Las Iglesias responden de muchas maneras para ayudar a las comunidades afectadas por la tormenta

November 6, 2012


[Episcopal News Service] “¡A del barco!, gritaba un niño disfrazado al tiempo que subía corriendo las escaleras mientras pedía dulces por Halloween en el salón parroquial de la iglesia episcopal de San Pedro [St. Peter’s] en Morristown, Nueva Jersey.

Halloween llegó este año para los niños de Morristown el 2 de noviembre, día de los Fieles Difuntos, cuando la iglesia auspició la fiesta infantil del “truco o el trato” luego que tuviera que ser aplazada en Nueva Jersey debido a las peligrosas condiciones ambientales causadas por el huracán Sandy, que azotó la región y causó extensos cortes en el fluido eléctrico debido al derribo de árboles y cables en la zona de Morristown.

La inusual tormenta de octubre cobró más de cien vidas a través de nueve estados, causó graves inundaciones en Nueva York, Nueva Jersey y Connecticut, que dejaron la región sin electricidad y, en algunos casos, sin agua, y paralizó la infraestructura del transporte regional.  Se han formado largas colas en las gasolineras a través de la región donde el combustible escasea. Y los daños económicos causados por Sandy se calculan entre $50.000 y $60.000 millones.

La celebración de Halloween fue una pequeña parte de un gran empeño de asistencia comunitaria a las víctimas de la tormenta en la zona en la iglesia de Morristown, una de las muchas iglesias que respondieron a la necesidad a través de la región afectada de la costa oriental.

Los esfuerzos de San Pedro comenzaron cuando el municipio le pidió a la iglesia, el 1 de noviembre, que sirviera como un centro oficial de calefacción y de recarga [de equipos electrónicos]. La iglesia puso un letrero y la rectora Janet Broderick, y su auxiliar Melissa Hall empezaron a correr la voz al tiempo que repartían café y bocadillos a las personas que hacían largas colas en las gasolineras. Una mujer incluso dejó su auto —y a su hija de 10 años— al cuidado de Hall, mientras iba por un momento al baño.

“Luego nos dimos cuenta de que la gente que venían estaban hambrientos, y no podían cocinar [sin electricidad]”,  contaba Broderick. De manera que la iglesia sirvió perros calientes para el almuerzo y compró suministros en una tienda que surte a restaurantes para ofrecer una cena de espaguetis. Un puñado del personal de la parroquia, miembros de la familia y voluntarios laicos comenzaron esta tarea, y al final de la noche, habían venido más de 100 personas a comer y 15 o 20 personas estaban trabajando en la cocina y en las colas para servir.

La iglesia comenzó a servir tres comidas calientes por día. News 12 trasmitió un informe (http://morristowngreen.com/2012/11/03/video-st-peters-in-morristown-on-n...) después del desayuno del 2 de noviembre, y voluntarios y donativos llegaron a montones. Algunas personas vinieron a comer y a calentarse un día o dos, y luego, cuando ya tenían electricidad, volvieron para ayudar.

“Han sido tan buenos con nosotros aquí”, dijo Leslie Acheson, una de las vecinas de la localidad, que llegó el 3 de noviembre con frutas para el desayuno del día siguiente. “Han sido tan buenos… que debemos reciprocar con algo”.

Así como ofreció alimento y calor, la iglesia también brindó un lugar para que las personas contaran sus historias y escaparan al deprimente aislamiento de estar sentados en la oscuridad de sus casas, dijo Broderick, quien llenó las camas disponibles de la rectoría con feligreses que vivían en hogares de ancianos que se habían quedado sin calefacción debido a la tormenta.

“La sociedad le dice a las personas que lo que ellos realmente necesitan son objetos y cosas o no estar físicamente estresados o tener experiencias físicas placenteras y tener de alimento exactamente lo que quieren comer. Deben estar en una temperatura ideal, ver sólo a las personas que han invitado”, dijo ella. “Nos dicen que, si pudiéramos llegar a controlar realmente el universo hasta ese punto, seríamos felices.

