Esta carta de la presidenta del Comité Presupuestario Conjunto del Consejo Ejecutivo ofrece información de fondo sobre el borrador del presupuesto general de la Iglesia para 2028-2030. Invitamos a los y las episcopales a revisar el borrador del manual del presupuesto y a participar en las audiencias del Comité Conjunto el 18 de noviembre y el 9 de diciembre.
Nota: Las cifras del presupuesto de 2027 incluidas en el presupuesto preliminar corresponden al presupuesto anual provisional del último año del trienio actual, que se presentará al Consejo Ejecutivo para su aprobación en diciembre. Se incluyen únicamente a título informative.
Queridos/as hermanos y hermanas en Cristo de la Iglesia Episcopal:
Les traigo saludos de paz y buenas noticias como presidente del Comité Presupuestario Conjunto del Consejo Ejecutivo.
De acuerdo con nuestros estatutos, y en colaboración con el Obispo Primado Sean Rowe, la Presidenta de la Cámara de Diputados Julia Ayala Harris y el Director Financiero Chris Lacovara, nuestro comité se complace en presentar nuestro proyecto de presupuesto para el trienio 2028-2030.
Me gustaría compartir con ustedes cómo llegamos a este documento, por qué fueron necesarios los cambios y qué significan estos cambios para el futuro de la Iglesia Episcopal.
Cuando el Comité Presupuestario Conjunto se reunió en julio de 2025 con nuestro entonces nuevo Director Financiero, Chris Lacovara, comenzamos por analizar detenidamente cómo se elaboraba el presupuesto de la Iglesia Episcopal y cómo se presentaba a toda la iglesia.
Lo que encontramos fue un sistema que requería una atención significativa.
En ese momento, el presupuesto se elaboraba y se compartía con la iglesia mediante una hoja de cálculo de Excel que contenía casi 700 líneas. Sería razonable suponer que un presupuesto de ese tamaño rendiría cuenta de cada dólar gastado por la Iglesia Episcopal. Lamentablemente, ese no era el caso.
Cuando preguntamos por qué no aparecía cada gasto reflejado en el presupuesto, nos dijeron que, en el pasado, ciertos gastos eran simplemente demasiado impredecibles como para incluirlos en el presupuesto, y que dichos gastos, aunque no figuraban en el presupuesto, sí se incluían en los estados financieros consolidados de la Iglesia Episcopal —documentos que muy pocos diputados/as u obispos/as leían.
Pero, como sabe cualquiera que haya administrado un presupuesto alguna vez, aunque no podamos predecir cada gasto con certeza, sí podemos hacer estimaciones razonables basadas en la experiencia pasada. Una estimación bien fundamentada es mucho mejor que dejar un gasto fuera del presupuesto por completo.
Algunos ejemplos de partidas omitidas del presupuesto anterior serían las subvenciones y becas financiadas con fondos fiduciarios (y los ingresos relacionados), la mayor parte de la iniciativa Ofrenda Unida de Acción de Gracias (incluyendo aproximadamente un millón de dólares en otorgamiento de subvenciones) y todas las operaciones de las Mujeres Episcopales (ingresos y gastos).
Si bien todos los fondos fueron finalmente contabilizados y utilizados adecuadamente, el Comité Presupuestario Conjunto deseaba generar mayor transparencia y garantizar que todos los fondos gastados se incluyeran en el presupuesto que se revisaría durante la Convención General.
Por lo tanto, una de nuestras primeras prioridades fue garantizar que esta propuesta presupuestaria contemplara todos los gastos, incluidos aquellos que debían estimarse con base en el gasto histórico. Ese es un paso importante hacia un panorama más completo y transparente de cómo la Iglesia utiliza sus recursos.
Pero la elaboración incompleta del presupuesto era solo una parte del problema.
También enfrentamos un desafío significativo a la hora de comprender el estado financiero real de la Iglesia en un momento dado. El Centro Eclesiástico operaba con sistemas separados de contabilidad y de informes financieros que no se comunicaban bien entre sí. Además de eso, el presupuesto no se alineaba con el plan de cuentas utilizado para registrar la actividad financiera.
¿El resultado? Era muy difícil generar informes significativos que compararan los ingresos y gastos reales con el presupuesto.
Esto generaba dificultades para las áreas ministeriales que intentaban administrar sus recursos. También dificultaba que el liderazgo obtuviera un panorama claro y consolidado de la situación financiera de la Iglesia.
Espero que puedan comprender la complejidad de la situación a la que nos enfrentábamos. Necesitábamos más que una hoja de cálculo revisada. Necesitábamos un sistema de gestión financiera que nos brindara información precisa, oportuna y significativa sobre cómo se estaban utilizando nuestros recursos.
Entonces, ¿por dónde empezamos?
Nuestra primera prioridad fue encontrar un sistema único de contabilidad, informes financieros y presupuestación que pudiera satisfacer las necesidades del Centro Eclesiástico y reemplazar los antiguos sistemas separados. Necesitábamos un sistema que pudiera generar informes financieros confiables tanto para la Iglesia en su conjunto como para cada área ministerial en particular. El personal identificó un nuevo sistema —Sage Intacct— al cual migramos a principios de 2026. Además de consolidar el presupuesto y los informes financieros, el nuevo sistema automatiza gran parte del trabajo contable que antes se realizaba manualmente, lo que agiliza todo el proceso de presentación de informes financieros.
