Apoyo de la Iglesia Episcopal a la ayuda internacional (2025)

“En ese momento, un abogado se levantó para poner a prueba a Jesús. —Maestro —le dijo—, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna? Él le respondió: —¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees ahí? Él contestó: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo”. Y él le dijo: “Has respondido correctamente; haz esto, y vivirás”». Lucas 10:25-28 

La Iglesia Episcopal cuenta con una larga trayectoria de apoyo a la ayuda humanitaria y al desarrollo internacional, abogando por inversiones en salud, educación y saneamiento, así como por el respaldo a la democracia, la transparencia y el estado de derecho. Nos hemos comprometido a respaldar las Metas de Desarrollo Sostenible y la iniciativa global anterior, los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Es con esta larga trayectoria y sólidas alianzas en toda la Comunión anglicana que expresamos nuestra preocupación por los cambios introducidos en la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional. Estos cambios, que incluyen una suspensión de los fondos y recortes de personal, han afectado al personal especializado que se encuentra en la vanguardia de los intereses nacionales, además de poner en riesgo programas de larga data y exitosos. Cortar abruptamente la asistencia humanitaria y para el desarrollo, que es vital, no redunda en el mejor interés de Estados Unidos, ni se alinea con los valores del Evangelio que Jesús nos ha enseñado y que nuestra iglesia defiende.  

Nuestra iglesia no tiene una postura respecto a las estructuras burocráticas; sin embargo, tenemos el compromiso de amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. También nos mantenemos fieles a nuestro compromiso de promover los valores democráticos, la estructura de gobierno y los derechos humanos que refuerzan los derechos de todas las personas en todo el mundo.  La familia humana no está menos conectada por la distancia ni por las circunstancias. La ayuda exterior representa menos del 1 % del presupuesto federal y, sin embargo, sabemos que esa inversión salva vidas. Como cristianos, debemos alzar la voz a favor de inversiones continuas que ayuden a aliviar el sufrimiento y a crear condiciones en las que los seres humanos y su entorno puedan prosperar. 

Hacemos un llamado a nuestros líderes para que encuentren «el equilibrio entre las necesidades legítimas de seguridad militar y los programas de alivio de la pobreza». Instamos a la administración de Trump y al Congreso a que continúen invirtiendo en asistencia humanitaria y para el desarrollo, a que sigan impulsando iniciativas de desarrollo sostenible que dependen de los compromisos de Estados Unidos y, en particular, a que no se arriesguen a perder impulso en áreas donde se ha logrado tanto progreso, como la prevención de enfermedades, la salud global, la seguridad alimentaria y la preparación para desastres.