“Pero en estas circunstancias, cruzamos esta frontera de la intimidad con personas que no conocemos, [entablamos] discusiones con personas que no tienen nuestro número de texto y [tenemos] experiencias físicas que no son cómodas, pero descubrimos que tenemos auténtica alegría, y eso es el evangelio. Es la gracia de Dios que se derrama sobre un mundo sufriente”.

“No importa si una persona es miembro o no es miembro de San Pedro”, siguió diciendo ella. “La membresía no significa nada. La membresía es ser parte del mundo que ha experimentado el huracán, que son todos”.

Sin embargo, la labor comunitaria puede dar lugar a algunos nuevos miembros para la parroquia.

Shannon Mrotcheck y sus hijos, Emily, de 6 años y Johnny, de 4, asistieron a la cena del 1 de noviembre y volvieron al día siguiente para la fiesta de Halloween.

“Voy a venir aquí el domingo con los niños”, dijo ella. “Me he quedado realmente impresionada con lo cálido y acogedor que es todo el mundo”.

Varios niños que vinieron a la cena dos noches seguidas, pidieron que les hicieran un recorrido por la iglesia histórica.

“¡Quiero venir aquí!”, anunció Tiffany Jones, de 11 años.

“Se ocupan de los demás” dijo Imani Haskins, de 13.

Jeffrey Hargrove, de 38 años, perdió su empleo en una tienda naturista de la localidad cuando el negocio cerró y ahora vive en un albergue para desamparados. Él fue a dar a San Pedro y dedicó tiempo como voluntario en la mesa artes manuales y en los juegos infantiles.

“Yo simplemente podría volver a San Pedro, y ellos pueden ayudarme a integrarme más a la comunidad”, dijo él. “Encontré que aquí las personas están muy deseosas de enseñar, y creo que eso es lo que el mundo necesita, ayudar a la gente a pensar por sí misma”.

Además de brindar ayuda a la comunidad después de la tormenta, San Pedro prosiguió con sus oficios regulares durante la semana, incluido el funeral de Bill Keill —quien fuera feligrés durante mucho tiempo— el domingo por la tarde, oficio en el que predicó John Shelby Spong, el obispo jubilado de Newark. Él y su esposa, Christine, estaban fuera del estado cuando azotó la tormenta y tuvieron que retrasar el regreso a su casa en Nueva Jersey durante varios días. A su vuelta encontraron su hogar si electricidad y bloqueado por tres árboles que se habían caído.

La Rda. Margaret Otterburn, ex feligresa de San Pedro y ahora rectora de la iglesia episcopal del Mesías [Church of the Messiah] en Chester, asistió al funeral después de celebrar oficios a las 8, 9 y 10 de la mañana sin electricidad. Un puñado de personas llegó para el primer oficio, una familia con un niño para el segundo, y 19 personas para el tercero.

“Había como 11°C en el santuario”, dijo ella. “Estaba claro y soleado, de manera que podíamos ver” Y trajeron agua de la estación de bomberos para descargar los retretes.

Después se entabló una animada conversación, aun sin la hora del café. “Resultó estupendo, porque pudimos ser una comunidad”.

“Ojalá hubiéramos tenido electricidad para haber podido ayudar a la comunidad”, agregó. “Es duro cuando quieres ayudar y no puedes hacerlo”.

Otterburn se las arregló para ponerse en contacto con la mayoría de sus feligreses y comprobar que estaban bien. Y la iglesia envío artículos de aseo, así como de sus reservas regulares de alimentos y conservas a un pueblo devastado de la costa de Jersey y sirvió su comida a la hora señalada en el albergue de desamparados del condado valiéndose de velas. Pero la iglesia del Mesías aplazó una celebración con el obispo para conmemorar el 20 aniversario del templo.

