Sermones que Iluminan

Sermón Especial: Último Domingo después de la Epifanía (C) – 27 de febrero de 2022

February 27, 2022

LCR: Éxodo 34:29-35; Salmo 99; 2 Corintios 3:12-4:2; Lucas 9:28-36, [37-43a]

Lucas, autor del Evangelio que lleva su nombre es médico y también historiador.  Pone mucho énfasis en los detalles, en las fechas y los eventos que conectan a Jesús con la historia y con el pueblo. En varios relatos, se ha levantado el interés en respondes a la pregunta: ¿Quién es este que perdona pecados?, ¿Quién es este que manda a los vientos y al agua y le obedecen? Y en esta mañana nos presenta un relato que nos asombra y nos desafía, en donde desde el cielo viene la respuesta: “este es mi hijo elegido; escúchenlo”

Es posible que resulte difícil comprender y luego presentar el relato de la transformación de Jesús en una luz radiante. Pero es allí donde nos asiste el poder de su Espíritu para llevarnos al siguiente nivel: de comprometernos con el poder para seguir a Jesús.

No es posible leer el relato de la transfiguración sin hacer la conexión con el relato del bautismo.  Lo que ambos tienen en común es la voz que se escucha del cielo diciendo “este es mi hijo”. Aquí está la Epifanía, la revelación de la identidad de Jesús, Hijo de Dios encarnado, que está en medio del pueblo, acompañando, enseñando, haciendo milagros, pero también llamando y enviando.  Hoy es el domingo dedicado a la Misión Mundial y se escucha fuertemente la necesidad de re-imaginarnos como la Misión de Dios tiene una Iglesia, que sirve en medio de la realidad de una pandemia. El canónigo Grace Kaiso, consultor de la Alianza Anglicana nos dice: “para la Iglesia, este tiempo de la pandemia, es una oportunidad para escuchar la voz de Dios: ¿qué nos está diciendo Dios sobre la naturaleza de su Reino y cómo Dios nos llama a responder.” He aquí el claro desafío de re-imaginarnos como la Misión de Dios tiene una Iglesia.

Con esto en mente, me gustaría reflexionar con ustedes sobre la forma como respondemos al desafío de la misión:

  1. La encarnación de Jesucristo y su manifestación; y
  2. Transformando realidades en una sociedad que le espera.

El misterio de la encarnación de Jesucristo es la iniciativa de amor más grande que Dios ha hecho hacia nosotros. Esta es la esencia del cristianismo, la acción de Dios en la historia de un pueblo –ayer, hoy y siempre. Nuestro desafío es presentar al mundo a Dios hecho hombre: Jesucristo y presentarle a Jesucristo a nuestro mundo, así como está: maltrecho por el cambio climático, con prácticas de discriminación y racismo todavía existentes, con exclusión de personas, con corrupción de sistemas, pero también con ternura, con esperanza con amor. El desafío es trabajar juntos en la transformación del mundo que Dios quiere.  En el relato de la transfiguración: Pedro, quizás pensando en la Fiesta de los Tabernáculos, donde se hacían chozas para conmemorar el evento del Éxodo, donde Dios libera al pueblo de la esclavitud en Egipto. Pedro quería quedarse allí con ellos y construir una Iglesia sobre tres piedras angulares: la ley, los profetas y Jesús. Pero luego descubrió que eso no era lo que Dios quería.  Pedro escribiría más adelante acerca de Jesús: “cuidadosamente escogida, preciosa piedra angular para la Iglesia.” (1 Pedro 2:6). Pedro, Santiago y Juan experimentaron un momento precioso en la cima de la montaña. y no querían irse de ese lugar. En ocasiones también nosotros experimentamos lo mismo, queremos seguir disfrutando del momento y quedarnos allí, alejados de los desafíos y frustraciones que nos puedan llegar, en la vida diaria. Sin embargo, quedarnos en la montaña no nos permite ministrar a las necesidades del prójimo, no nos permite revelar a otros, manifestar a otros quien es Jesucristo. Al saber ¿qué nos espera en el valle? nos motiva a buscar los momentos de retiro y renovación para fortalecernos y regresar a la realidad. El sentido de nuestra fe se encuentra en la sima de la montaña y también en lo profundo del valle. Dios en este relato, claramente identifica que Jesus es su Hijo, el escogido y le dice a Pedro y a los otros que deben escucharle a él, no a sus propias ideas o sus propios deseos. El poder para seguir a Jesus viene de la seguridad de saber quién es él.

El Dios de Jesucristo, el Dios de los profetas, evangelistas y apóstoles escoge a los mensajeros para que sean sus manos, sus pies y su voz. Nosotros como pastores, predicadores, lideres laicos en la comunidad de fe tenemos la tarea de comunicar, como Dios actúa a través de su elegido, para darnos la imagen más completa de sus planes, en los cuales nos podemos comprometer y participar.  Es aquí donde la Comunión Anglicana, de la cual somos parte, a través de las Marcas de la Misión nos recuerda cual es la Misión de Dios que tiene la Iglesia:

  • Proclamar la buena Noticia del Reino de Dios;
  • Enseñar, bautizar y nutrir a los nuevos creyentes;
  • Responder a la necesidad humana a través de servir con amor;
  • Transformar las estructuras injustas de la sociedad, desafiar la violencia de toda clase y promover la paz y la reconciliación; y
  • Salvaguardar la integridad de la creación y sostener y renovar la vida en la tierra.

Estas marcas se convierten en el plan de Misión de la Iglesia. Se llevan a cabo desde la comunidad de fe y de forma individual, porque representan la forma de vida que vivimos y reflejamos los discípulos de Jesucristo. Evangelismo, discipulado intencional, acción social, justicia social y justica ecológica son las acciones y ministerios que, como mensajeros de Jesucristo, debemos comunicar y reflejar para transformar la sociedad para que se asemejan a los planes de Dios. Es hora de cambiar el paradigma, de ser Iglesia de mantenimiento a ser Iglesia que ejerce la Misión de Dios.

El teólogo C. S. Lewis dijo: “no podemos cambiar el inicio…entonces, trabajemos para cambiar el final” somos llamados a ser los agentes de la transformación que tanto necesitamos como comunidad de FE, como sociedad, como ciudadanos del mundo. Quizás la pandemia nos dejó muchas cosas, algunas negativas, pero también nos dejó marcas y oportunidades positivas. Llevemos la jornada con calma, pero no nos detengamos. No tengas miedo, tengamos cuidado. Sigamos cuidándonos y cuidando a otros, reflexionando y aportando en la construcción del proyecto de Vida, inaugurado por Jesucristo, la Misión del Reino de Dios.  Que así sea.

S.E. Rvdma. Julio Murray es el primado de la Iglesia Anglicana de la Región Central de América (IARCA) y el obispo de Panamá. Para obtener más información sobre el Domingo Mundial de las Misiones, visite iam.ec/epiphany2022.

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Contacto:
Rvdo. Richard Acosta R., Th.D.

Editor, Sermones que Iluminan