El Comité Presupuestario Conjunto está sumamente agradecido con el Director financiero, Chris Lacovara, por su arduo trabajo para ayudarnos a avanzar hacia este objetivo. Chris ha sido una bendición no solo para el Comité Presupuestario Conjunto, sino también para toda la iglesia.
Aun así, elegir e implementar un nuevo sistema contable fue solo parte de la solución. También necesitábamos cambiar la forma en que estaba estructurado el presupuesto.
El Comité Presupuestario Conjunto y el Director financiero trabajaron juntos para desarrollar un nuevo plan de cuentas. Este fue un paso esencial en la preparación para el próximo presupuesto trienal, ya que el presupuesto y el sistema contable debían hablar el mismo idioma.
Y eso me lleva a uno de los cambios más importantes de esta propuesta.
Queríamos que todas las áreas ministeriales trabajaran con el mismo conjunto básico de cuentas de ingresos y gastos. ¿Por qué es importante esto?
Porque la coherencia aporta claridad. Cuando las áreas ministeriales utilizan una estructura contable común, podemos comparar la información de manera más significativa, comprender el gasto con mayor facilidad y brindar mayor transparencia en toda la organización.
Pero hay otro beneficio importante: la flexibilidad. Permítanme darles un ejemplo.
Bajo la antigua estructura presupuestaria, si un área ministerial planeaba organizar una conferencia en particular, dicha conferencia podía aparecer como una partida presupuestaria propia, o tal vez como varias partidas, en el presupuesto.
Si las circunstancias cambiaban durante el trienio y el área ministerial necesitaba reasignar esos fondos a una prioridad diferente, realizar ese cambio podía requerir la aprobación del Consejo Ejecutivo. Ese proceso podía llevar meses.
Mientras tanto, las necesidades del área ministerial podrían haber cambiado, pero el presupuesto no.
El nuevo enfoque está diseñado para resolver ese problema.
En lugar de presupuestar por separado cada proyecto o actividad individual, el presupuesto proporciona una asignación para las necesidades más amplias del área ministerial. Esto le da a la persona responsable de esa área ministerial mayor flexibilidad para ajustar los gastos a medida que cambian las circunstancias y surgen nuevas prioridades.
El objetivo no es reducir la rendición de cuentas. Todo lo contrario.
El objetivo es combinar una mayor flexibilidad con mejor información financiera y una supervisión más sólida.
Con el nuevo sistema de contabilidad y presentación de informes, las personas responsables de las áreas ministeriales pueden ver, apenas unos días después del cierre de cada mes, cómo se comparan sus gastos reales con su presupuesto.
Pensemos en lo que eso significa.
En lugar de esperar semanas o meses para entender cuál es su situación financiera, los y las líderes cuentan con información oportuna que les ayuda a tomar decisiones informadas, identificar posibles problemas y responder cuando cambian las circunstancias.
Al mismo tiempo, el Consejo Ejecutivo tendrá una visión más clara del presupuesto consolidado y del desempeño financiero de todas las áreas ministeriales.
Esa es una mejora significativa. Es un cambio revolucionario.
Ahora bien, sospecho que algunos/as de ustedes se estarán preguntando algo más.
Quizás estén viendo este nuevo presupuesto y piensen: “¿Qué pasó con la línea 164? Ese era mi proyecto. Ese era el programa que me importaba, que apoyaba o que seguía año tras año. ¿Adónde se fue?”.
Esa es una pregunta válida.
Bajo la nueva estructura, ya no verán una partida presupuestaria separada para cada proyecto individual dentro de cada área ministerial.
En su lugar, algunos de esos gastos se agruparán en partidas denominadas, por ejemplo: Servicios contratados; Marketing y Eventos; u Otros Gastos Específicos de los Programas.
Esos proyectos no han desaparecido necesariamente. Más bien, sus gastos se han consolidado en una categoría presupuestaria más amplia, lo que brinda a las personas responsables de las áreas ministeriales mayor flexibilidad para administrar sus asignaciones.
Y aquí es donde quiero destacar la importancia de otro recurso que estamos proporcionando: el presupuesto trienal ya no se publica como una hoja de cálculo de Excel, sino en un nuevo manual presupuestario.
El manual incluye todas las cifras del presupuesto trienal, pero también contiene una descripción detallada que explica qué se incluye en los ingresos y gastos, y qué se pretende lograr con esos fondos.
El manual ofrece descripciones detalladas de los presupuestos de cada área ministerial. Explica sus metas y visión, describe qué se incluye en sus asignaciones y establece la correspondencia entre las antiguas partidas presupuestarias y la nueva estructura.
Así que, si desean saber qué pasó con ese proyecto que han seguido durante años, el manual presupuestario es el lugar donde deben buscar. Les ayudará a entender dónde se reflejan ahora esas antiguas partidas en el nuevo presupuesto.