“La vida continúa, pero con grandes retos”, dijo Otterburn. “continúa con el domingo de Todos los Santos ¿verdad? Todos somos llamados a ayudarnos mutuamente, y eso es lo que la gente está haciendo”.

La Rda. Stephanie Wethered, ex auxiliar en San Pedro y en la actualidad rectora de la iglesia episcopal de San Pedro [St Peter’s] en Essex Fells, también asistió al funeral. La policía impidió que la iglesia de Essex Fells celebrara oficios el domingo debido a las peligrosas condiciones causadas por la caída de cables eléctricos y árboles. La iglesia está recogiendo donaciones para ayudar a la iglesia episcopal de Todos los Santos [All Saints’] en Hoboken y San Simón del Mar [St. Simon’s by the Sea] en Mantoloking, informó Wethered en Facebook.

La Rda. Sonia Waters salió de su casa el viernes 2 de noviembre, usando la última gasolina que le quedaba en su auto, para llegar a Budd Lake a quedarse con uno de sus feligreses a fin de poder celebrar los oficios del domingo, con o sin electricidad, en la iglesia de Cristo [Christ Church] que tiene a su cargo.

Ella trajo consigo dos calentadores de queroseno, 10 galones de agua de Home Depot y “mantas para que los feligreses se calentaran si llegaba a hacer frío”, dijo Mennell.  “Se preparó para [la celebración de] Todos los Santos, contra viento y marea —de los cuales hemos tenido un poquito”.

Más hacia el este, la iglesia donde Mennell es rector, la iglesia episcopal de San Lucas [St Luke’s] en Montclair, ha servido de centro de calefacción y recarga desde el 30 de octubre, con visitantes que se ha han sumado al programa de alimentación regular de almuerzos calientes.

“Tenemos un televisor encendido, con informes noticiosos locales, y otro televisor con películas infantiles. Logramos armar una mesa de artes manuales para niños”, explicó Mennell. “También tuvimos una fiesta de Halloween, de manera espontánea, la noche de Halloween”.

Asistieron entre 50 y 70 personas. Alguien que llegó para usar el acceso inalámbrico a la Internet (Wi-Fi) de la iglesia resultó ser una cuentacuentos profesional y ayudó a entretener a los invitados del Halloween.

“La gente estaba tan agradecida, se sentía tan feliz. Sencillamente una forma maravillosa de ver a la iglesia viva y activa”, dijo Mennell. Uno de los valores de la iglesia, resaltó él, son sus instalaciones. “Si no podemos usarlas para invitar a que la gente entre, estamos cometiendo un error”.

Una sarta de mensajes a la lista diocesana de correos electrónicos provenientes de otras iglesias de la diócesis de Newark daba fe de su disponibilidad para ofrecer cultos, alimento, calefacción o recarga —electrónica o espiritualmente. En Madison, la iglesia episcopal de la Gracia [Grace Episcopal Church] anunció que tenía “energía eléctrica y suficientes cantores” para una interpretación del Réquiem  de [Gabriel] Fauré el 3 de noviembre, con la participación de los coros de adultos y de escolares de la iglesia, [acompañados] de harpa, órgano y violín. Una donación voluntaria, luego de sacados los gastos, se destinó al [fondo especial] de Ayuda y Desarrollo Episcopales para el huracán Sandy.

La Rda. Diane Rhodes, sacerdote a cargo de la iglesia episcopal de San Andrés [St Andrew’s], en Harrington Park, informó en Facebook que la iglesia estaba recogiendo juguetes nuevos o usados en buen estado y ropa para los niños afectados por el huracán Sandy en un empeño dirigido por uno de los adolescentes de la parroquia.

