esta mujer anónima reflejan la animosidad entre los judíos y los grupos étnicos gentiles que vivían cerca unos de otros en el Antiguo Oriente Próximo. Más aún, la decisión de Mateo de describir a la mujer como cananea (y no como sirofenicia) pone de manifiesto la relación hostil de larga data entre el antiguo Israel y los gentiles, pues esta mujer no judía desciende de los enemigos de Israel que vivían en la tierra que Dios prometió a Abraham y a sus descendientes.

Esta mujer insiste en hablar con Jesús y no niega que él haya sido enviado a salvar a las ovejas perdidas de Israel (cf. Mateo 10:5-6). Aunque desconocemos su nombre, su fe en el poder de Jesús para sanar a su hija no se basaba en la certeza de que compartieran el mismo origen étnico, sino en su propia certeza acerca de quién es Jesús. Ella se dirige a él como «Señor, Hijo de David». Y sigue convencida de que su cercanía a él sanaría a su hija. Entiende que ella no es una de las ovejas perdidas que Jesús dice haber sido enviado a buscar, y lo afirma cuando le responde. Sin embargo, ella persiste, y esta persistencia ofrece una sorprendente afirmación de su esperanza de que su identidad en relación con Jesús, como gentil, no excluirá a su hija de la posibilidad de ser sanada por él. De hecho, su respuesta notablemente fiel provoca el resultado deseado porque demuestra la profundidad de su confianza en la identidad de Jesús como Señor. Jesús sana a la niña gentil.

Preguntas para la reflexión | 

  • Las diferencias étnicas influyen en la forma en que tratamos a los demás: ¿qué lecciones podemos aprender del encuentro entre Jesús y la mujer cananea, que traspasó las barreras étnicas? 
  • ¿Alguna vez has sentido que Dios no te respondía como esperabas cuando buscabas sanación para ti o para un ser querido? ¿Cómo reaccionaste? ¿Te identificas de alguna manera con la mujer cananea?
  • No sabemos el nombre de la mujer cananea, pero ella es un ejemplo de fidelidad. ¿Qué otros modelos anónimos de fidelidad en los evangelios te vienen a la mente?

La fe en la práctica |

En tu oración de esta semana, intenta hablarle directamente a Dios con la misma honestidad con la que la mujer cananea se dirigió a Jesús. Fíjate en cómo te sientes.

El reverendo Alden E.J. Fossett es el vicario de la Iglesia Episcopal de San Pablo en Brookline, Massachusetts. Alden fue ordenado diácono por la Rta. Rev. Julia E. Whitworth en mayo de 2026 en la Catedral de Boston y se está preparando para ser ordenado sacerdote, si Dios quiere, en diciembre de 2026. Nació y creció en Los Ángeles, California; fue educado en la fe cristiana en la iglesia bautista negra más antigua de Los Ángeles y, más tarde, se formó durante varias temporadas en comunidades unitaristas universalistas y cuáqueras. Después de convertirse al anglicanismo en la universidad, Alden volvió a sentir el llamado de su infancia al ministerio ordenado. Se desempeñó como becario Kellogg para la capellanía episcopal en Harvard y como capellán de Harvard antes de ingresar al seminario. Alden cuenta con una Maestría en Teología, un Diploma en Estudios Anglicanos y un certificado en Estudios de la Iglesia Negra de la Escuela de Teología de Yale y la Escuela de Teología de Berkeley.

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Contacto:
Rvdo. Richard Acosta R., Th.D.

Editor, Sermones que Iluminan

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