En muchos sentidos, el manual presupuestario es tan importante como el presupuesto mismo, ya que proporciona el contexto detrás de las cifras y nos ayuda a ver cómo los recursos financieros respaldan la labor y la misión de la iglesia. Para quienes se quedan con la mirada perdida al ver un presupuesto como líneas y líneas de números, el manual es un cambio revolucionario.
También hemos hecho algunos cambios para que el presupuesto sea más fácil de leer.
No todas las áreas ministeriales utilizan todas las cuentas del plan de cuentas. Con el enfoque anterior, es posible que vieran una línea marcada como “Esta línea se dejó en blanco intencionalmente” o que vieran un cero donde no se habían asignado fondos.
En el nuevo presupuesto, las líneas no utilizadas simplemente se omiten.
Puede parecer un cambio menor, pero esto hace que el documento sea más claro, más fácil de navegar y menos saturado de información superflua.
En conjunto, todas estas modificaciones representan un cambio sustancial en la forma en que preparamos, administramos y comunicamos las finanzas de la Iglesia.
Pero hay un elemento más que es esencial en esta historia.
Mientras el Comité Presupuestario Conjunto trabajaba en estos cambios financieros, también observábamos de cerca cómo tomaba forma el plan estratégico de la Iglesia.
Entendimos que el presupuesto no podía elaborarse de manera aislada. Un presupuesto es más que una simple recopilación de cifras. Refleja nuestras prioridades. Nos indica qué es lo que valoramos, dónde pretendemos enfocar nuestros esfuerzos y cómo planeamos utilizar los recursos que se nos han confiado.
El plan estratégico debía servir de base para el presupuesto, y el presupuesto debía respaldar el plan estratégico.
Queríamos una propuesta presupuestaria que fuera más allá de mantener las estructuras existentes y seguir haciendo las cosas simplemente porque así se habían hecho siempre. Queríamos un presupuesto que ayudara a posicionar a la Iglesia Episcopal para enfrentar los desafíos que tenemos por delante y avanzar hacia el futuro que imaginamos.
Hay una imagen que se me ha quedado grabada durante las últimas etapas de este proceso. El Rvdo. Teddy Brooks, quien forma parte del Consejo Ejecutivo, habló de la procesión fúnebre en la que esta Iglesia ha estado sumida por demasiado tiempo.
Es una imagen impactante que nos desafía a pensar de manera diferente.
No podemos simplemente seguir por el mismo camino, haciendo ajustes graduales, y esperar un futuro diferente. Si queremos interrumpir esa procesión fúnebre, como Teddy lo expresó tan bellamente, debemos estar dispuestos a examinar nuestras prioridades, repensar cómo trabajamos y alinear nuestros recursos con la misión y el futuro de la Iglesia.
Ese es el contexto más amplio del presupuesto trienal propuesto.
El trabajo que hemos realizado para mejorar nuestros sistemas contables, crear un plan de cuentas común, fortalecer los informes financieros y brindar mayor flexibilidad a las personas responsables de las áreas ministeriales no es un cambio por el simple hecho de cambiar. Se trata de medidas prácticas encaminadas a construir una base más sólida para el trabajo que nos espera, y estamos agradecidos con Chris Lacovara y su equipo por el arduo trabajo que han realizado para llevarnos hasta este punto.
Le debemos a la iglesia saber cómo se están utilizando sus recursos. Les debemos a las personas responsables de áreas ministeriales brindarles las herramientas y la información que necesitan para administrar esos recursos de manera responsable. Y le debemos a la gente de la Iglesia Episcopal presentar un presupuesto que sea comprensible, transparente y que esté vinculado a nuestra misión compartida.
Al compartir hoy con ustedes este presupuesto trienal propuesto, mi esperanza y mi oración es que vean esos compromisos reflejados en su estructura y en el trabajo que se ha realizado para prepararlo.
Verán un presupuesto más completo, más transparente, más fácil de navegar y más flexible para las áreas ministeriales a las que busca apoyar.
También verán los primeros pasos hacia una mejor manera de entender y administrar nuestras finanzas, no solo como un conjunto de áreas ministeriales, sino como una sola Iglesia que trabaja en conjunto para utilizar sus recursos sabiamente en apoyo de una misión común.
Las cifras importan. Los sistemas importan. La rendición de cuentas importa.
Y, en última instancia, importan por lo que hacen posible: una Iglesia mejor equipada para responder a las necesidades del presente, aprovechar las posibilidades del futuro y dirigir sus recursos hacia la misión a la que Dios nos llama.
Gracias por participar en esta labor vital, y espero que se unan a nosotros en las próximas sesiones programadas para el 18 de noviembre y el 9 de diciembre, de 2:00 p. m. a 4:00 p. m. y de 2:00 p. m. a 5:00 p. m., hora del Este, respectivamente. Inscríbanse aquí y no duden en enviar cualquier pregunta por correo electrónico a budgetquestions@episcopalchurch.org.
Atentamente en Cristo,
La Rvdma. Diane Jardine Bruce
Presidenta del Comité Presupuestario Conjunto del Consejo Ejecutivo