En la diócesis de Nueva Jersey, la iglesia de Cristo [Christ Church] en New Brunswick, sacó una edición [especial] sobre el huracán Sandy en su boletín electrónico del 1 de noviembre, en que les pide a los miembros que oren “por todos los que han perdido sus vidas, han sufrido lesiones, han perdido propiedades, y por todos los que ayudan en la tarea de limpiar los escombros”. La oficina parroquial permanecía cerrada pendiente de que  restablecieran la electricidad. Pero los oficios del domingo, informó la iglesia, “tendrán lugar, independientemente de la situación de la electricidad”.

Una lista completa de los estragos ocurridos en las propiedades de la Diócesis de Nueva Jersey se encuentra aquí.

Del otro lado del río [Hudson], en la Diócesis de Nueva York, el Rdo. Stephen Harding, coordinador diocesano de respuestas a desastres (sharding@mindspring.com), informaba que el obispo Andrew Dietsche había pedido a todas las parroquias episcopales que llevaran a cabo una campaña para hacer acopio de alimentos ese día, y que las donaciones del Bronx y Manhattan se enviarían a Staten Island y las del Hudson Medio a la 2ª. Región. Había formularios electrónicos para comunicar las necesidades relacionadas con Sandy e inscribirse de voluntario.

La iglesia de San Marcos [St. Mark’s] en el Bowery dedicó dos días a organizar voluntarios para hacer entrega de “alimentos listos para comer y no susceptibles de descomponerse a residentes de las torres de apartamentos junto al Río del Este que aún están sin electricidad”, dijo el guardián menor Roger Jack Walters en un correo electrónico. El día siguiente, 3 de noviembre, también ofrecieron hamburguesas, perros calientes, sopa, café y avena a cualquiera que necesitara una comida caliente.

“La energía eléctrica se restableció en la mayor parte del East Village  por la tarde [del viernes], desde que se interrumpiera en la noche del lunes”, dijo él. “Muchos miembros de la congregación y la iglesia se contaron entre los afectados. La iglesia no se inundó, pero varios árboles del patio resultaron dañados por los fuertes vientos, incluida la pérdida de uno que tenía 100 años”.

La iglesia planeó un acto de “regreso al hogar con gratitud” para la congregación el domingo, dijo Walters, quien añadió su agradecimiento a las iglesias de El Calvario [Calvary], San Jorge [St. George’s], la Epifanía [Epiphany], la Santa Trinidad [Holy Trinity], San Mateo y San Timoteo [St. Matthew and St. Timothy] y La Trinidad de Wall Street [Trinity Wall Street] por proporcionar personas y suministros.

San Marcos continuará aceptando y distribuyendo donaciones hasta el viernes 9 de noviembre.

El 3 de noviembre, Elisabeth Jacobs, miembro de la iglesia episcopal de la Encarnación [Episcopal Church of the Incarnation] en Harlem, viajó en autobús hasta San Marcos —un viaje que le tomó 40 minutos adicionales debido a lo limitado que aún estaba el transporte— con donativos y para ayudar con la distribución.

“El Rdo. Matt Heyd de la iglesia de La Trinidad en Wall Street llegó con el rabino Darrin Levin, Brian Parsons y Wesley Chen (todos ellos asociados interreligiosos que participan del programa brown-bag lunch) y un todoterreno lleno de alimentos empacados y listos para ser distribuidos”, informó ella vía e-mail. “Yo fui con otros cuatro hasta un edificio de inquilinato en el Este de la calle 21”.

En lo concerniente a su fe, ella afirmó, “me sentí conectada con algo que no había sentido nunca antes: llevando esos alimentos hasta allí, dándoselos a personas que han estado en sus apartamentos sin comida fresca durante una semana, incapacitados, temerosos, dudosos de si debían abrir sus puertas y, cuando lo hicieron, siempre tan agradecidos de vernos.

“Encontré a una mujer que no dijo nada, sencillamente se quedó mirándonos… De repente cayó en cuenta. Ella temía pedir ayuda. Yo le entregué una bolsa, y luego me preguntó con lágrimas en los ojos si podía conseguir algún alimento para sus dos hijos que estaban en la planta alta con su esposo. Resultó gratificante poder responder a su inmediata necesidad”.

En la Diócesis de Long Island, el rector Michael Sniffen informó vía e-mail que la iglesia episcopal de San Lucas y San Mateo [St. Luke and St. Matthew] en Brooklyn “serviría como centro principal de adiestramiento y de recepción y distribución de donaciones para una red de organizaciones de masas, entre las que se cuentan 350.org Storm Hackers (un grupo que ayuda a las familias con reclamaciones de seguros y formularios gubernamentales) [y] Occupy Sandy).

“Los voluntarios estarán almacenando suministros de emergencia en el fondo de la iglesia, de manera que puedan descargarse y cargarse fácilmente en los camiones. Los voluntarios, que se dirigen hacia las áreas más castigadas [por el huracán] para ayudar a asegurar edificios y entregar suministros, serán entrenados en el salón parroquial de los bajos. Esto continuará hasta el 7 de noviembre, momento en el cual reevaluaremos las necesidades de los grupos que participan en la actual campaña de recuperación en general”.

Las oficinas de la Diócesis de Long Island se espera que permanezcan sin fluido eléctrico hasta el 7 de noviembre, y la diócesis se ha estado comunicando a través de su página de Facebook. (https://www.facebook.com/EpiscopalDioLI/).

En la iglesia episcopal de Santa Marta [St. Martha’s] (https://stmarthasbethany.com/), en Bethany Beach, Delaware, la rectora Mary Allen estaba dando gracias de que la tormenta respetó la parroquia.

“Estamos a cuadra y media de la playa, pero debido a la manera en que están las dunas, y debido a la manera en que azotó la tormenta, no tuvimos ninguna inundación”, dijo. “Tuve que conducir a través del agua para llegar aquí… para cerciorarme de que todo estaba bien. En verdad nos pusimos dichosos, realmente afortunados. Si hubiera azotado un poco más al sur, nos hubiera pillado”.

Ella puso el volante de Ayuda y Desarrollo Episcopales en el boletín dominical de manera que los feligreses pudieran hacer donaciones a la campaña para ayudar [a las víctimas] del huracán. “Yo misma doné inmediatamente, y voy a promoverla el domingo”, apuntó.

Mientras las iglesias episcopales a través de varios estados se esfuerzan por ayudar a sus comunidades a reagruparse y reconstruir, se anuncia que una nueva tormenta puede azotar a mediados de semana.

La Diócesis de Nueva York informó de un parte meteorológico transmitido por Katie Mears, directora del programa de preparación para desastres en EE.UU. de Ayuda y Desarrollo Episcopales, en el que advertía que “se esperaba un [frente] nordeste de miércoles a jueves. Esperemos que los albergues climatizados del gobierno aparecerán en la Internet; pero, especialmente en áreas sin electricidad, podría valer la pena prepararse ahora para albergar a la gente o de otro modo ayudar a los que se han mantenido en sus casas sin electricidad”.

No obstante, cualquier falta de electricidad, aunque cree dificultades y agudice las necesidades, no prevendrá que las iglesias lleven a cabo su servicio comunitario.

Todd Strickland, de Boulder, Colorado, vino al [hotel] Hanover Marriott, en Nueva Jersey para una conferencia sobre esquí y snowboard tres días antes de que azotara el huracán. El Marriott suministró la comida para la cena del 3 de noviembre en la iglesia de San Pedro en Morristown, y Strickland y Cory Needham, de Santa Rosa, California, indagaron sobre las oportunidades de servir de voluntarios y pasaron la tarde ayudando en la iglesia.

Con electricidad o sin ella, comentó Strickland, “Aquí siempre hay energía”.

— Sharon Sheridan es corresponsal de ENS.

Traducido por Vicente Echerri.

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